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En la cima | Mar, 11/02/2010 - 11:32

El amigo de los diamantes

Por: Elespectador.com

Johan Dippenaar, director de Petra Diamonds, es un personaje influyente en el mercado mundial de diamantes. Si es cierto que los diamantes son los mejores amigos de las mujeres, es hora de conocer al mejor amigo de los diamantes.

El 24 de septiembre de 2009 fue especial para Petra Diamonds, en particular para su oficina de Johannesburgo. Ese día llegó la noticia de que a pocos kilómetros de allí, en la mina Cullinan, se había encontrado un diamante único. Durante semanas, expertos de la compañía con sede principal en la isla británica de Jersey hicieron fila para analizarlo y establecer sus características. Los resultados fueron excepcionales: 507,55 quilates, 100 gramos de peso, cero fisuras. En una palabra, perfecto. Meses después, en febrero de 2010, la roca se vendió en 35,3 millones de dólares, la cifra más alta jamás pagada por un diamante blanco en bruto.

La imagen oficial del hallazgo fue la foto de un hombre de poco más de cincuenta años, con bigote, poco pelo, cara redonda y feliz, enfundado en una camisa tan azul como el cielo de fondo. En su mano derecha sostenía orgulloso el diamante, bautizado como Cullinan Heritage por haber sido descubierto el día que se celebra en Sudáfrica la diversidad cultural del país, llamado "Heritage Day".

Johan Dippenaar, el hombre de la foto que ganó el derecho a ser la cara del suceso gracias a sus 20 años de experiencia en el negocio y a su cargo como director general de la empresa que lo descubrió, se encontraba en casa ese 24 de septiembre cuando sonó el teléfono y el identificador de llamadas reveló que se trataba de un empleado de la compañía que hipotéticamente se encontraba de vacaciones con su familia. Intuyendo que la razón de la llamada era algo excepcional, decidió sentarse antes de contestar en caso de que fueran muy buenas noticias, o muy malas. En este caso el mensajero era portador del primer tipo de noticias.

Dippenaar ocupaba en 2005 el cargo de director de Crown Diamonds cuando la compañía se unió con Petra, que por ese entonces operaba en Sierra Leona y Angola. La fusión entre las compañías significó que Petra se convirtiera en el líder productor de diamantes brutos del mundo y en el segundo productor de diamantes de Sudáfrica detrás de De Beers, que maneja el 40% del mercado mundial de diamantes.

El brillo de Cullinan

Una de las jugadas claves de la nueva Petra fue comprarle a De Beers -un gigante de 20.000 empleados y 8.000 millones de dólares de ingresos anuales- Cullinan, la mina de diamantes más importante del mundo. Descubierta a finales del siglo XIX y en operación desde 1902, Cullinan es famosa por haber parido el diamante más grande de la historia, conocido como la Estrella del Sur. La fabulosa roca fue descubierta en 1905, pesaba 3.106,75 quilates (621,35 gramos) y fue entregada como regalo de cumpleaños a Eduardo VII, rey de Inglaterra, por sir Thomas Cullinan, dueño de la mina en ese entonces. Del diamante Cullinan salieron 150 piezas entre las que se encuentran la Gran Estrella de África, de 530 quilates, y la Estrella Menor del África, de 317 quilates, pertenecientes ambas a la Corona Británica.

Ubicada a unos cuarenta kilómetros de Pretoria, la capital de Sudáfrica, la mina es también conocida por ser la única que produce los codiciados diamantes azules, tan escasos que uno de ellos de apenas siete quilates fue vendido recientemente en Suiza por diez millones de dólares. Cullinan fue vendida por De Beers a Petra en 2007 por 148 millones de dólares y tras más de un siglo de operaciones ininterrumpidas se creía que los días de vida útil del lugar estaban contados y que en dos años quedaría literalmente seco. Liderada por Dippenaar, Petra extrae de la mina alrededor de un millón de quilates en diamantes cada año y tiene ya trazado un plan para subir esa producción a 2,6 millones durante los próximos diez años.

Del fondo de Cullinan se extraen diamantes que se encuentran a 800 metros de profundidad, una distancia similar a la de donde se encontró en septiembre del año pasado el Cullinan Heritage. Cinco meses después, en febrero de 2010, la piedra preciosa fue vendida en 35,3 millones de dólares a Chow Tai Food Jewelry, una joyería privada con sede en Hong Kong que se reservó el derecho a anunciar qué pensaba hacer con ella.

Dos días antes de la inauguración del Mundial de Fútbol, Johan Dippenaar corría de un lado a otro en la oficina que Petra tiene en Johannesburgo, un discreto edificio de tres pisos y baños perfumados, en el distrito de Bryanston. Mientras el mundo entero ponía los ojos en Sudáfrica, Dippenaar tenía pocas horas para dejar todo en orden y poder irse de vacaciones con su familia. Sus ancestros llegaron a África en 1708 procedentes de Prusia y su apellido original era Depner. Johan fue boxeador en su juventud y admiraba al panameño Roberto ‘Mano de Piedra' Durán sobre todas las cosas.

El té de arbusto rojo, una planta que solo se da en Sudáfrica, es su bebida preferida. La bebe todo el día y se la ofrece a todo aquel que lo visita. Le gusta tomársela hirviendo en un juego de té inmaculadamente blanco. Ligeramente dulce y sin cafeína, la bebida de arbusto sirve para curar alergias, fortalecer dientes y huesos y combate la hipertensión. Dippenaar atribuye a las propiedades de la bebida gran parte de su buena salud.

Petra cuenta con cinco minas en Sudáfrica, una en Tanzania, otra en Botsuana y oficinas en Londres, Amberes y Johannesburgo, todas coordinadas desde la pequeña Isla Jersey, una dependencia de la Corona Británica enclavada en el Canal de la Mancha, cerca a la costa francesa de Normandía, que cuenta con apenas 90.000 habitantes, un dialecto llamado jèrriais que es hablado y entendido por menos de 10.000 personas, y un paraíso fiscal que le permite tener un ingreso per cápita más alto que varias de las economías más desarrolladas del planeta.

Terminado el Mundial, Dippenaar regresó a su país para seguir al frente de Petra. Lo suyo nunca ha sido el fútbol, y además de ser un boxeador frustrado, le gusta jugar squash en sus ratos libres. Su lugar natural por el cargo que ocupa debería ser una oficina, pero él prefiere visitar las minas cada vez que puede. Asegura que es difícil moverse a cientos de metros bajo tierra, con poco aire, luz y espacio, pero sabe también que de su mano Petra puede crecer hasta dimensiones insospechadas años atrás. Dippenaar no baja a los yacimientos solo por curiosidad o sentido de responsabilidad; si de él dependiera, sacaría uno a uno los diamantes que esconden en sus entrañas las minas africanas.

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