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Opinión | Dom, 07/01/2012 - 21:00

Italia

Por: Antonio Casale | Elespectador.com

Mi padre, italiano, no era futbolero, pero lo recuerdo como si fuera hoy, frente al televisor, emocionado, viendo a Italia coronarse campeón del mundo en España 82.

Momento sublime en el que me enamoré del fútbol, y tal vez, fue el único instante en el que mi padre sintió algo por la pelota. Más allá de la sangre que corre por mis venas, mitad colombiana, mitad italiana, la squadra me enseñó que sí se pueden obtener grandes logros, pero que para ganar hay que sufrir. Cuando el himno de Italia, pareciera hecho para la ocasión, suena previo a un partido, realmente está sonando un canto a la batalla que está por librarse. Ya saben los jugadores que nada será fácil y las notas del himno sirven como motivación para entregarlo todo, sin dejar juguetes en el ático.

Italia, hasta hace poco, era sinónimo de combatividad, pasión en todo el sentido de la palabra. Nunca una selección italiana fue recordada por su buen juego, mas sí por su orden defensivo, espíritu de lucha y convicción ganadora. Para ganarle había que matarla tres veces. Aprendí que lo importante es ganar, gracias a esa inolvidable selección campeona de España 82 a la que no le sobraba nada, era puro corazón. Paolo Rossi, Tardelli, Cabrini, Zoff, Antognoni y otros tantos héroes me enseñaron para siempre, mucho antes de enamorarme de Millonarios, que los sueños se pueden cumplir.

Después, vinieron otras tantas selecciones igualmente combativas, fuertes y apasionadas. No ganaron pero siempre lo dejaron todo. El equipo de Italia 90 que a trompicones llegó a semifinales con los goles de Schillaci y la fortaleza de jugadores que apenas parecían como Maldini, el eterno capitán. El subcampeón de USA 94 con las lágrimas de Baggio tras errar el penal definitivo, demostró que se puede perder, pero sin guardarse nada.

Hasta que llegó, de la mano de la misma fórmula, el título en Alemania 2006. Puro corazón, concentración, entrega y practicidad. En el camino quedaron los escándalos por apuestas, los jugadores sabían que la única manera de evadir la cárcel era obteniendo el título, y lo lograron. Buffon, Cannavaro, Gattuso, Del Piero, y otros tantos, dejaron en semifinales a la local Alemania para ganar el título. Otro Mundial, pero el mundo nada que se enamoraba. Pero esta Italia, la de la Eurocopa 2012, es el mejor equipo que he visto. Al momento de escribir esta columna no se había llevado a cabo la final. El resultado, por primera vez en mi vida, es puramente anecdótico. Esta Italia respetó sus principios defensivos, combativos y tácticos, pero le imprimió talento ofensivo. Italia evolucionó a partir del mismo sentimiento. Andrea Pirlo es el mejor exponente del nuevo orden. Junto a él, Cassano, Diamanti, Balotelli y demás, habitarán el VIP del penthouse del olimpo italiano porque además de ser ganadores, enamoraron al planeta. Hoy mi papá, estoy seguro, estaría más feliz que el 11 de julio de 1982, gracias al fútbol. Gracias a Italia. 

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