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Opinión | Dom, 11/11/2012 - 23:00

El triunfo de la inclusión

Por: María Elvira Bonilla | Elespectador.com

El presidente Barack Obama abandonó por un momento el autocontrol emocional que lo ha acompañado durante sus años de candidato y, luego, de presidente de Estados Unidos, al dejar escapar unas lágrimas.

 Pero no fue por la emoción del triunfo ante sus entusiastas electores en Hyde Park en Chicago, su ciudad, a donde viajó el día de las elecciones presidenciales. A Obama lo conmovieron los 700 líderes comunitarios que encabezaron el trabajo de base con la gente a lo largo y ancho del país y que fue el corazón de su campaña, marcando una diferencia fundamental con su contendor republicano, Mitt Romney. Obama se identificó con ellos y con su compromiso personal.

Ellos encarnaban el signo principal de la nueva sociedad norteamericana: su diversidad étnica y la pluralidad de creencias. El presidente recién reelegido y el Partido Demócrata han sabido interpretar ese universo social de negros, latinos, asiáticos, hombres y mujeres con opciones homosexuales, jóvenes seculares que ya no ven en la iglesia la redención de sus vidas, y mujeres, muchas mujeres independientes, para quienes la familia ya no es el único pivote existencial, que le dan su nueva fisionomía humana a los Estados Unidos. Estos grupos considerados como minorías, junto con miles de emigrantes de países pobres cuyo trabajo es la base económica urbana y rural del país, se convirtieron en una fuerza social y política determinante para el triunfo demócrata el pasado 6 de noviembre.

Obama y los demócratas, en la medida en que han entendido esta nueva realidad de la sociedad, la lograron interpretar políticamente, como se reflejó en su avasallador triunfo electoral y que marcó un fortísimo contraste con la posición del derrotado Partido Republicano representado en Romney y el sector fundamentalista del Tea Party, que se aferra dogmáticamente a la visión de un país que ya no existe: WASP (blanco, anglosajón y protestante). El estereotipo de blancos rubios y ojiazules cada vez pesa menos en la sociedad norteamericana, y por eso mismo su importancia política cada día es menor.

Quienes avanzan de manera incontenible en su posicionamiento social son los latinos y los asiáticos, que además aportan culturas radicalmente distintas a la tradicional anglosajona, de base protestante y marcado sabor individualista que Máximo Weber identificó con el espíritu del capitalismo. Los primeros llegan con una cultura de cepa católica y latina y los segundos, confuciana, pero para ambos el Estado y las estructuras sociales, especialmente las comunitarias y familiares, juegan un importante papel. Este componente cultural los ha ido alejando del pensamiento republicano para acercarlos a las propuestas demócratas representadas en Barack Obama.

Unas elecciones en las que además el llamado neoliberalismo sufrió un duro golpe y se abrió la posibilidad de encontrar un equilibrio entre el papel del Estado con sus políticas públicas y las iniciativas individuales. Es un cambio evidente el que se está viviendo, donde ganó el derecho a la inclusión de los grupos sociales supuestamente minoritarios, y puede ser importante para Colombia, donde siempre hemos vivido en la penúltima moda norteamericana.

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