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Opinión | Vie, 11/09/2012 - 23:00

Burbujas en el agua

Por: Javier Moreno | Elespectador.com

En su visita reciente al país, Rodolfo Llinás ofreció una serie de charlas donde hablaba de "una nueva agua" con propiedades curativas aparentemente milagrosas.

En sus declaraciones hace promesas extraordinarias pero sus explicaciones son vagas. No precisamente lo que se espera de un investigador de la talla de Llinás. De no ser por su prestigio como científico, las declaraciones serían indistinguibles de las de Amparo Grisales sobre Revertrex.

El periodista científico español Pere Estupinya criticó en su blog el tratamiento que los periodistas colombianos le dieron a la noticia. Para Estupinya, ante semejante anuncio los periodistas debieron exigir más detalles. “Afirmaciones extraordinarias requieren evidencias extraordinarias”, nos recordó. Tiene razón. Aunque la responsabilidad recae en ambos lados: los periodistas no ahondaron, pero Llinás, en aras de transmitir su trabajo a un público amplio, olvidó matizar sus afirmaciones y enmarcarlas dentro de una perspectiva científica. Quién sabe por qué lo hizo. Tal vez, se me ocurre, se dejó llevar por el entusiasmo: la ciencia detrás de sus investigaciones es sin duda fascinante.

La palabra misteriosa es nanoburbujas. Imaginen, si pueden, burbujas de aire en un medio líquido con diámetros de un mil millonésimo de centímetro. Desde 2001 se sabe que existen y son muy estables (no estallan) pero nadie entiende bien por qué. La física no cuadra pero la evidencia es contundente. A veces la ciencia es así.

Por lo pronto, la aplicación más reconocida de las nanoburbujas es la limpieza, mediante oxigenación, de lagos altamente contaminados con residuos industriales en China. Los resultados, compilados en un artículo para el número de febrero de Ecological Engineering del año pasado, son extraordinarios. Tras cuatro meses de tratamiento, la vegetación y el plancton regresaron a un lago que estaba prácticamente muerto.

Las aplicaciones médicas son más polémicas: en 2010 la compañía norteamericana Revalesio inició pruebas clínicas de un producto con supuestas propiedades anti-inflamatorias que llaman RNS60. Es una solución salina inyectada con nanoburbujas de oxígeno. La tecnología para lograrlo es sofisticada. Revalesio asegura que RNS60 podría ser efectivo para tratar el asma, la esclerosis múltiple, la enfermedad de Párkinson y el Alzhéimer. Llinás y su equipo en Nueva York exploran esta última posibilidad.

Por lo pronto, sólo hay un artículo publicado en una revista científica especializada sobre los potenciales beneficios de RNS60: un equipo en la universidad de Rush, en Chicago, reportó en The Journal of Biological Chemistry que la exposición a RNS60 contribuye a reducir la inflamación de la estructura que sostiene a las neuronas en su sitio. Dicha inflamación ha sido asociada a enfermedades neurodegenerativas. Este año, durante el congreso de la sociedad para la neurociencia en Nueva Orleans, el mismo equipo presentó en un afiche resultados preliminares positivos en experimentos con ratones modificados genéticamente para que desarrollen una condición similar al Alzhéimer. La validez de estos resultados, sin embargo, sólo podrá ser establecida una vez sean publicados y reproducidos independientemente por otros laboratorios.

En resumen: el agua oxigenada de la que habla Llinás existe, pero todavía no se cuenta con la evidencia científica suficiente para anunciar una cura del Alzhéimer o cualquier otra enfermedad. Su palabra no basta. Los experimentos y pruebas clínicas que demostrarían algo así toman años. Entender por qué funciona (si funciona) tomará mucho más. Tal vez sea una alternativa terapéutica prometedora pero por lo pronto la prudencia y la duda deberían primar. Como dijo el físico Richard Feynman, “la ciencia es la creencia en la ignorancia de los expertos”. Ojalá que Llinás pueda explicarnos pronto y con más cuidado sus resultados concretos.

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