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Bogotá | Jue, 11/08/2012 - 18:07

El ejército de recicladores de Petro

Por: Juan Camilo Maldonado T.

Más de mil recuperadores se reunieron en la Plaza de Bolívar.

Entre la masa de gente, con pitos en el cuello, baldes y palos en las manos, apretados, cientos de ellos alrededor de la tarima, uno que otro caballo bufaba cansado y golpeaba sus cascos contra las losas de la Plaza de Bolívar.

Al menos mil recicladores se agolparon desde la madrugada de este jueves a esperar a que saliera el alcalde. Estaban bravos. Pitaban de lo bravos. Porque a los carreteros no les han remplazado la carreta. Porque los bodegueros aún hoy son ilegales. Porque los recicladores a los recicladores de a pie y a los agremiados, el alcalde nada que les dice qué va hacer ni cómo, para que ellos puedan trabajar dignamente. Y así lo dijo uno de ellos, en la tarima, frente al alcalde, cuando al medio día Gustavo Petro apareció para escucharlos: “Alcalde, en campaña lo apoyamos. Y cuando eso le dijimos: cuando esté allá, no nos joda”.

Y uno a uno, durante más de una hora, varios miembros de las más de 150 pequeñas organizaciones (que son reunidas, a su vez, por grandes asociaciones y que comprenden un 30% de los 14.000 recicladores que se estima tiene la capital), fueron desfilando al frente del alcalde, bajo el sol del mediodía, en un espectáculo que muchos acá no habían visto nunca.

“Ni cuando Mockus era alcalde vi yo que un político saliera a la plaza a darle la cara al pueblo”. Así lo resumió un vendedor ambulante de esos que tienen esquina propia en la Plaza de Bolívar.

Y no la tenía fácil el alcalde. Si alguien debía haber apoyado su decisión de que el acueducto gerencie (aún no se sabe en qué condiciones) la gestión de la basura en Bogotá, eran los recicladores. Y sin embargo, el gremio se sumó a las voces críticas de la iniciativa hace algunas semanas. De hecho, sólo hace unos días, Nora Padilla, la más importante líder del gremio, le dijo a este diario que le parecía una locura que el alcalde Petro pretendiera que ellos –ellos que llevan décadas recogiendo y vendiendo residuos reciclables- manejaran ahora la totalidad de la operación de la basura.

Pero justamente eso llegó a sugerir el jueves el alcalde, al frente de un conjunto inmensamente diverso de actores, en conflicto entre sí: bodegueros que explotan a recicladores, recicladores agremiados y recicladores solitarios, intermediarios que explotan a los unos y a los otros, carreteros que quieren dinero, carreteros que quieren un moto-remolcador…. Y ante todos ellos, Gustavo Petro se paró como no se paraba desde que era Congresista. Y de entrada les fue diciendo:

-Vengo yo hoy a convocarlos a una batalla…
Ese, el alcalde de la política del amor, el alcalde al que no le gustan los titulares en los medios cuando estos dicen “conflicto”, “guerra” o “duelo”, acuñó como propio uno más de estos titulares: la guerra de las basuras en Bogotá ha comenzado.

Así de crítico está el asunto.

Y en cuestión de una hora, en la que detalladamente el alcalde resumió el panorama actual que viven las siete toneladas de basura que diariamente produce la ciudad y de las cuales solo una es reciclada (sin que los recuperadores reciban ninguna remuneración), los recicladores fueron cediendo. Poco a poco. Pitos, vuvuzelas, aplausos.

-¡Los conmino a luchar contra el poder del dinero con el poder de la movilización social!

Y los recicladores gritaron. Y gritaron. Y gritaron. Y en un momento dado, con un poco de imaginación, bien podría uno ponerle banda sonora al discurso. Y entonces retumbarían tambores y trompetas, cuando les dijo a pulmón herido:

-Y vamos a llenar todos, con sus familias, la Plaza de Bolívar. ¡Y nos va a quedar chiquita la Séptima, y nos van quedar chicas las plazas!
Y más gritos. Y más pitos. Y en cuestión de minutos, contadas excepciones, los recicladores parecieron acceder a enfilar su ejército contra las “cuatro hermanas”, como llama Petro a Atesa, Ciudad Limpia,Lime y Aseo Capital, los cuatro operadores privados de aseo.

Y Silvio Ruiz, esposo de Nora Padilla y colíder de la Asociación de Recicladores de Bogotá, también gritaba qué vivan los recicladores, qué viva el pacto gremial, y para finalizar, alcalde, recuerde usted los compromisos de esta jornada, recuerde:

Que se compromete a indemnizar a los carreteros recicladores y no recicladores, a los primeros con los vehículos motorizados a través de la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos, y a los segundos a través de proyectos productivos en la secretaria de Desarrollo Económico.
Que se compromete a pagarles desde el 18 de diciembre por tonelada recogida de residuos.
Que no se cierran las bodegas.
Que se identificarán a los recicladores falsos.
Que se convocará a una gran marcha recicladora. ¡Y qué vivan los recicladores!
-¿Compromiso alcalde?
Y el alcalde asintió varias veces.
 

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