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Vivir | Mie, 06/13/2012 - 20:45

Japón no ha vendido el 75% de la carne de ballena cazada

Por: Redacción Vivir

Temiendo represalias de los defensores de animales, mayoristas y minoristas se rehúsan a comprarlas.

En diciembre del año pasado la caza de ballenas en Japón fue el motivo de protestas para un gran número de ciudadanos y ambientalistas tras conocerse que el gobierno había decidido destinar US$30 millones, del presupuesto de la reconstrucción después del terremoto y tsunami que destrozaron buena parte de la costa noreste de Japón, a la financiación de esta práctica, los cuales se sumaron a los US$10 millones que ya recibía en subsidios gubernamentales.

La indignación tuvo efecto. Éste miércoles el Instituto de Investigación de los Cetáceos del Japón, entidad semipública que organiza la caza de la ballenas en ese país, reconoció que la movilización social llevó a que se redujera considerablemente el consumo de carne de ballena en el país asiático. Los refrigeradores de las subastas guardan represadas unas 1.200 toneladas de carne de ballena capturada en esa temporada que no ha podido ser vendida.

El negocio fue un fracaso. Mayoristas y comerciantes japoneses han evitado la carne de estos cetáceos por temor a las eventuales represalias de los defensores de estas especies que consideran amenazadas. "Tenemos que pensar en nuevas formas de comercializar esta carne de ballena", dijo un responsable del Instituto.

Los balleneros japoneses, que realizan campañas anuales en la Antártida, han sido confrontados en distintas oportunidades por las asociaciones de defensa del medio ambiente como Sea Shepherd, con sede en Estados Unidos, que desde sus propios buques tratan de impedir el trabajo de los balleneros, obligándoles a menudo a regresar a puerto con los arcones vacíos.

Aunque la pesca comercial de estos animales está prohibida desde 1986, Japón puede realizar su caza de ballenas legalmente gracias a una cláusula de la Comisión Ballenera Internacional que dice que un número limitado de estos animales puede ser cazado para “fines científicos”. Sin embargo, también está permitido que la carne de los cetáceos capturados sea vendida a plazas de mercado y restaurantes lo que, en la práctica, es un eufemismo para permitir la pesca comercial. Japón es el mayor cazador de ballenas del mundo, con una meta aceptada por la Comisión de unos 1.400 ejemplares este año.

La semana pasada, desde la convención anual de la Comisión Ballenera Internacional (CBI) en Panamá, los representantes de las organizaciones protectoras de animales de América Latina reafirmaron la importancia de convencer a Japón de que "una ballena viva vale más que una muerta" e impulsar la conservación de esta especie. Los ambientalistas argumentaron que la comercialización de carne y grasa de esos cetáceos genera "menos de 100 millones de dólares anuales" a los principales cazadores (Japón, Noruega e Islandia), mientras que la actividad del avistamiento movió 2.100 millones de dólares en 2008. La lucha de los ambientalistas continúa.
 

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