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Vivir | Sab, 05/26/2012 - 21:00

Madres invisibles

Por: Ana Cristina Restrepo J. * Especial para El Espectador

Radiografía del embarazo adolescente en Medellín, donde impera un discurso conservador del papel femenino en la sociedad.

“En mi salón yo era la única en embarazo. Pero en el colegio había como otras 13 en las mismas, y todas menores de 18. ¡Uf!, a que sí”, recuerda Jenny*, de 17 años, madre de un niño de año y medio, residente en la Comuna 6 de Medellín.

Jenny me recibe descalza, con unos shorts desflecados y una franela blanca. Nos sentamos sobre su cama, en una pequeña alcoba con un penetrante olor a sudor, que aumenta con la temperatura de la tarde. La ventana que da hacia la calle está cubierta con una cobija gruesa.

Desde que quedó en embarazo y sus abuelos la expulsaron de la casa, ella vive con su novio y los padres de él. Sólo sale entre 6:30 y 8:30 p.m. para validar el bachillerato; el resto del día lo pasa encerrada, cuidando a su hijo, porque así lo quiere su compañero… el mismo que le dijo que “usar métodos anticonceptivos es de vagabundas” y le prometió cuidarse para no “embalarla”. El que de lunes a viernes trabaja para cumplir con sus obligaciones económicas, y el fin de semana sale sin ella.

“Iba a ir a un lugar en el que por $70.000 le sacaban a uno el bebé como una babita —recuerda Jenny—. Pero no teníamos la plata y me dio miedo hacerlo”.

El Día Internacional de Acción por la Salud de la Mujer, que se celebra mañana, es una razón para observar de cerca la maternidad adolescente en Medellín, ciudad que refleja el discurso conservador frente al papel de la mujer.

Si bien las estadísticas señalan una leve disminución del embarazo adolescente, continúa siendo un problema social considerable y un riesgo económico que guarda relación directa con el crecimiento de un país por su vínculo con la deserción escolar, la reproducción del ciclo de la pobreza y el ingreso al mercado laboral en condiciones desfavorables.

Pese a que en nuestro medio la sexualidad suele ser trivializada y satanizada, la Organización Mundial de la Salud la consagra como un derecho. Desde la Cumbre del Milenio en la Asamblea General de las Naciones Unidas se trazó una meta para Colombia: detener el crecimiento del porcentaje de adolescentes que han sido madres o están en embarazo, manteniendo esta cifra por debajo de 15%.

Estas son historias invisibles que tienen algo en común: la maternidad no fue producto de la libre elección.

Destino único: ser mamá

El 9 de abril de 2008, cuando cursaba el grado 11 en la Institución Educativa Barrio Santander, Cindy Escudero se dio cuenta de que esperaba un bebé.

Después de graduarse con honores, ingresó al Sena: “Me levantaba a las 5 a.m. para estudiar. En esos días, Esteban* tenía el sueño cambiado, lloraba hasta la madrugada y dormía en la tarde. Yo llegaba a las 10 p.m. a alimentarlo. Con el desgaste físico, llegué a pesar 30 kilos”.

Por falta de plata abandonó sus estudios, y comenzó a administrar una tienda en San Antonio de Prado, al otro lado del Valle de Aburrá. El domingo, único día que podría dedicar a ser mamá, estudia enfermería.

Es por eso que depende de su suegra para el cuidado del niño (la madre de Cindy falleció): “Mi hijo es lo mejor que me ha pasado, pero si hubiera tenido la precaución de planificar, mi vida sería muy diferente”.

Lorena Muñetón, vecina de Cindy, estudiaba en el barrio Castilla cuando quedó en embarazo. Tenía 15 años.

En el colegio y en la cuadra había aprendido algo acerca de la planificación, pero nunca se preocupó. Su desespero fue tal que llegó a considerar “métodos caseros” de aborto, como hierbas y brebajes.

Desde que se graduó “por ventanilla”, se ha dedicado a trabajar, mientras su hijo de tres años permanece en un hogar comunitario del ICBF o con su madre y su abuela, con quienes reside.

“A mí me gustaba farriar —sonríe con nostalgia—. Yo fui la primera de las cuatro (se refiere a un grupo de primas) que resultó en embarazo; a los seis meses quedó otra; a los dos años, otra. Solamente falta una del parche”.

A pesar de que no vive con el padre de su hijo ni recibe de él ayuda económica, jamás ha considerado una demanda por alimentos.

Como Lorena, otras jóvenes no interponen esa acción legal por dos razones principales: el temor a las retaliaciones violentas del padre y la obligación de cederle tiempo con el hijo (en especial, cuando hay drogadicción o delincuencia paterna de por medio).

¿Adultos responsables?

Son las 11:50 a.m. En 15 minutos, Isabel Mira, jefa del área de Tecnología de la Institución Educativa Juvenil Nuevo Futuro, dará inicio a su primera clase de educación sexual. Está confundida: ¿cómo abordará el tema?

Norman Salazar, profesor de ese plantel, dice que la educación sexual no es asignatura de un área específica y “todos los profesores le sacan el cuerpo”, así como los padres de familia les delegan esa tarea a los docentes (que suelen ser los primeros en saber de los embarazos).

Salazar no sólo critica severamente el papel de los medios masivos frente a la sexualidad, sino que reconoce la falta de capacitación de los educadores.

El rector de la Institución Educativa Barrio Santander, Ómar Cuesta, afirma que el embarazo adolescente “no es relevante” en su colegio; según él, “ha disminuido en un 95%”.

Dentro de las distintas líneas de acción para contrarrestar el embarazo adolescente hay dos básicas: detener su incidencia (preventiva) y apoyar a las madres (paliativa).

Alba Rosa Manco, bisabuela de canas escasas, pertenece al segundo grupo. Es representante de la Corporación Mujeres Unidas y actualmente gestiona ante la Secretaría de las Mujeres el proyecto de un hogar de paso, para el cuidado de los bebés de madres adolescentes y otro de prevención de Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) (es aquí donde resulta controvertible el concepto de “estabilidad de la pareja”: mujeres con un solo compañero sexual y son contagiadas pues sus maridos les prohíben usar protección).

Esta herencia cultural es un círculo vicioso: abuelas y bisabuelas cuidadoras, y maternidad prematura, entronizada como destino único.

El padre Luis Javier Villegas, de la parroquia Santa María del Carmen (barrio Doce de Octubre), considera que la planificación familiar obedece a un plan global para disminución de la población: “Hay un mal manejo de la libertad (…) uno ve que a los adolescentes se les dice ‘usted tiene derecho a su cuerpo, a su sexualidad, y puede hacer con él lo que quiera y cuando quiera’; y se les facilita, dándoles anticonceptivos”.

Y continúa: “Aquí les presentamos valores alternativos: la sexualidad como medio de comunicación y no para satisfacer egoísmos compartidos (donde cada quien piensa únicamente en su propio disfrute y bienestar), sino para expresar una comunión de vida, de entrega”.

Ante la pregunta ¿No es evidente que el mensaje no está llegando?, la secretaria de las Mujeres de Medellín, Sonia Vásquez, sostiene: “Las creencias religiosas de una mujer tendrán que incidir frente a sus decisiones […] Otro aspecto importante es la concepción errónea de que se puede amarrar a un hombre con un hijo. Eso se ve mucho en las comunas (estratos bajos), donde da estatus tener el hijo del jefe de una banda”.

La punta del ‘iceberg’

La psiquiatra Lucrecia Ramírez, gestora de la Red de Prevención del Embarazo Adolescente en Medellín durante la alcaldía de Sergio Fajardo, explica: “Es un iceberg. La punta, arriba, es el embarazo adolescente: si uno empieza a profundizar, sobre todo en los estratos menos favorecidos, encuentra unas jóvenes con muy pocas oportunidades, hijas de familias donde por lo general hay otras madres adolescentes y donde la maternidad es el único proyecto de vida”.

En cambio, en sectores privilegiados el fenómeno es diferente: “En los estratos altos no se conoce el problema, porque estas jóvenes tienen opciones: no tienen el hijo o lo dan en adopción”.

Para la doctora Ramírez, en el nivel más profundo están los adultos (a quienes considera responsables directos), pues de ellos provienen las oportunidades y la calidad de la información dada a las jóvenes.

Entre los proyectos que la doctora Ramírez intentó sacar adelante para prevenir y afrontar el embarazo adolescente estaba la Clínica de las Mujeres. Diseño, programas y presupuesto aprobados se fueron por la borda cuando (en la administración de Alonso Salazar) la presión conservadora, encabezada por la procuradora delegada, Ilva Myriam Hoyos, detuvo su ejecución. El desacuerdo con la práctica del aborto, en los casos permitidos por la Corte Constitucional, fue la punta de lanza en esta lid.

“A la extrema derecha no le interesa que las mujeres se desarrollen. Le conviene que sigan siendo caseritas, castas, domésticas, pasivas”, dice la psiquiatra.

La libre sexualidad es un derecho humano y, como el derecho al voto, tiene que ver con la posibilidad de decidir. Muchas colombianas, invisibles ante los medios, comparten una lucha, signada por un profundo sentimiento de soledad. Figuras como las de la activista Mónica Roa y Lucrecia Ramírez, entre otras, le dan voz a una necesidad social: la autodeterminación reproductiva. Ser madre por elección.

Jenny no se siente estable. No cree que su futuro esté al lado del padre de su hijo. No sabe qué hacer con su vida: “Ya no soy niña: ¡Soy mamá!”.

Baja la mirada y se tapa los ojos con las manos. Nuestra conversación ha culminado. Ella no es capaz de seguir hablando. Y yo me he quedado sin palabras.

Los datos del embarazo adolescente

Cada cinco años Profamilia realiza la Encuesta Nacional de Demografía y Salud (ENDS). Estos son algunos datos de la más reciente, publicada en 2010:

El porcentaje de mujeres entre los 15 y los 19 años que están o han estado embarazadas se redujo un punto (de 20,5% en 2005 a 19,5% en 2010), según la Encuesta Nacional de Demografía y Salud (ENDS) 2010.

En 15 años, el número de hogares bajo la responsabilidad de las mujeres aumentó 10%: de 24% en 1995 pasó a 34% en 2010.

El 48% de los embarazos y nacimientos ocurridos entre 2005 y 2010 fueron deseados. Un 30% de las mujeres dijo que quería ese embarazo (aunque llegara a ser así más adelante) y el resto aseguró que no lo deseaba.

El 48% de las encuestadas no sabía que las EPS tienen la obligación de proporcionar métodos anticonceptivos en forma gratuita.

Crecen embarazos en adolescentes en Latinoamérica

Casi una cuarta parte de las jóvenes de 15 a 24 años en América Latina ya fueron madres antes de los 20 años, según una reciente publicación de la Comisión Económica para América Latina (Cepal) y la Organización Iberoamericana de la Juventud (OIJ), en la que se alerta que el problema va en aumento.

Los países de Centroamérica presentan las cifras más altas. Sólo los países africanos superan a Latinoamérica en las dimensiones de esta problemática.

En la cabeza de la lista de las naciones más afectadas está Nicaragua, donde el 27% de las adolescentes entre los 15 y 19 años han pasado por la maternidad. En Colombia esa cifra es de 19,5% (según la última Encuesta de Prevalencia, Demografía y Salud, publicada en 2010).

La Cepal hizo además un diagnóstico de las falencias en cada país: Venezuela se raja en educación sexual, en Nicaragua la mayor preocupación es la violencia sexual contra las jóvenes y en Colombia, la mortalidad de mujeres gestantes menores de 15 años.

*Periodista y Especialista en Periodismo Urbano de la Universidad Pontificia Bolivariana y Magíster en Estudios Humanísticos de EAFIT

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