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Opinión | Mie, 11/21/2012 - 23:00

Cárceles: hacinamiento, enfermedades, corrupción y muerte

Por: Uriel Ortiz Soto | Elespectador.com

Todo ser humano, así viva en las más precarias condiciones, tiene derecho a desarrollar un proyecto de vida, que lo anime cada día salir adelante.

Sin este objetivo, no pasará de ser un ente sumido en el dolor y la desesperación, que, va acumulando odio y rencor hacia la sociedad, que le niega la posibilidad de resarcirse social y económicamente.

Mientras las Autoridades Penitenciarias y Carcelarias, no cambien el concepto que tienen de los reclusos o internos; - que deben ser mirados como factor invaluable de desarrollo-, será imposible lograr que se obtengan programas de rehabilitación y resocialización en los centros carcelarios y penitenciarios del País.

El caso del Hacinamiento, es tema de nunca acabar. Todos los días los noticieros presentan los terribles dramas que padecen los internos. La única garantía que tienen, es la clara violación a los derechos humanos por parte de la indiferencia del Estado, que a la fecha, ha demostrado su total incapacidad de solucionar el problema. En el momento menos pensado, debido a situación tan compleja y difícil, los reclusos con sus directores, guardianes y personal administrativo, estarán propensos a soportar todo tipo de reyertas. Siempre están esperando lo peor, el estado de ánimo dentro de los penales es tan precario y deficiente, que al final de cuentas podríamos decir, que nadie es responsable de nada.

Por eso, es muy llamativa, y al mismo tiempo un estado de alerta, la condena que contra la Nación, ganó un ex recluso, por violación a los Derechos Humanos. Si por este camino se van todos, el Gobierno se vería en ascuas para cumplir las miles de indemnizaciones que por este hecho se le podrían venir.

Son miles los internos que se encuentran enfermos; más de quinientos han perdido la vida en los últimos años en diferentes circunstancias, siendo la principal causa, la falta de asistencia médica. Las trifulcas que con frecuencia se presentan, son otro factor predominante.

Se tiene conocimiento que el alto Gobierno, tiene pensado nombrar una comisión de investigadores internacionales, con el fin de encontrar salida a tan difícil situación. Desde mi óptica de Comunidad y Desarrollo, considero que esta es una problemática muy a la Colombiana, con factores muy propios de nuestra idiosincrática, pero con patrones que día a día inducen a generar más incertidumbre: la primera, es la corrupción en la administración de justicia: se sabe de casos tan aberrantes de ciudadanos que se encuentran tras la rejas, pagando condena por un delito que no cometieron, impuesta por un juez corrupto, que vendió su conciencia al mejor postor, condenando un chivo expiatorio para lavarse las manos ante la Sociedad y sus superiores. Otro caso que tiene encarcelados a miles de compatriotas, es el de la morosidad: es la situación de internos que por haber cometido un delito menor, no tienen quién abogue por ellos, los Jueces se desentienden de sus procesos y aún, ante la prescripción, se hacen los de la vista gorda. ¿Qué decir de la corrupción entre guardianes, que cobran a los reclusos hasta por el derecho a respirar aire puro, o darles vigilancia especial en los patios, o proporcionarles un sitio adecuado para pasar la noche? Estos son casos menores entre los cientos que se presentan con el personal de custodia. Basta comprobar que existen cuarenta y dos sindicatos que se pelean entre sí, los precarios derechos de los reclusos otorgados por el Estado.

En conclusión, considero que las autoridades, deben revisar los procesos de los internos, de cada uno de los casos anteriormente señalados, serían cientos los ciudadanos que recobrarían su libertad por pena cumplida. Es que a lo mejor nos encontramos frente a una bomba de tiempo, alimentada por el mismo estado, debido a la cantidad de falencias que se presentan en la Administración de Justicia.

Todo parece indicar que la única solución tonta y tolondra que tiene el Gobierno, es la de construir más cárceles. Considero que es tan inexacta y peregrina, que equivale a meter mercancía en una bodega, simple y llanamente para deshacerse de ella, es decir, para que se pudra, puesto que comercialmente no tiene ninguna posibilidad de recuperación. Es lamentable esta comparación, pero, vivimos en un País, donde el sistema Carcelario y Penitenciario, tocó fondo desde hace mucho tiempo, y se está convirtiendo en un detonante que en el momento menos pensado puede estallar con consecuencias fatales para nuestra sociedad.

Como a la vista no existen programas de rehabilitación y resocialización, lo más aconsejable es que se busquen alternativas para encausar el recurso humano, penitenciario y carcelario, por un proceso de desarrollo. Continuamos pensando que, el: Plan Padrino de Descongestión Carcelaria-, propuesto por diferentes medios-, es la mejor opción en los actuales momentos.

Hace más de dos meses a través de esta misma columna, se propuso aplicar este programa. Es fácil desarrollarlo. Varios Juristas consultados se han pronunciado al respecto, y ven él la única solución viable. Lo más importante, es que existe una corresponsabilidad entre Interno, Padrino; Estado y Sociedad. Esto es equivalente a un Proyecto Productivo de Rehabilitación y Resocialización, avalado por una Póliza de Seguros a favor del Estado, la cual se hará efectiva para el caso en que el beneficiario – valga decir interno-, no cumpla con lo pactado, ante el Juez de Penas.

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