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Opinión | Jue, 11/08/2012 - 23:00

El futuro es diverso

Por: Juan Carlos Botero | Elespectador.com

Las elecciones de EE.UU. significan una despedida al pasado.

El país de antes, blanco y conservador, con opiniones inclinadas a la derecha sobre temas críticos como la inmigración, los derechos homosexuales, el papel del Gobierno, la legalidad del aborto y la justicia social, sufrió una derrota diciente, y ahora la nueva tendencia es, claramente, más liberal e incluyente. O sea: las políticas intolerantes del Tea Party han quedado derrocadas en el polvo. Nos hemos asomado al futuro, y en el futuro el aborto será legalizado, las parejas homosexuales serán legítimas, las políticas de inmigración serán más sensatas, la carga tributaria será más equitativa y el Gobierno cumplirá un papel decisivo en la vida diaria de la gente, como lo ha hecho siempre. Incluso quien se oponga a esta nueva realidad, como el pato Donald Trump con su cantaleta racista sobre las notas y el lugar de nacimiento del presidente, quedará gritando solo en la estación, mientras el tren del futuro arranca dando silbatos de alegría.

El resultado final era predecible. Se sabía que la contienda sería reñida, pero también se sabía que después de todo Barack Obama iba a ganar las elecciones. Muchos lo predijeron, incluyendo este servidor desde enero, y es una buena noticia, porque Obama era la mejor opción, para el país y para el mundo, en este delicado momento histórico.

Los republicanos se equivocaron en su estrategia desde el principio. Existe una polarización política en el país, una línea divisoria que parte el electorado en dos mitades, pero también existe otra polarización, más severa e importante, y es económica. EE.UU. está dividido entre el 1% de los ricos que cada vez tienen más, y el otro 99% de la población que cada vez tiene menos. Obama siempre se dirigió a esa mayoría, mientras que Romney se dedicó a cortejar a los pocos más afortunados, prometiendo bajarles los impuestos, cuando muchos ya pagan menos que sus empleados y secretarias. Esa injusticia colosal le salió cara a Romney.

Hubo más. ¿Su plan de reforma a la salud pública? Que la gente fuera a las salas de urgencia en los hospitales. ¿Su plan de inmigración? Que los ilegales empacaran maletas y se fueran. No presentó más de dos declaraciones de renta (seguro tenía algo que esconder), ni precisó con detalles sus propuestas cardinales. Sus viajes al exterior como candidato fueron una serie de metidas de pata, y el pueblo le cobró todas esas embarradas.

EE.UU. es un país marcado por la diversidad, y lo será cada vez más. Cada año habrá mayor diversidad social, cultural, sexual, religiosa, racial y étnica. Y el político que se aferre al pasado, a los tiempos de mayoría blanca y conservadora, será aplastado por las minorías que, poco a poco, se están volviendo las nuevas mayorías.

Este es un gran desenlace, uno que ni las calumnias ni las megafortunas pudieron atajar. Ni la influencia de Wall Street, ni las tretas sucias de los hermanos Koch, ni los lunáticos del Tea Party, mostrando sus fauces de odio y diciendo que las violaciones a las mujeres son “actos de Dios”, lograron torcer la voluntad del pueblo. Es un avance de la tolerancia. Ahora sólo falta que la reducción en el racismo que permitió este triunfo, se reduzca todavía más para que Obama pueda gobernar. Lo que no pasó en su primer mandato.

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