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Opinión | Lun, 11/19/2012 - 21:13

El arranque

Por: Iván Mejía Álvarez | Elespectador.com

En la primera etapa Millonarios pegó demasiado y jugó muy poco. Antes de los dos minutos ya su volante de marca tenía tarjeta amarilla y jugaría condicionado el resto del partido.

Cuando los azules se dedicaron a pensar más en la pelota y menos en el adversario, durante la segunda etapa, ya el partido estaba prácticamente definido porque Júnior tenía un gol y un hombre más en la cancha, lo cual no es poco en un terreno tan amplio, con una temperatura abrasadora y con un rival que sin llegar a lucir a tope sabe perfectamente que tiene un arsenal de ataque que en cualquier momento fabrica una situación de gol.

Pero Júnior es contradictorio, tan eficaz cuando quiere poner la pelota al piso y sumarse al toque y la inteligencia de los Hernández, como precario a la hora de defenderse. Con un hombre menos en la cancha, Millos le quitó el balón, le manejó los ritmos, lo llegó a meter cerca a Viera y una vez más quedó claro que una cosa es el equipo barranquillero del medio hacia atrás y otra del medio hacia arriba.

A Millos le gusta la pelota, la quiere y busca asociarse, legado que viene desde la época de Páez. Pero, muchas veces por el afán de sentirse protagonista del toque, los azules olvidan elaborar por los costados, centralizan demasiado el juego y terminan convirtiendo la posesión en futbolito lateral e intrascendente. Si el toque no viene precedido de descargas a espacios vacíos, de llegadas contundentes, de remates al área, termina siendo una posesión estéril e intrascendente.

Mientras Millos se regodea con la pelota, Nacional, cuando juega de visitante, no la quiere, la desestima, se arropa bien en defensa y sale mediante los pelotazos largos y cruzados que terminan haciendo daño en los rivales. Lo sintió Equidad y lo han vivido la mayoría de sus adversarios en los últimos meses. De allí que el cuadro verde sea el mejor visitante, práctico y eficaz, regalando el control y clavando el aguijón en sus transiciones muy europeas. Es el método Osorio y ya en el Once Caldas le dio resultado.

Al Pasto se le vio tan “fundido” en la parte física que preocupa su futuro en esta liguilla, mientras que Tolima ganó sin Marrugo y muchos dicen que no lo necesitó, pero esto es sólo parcialmente cierto. Un jugador como Marrugo hace falta, mucha falta, y si Tolima no lo sintió en casa ya se verá cuando enfrente a Millos o a Júnior.

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