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Fútbol internacional | Dom, 11/25/2012 - 11:28

En el nombre del Señor

Por: Juan Diego Ramírez Carvajal

El samario de 26 años dejó el fútbol por una lesión de rodilla y porque su religión, la adventista, no le permitía jugar los sábados. Ahora es un predicador y vive en la zona rural de Huila.

Lo tildarán, algunos, de malagradecido e ingrato. Otros, como su propio padre, Nilton, lo juzgarán como loco de sanatorio. Pero Johan Vonlanthen interpretó una lesión de rodilla que sufrió en diciembre pasado como la señal para decir adiós al fútbol y dar la bienvenida a la predicación adventista, su religión desde 2004, esa que le prohibía jugar los sábados. La misma creencia por la que el exportero argentino Carlos Roa dijo en 1999, al recibir una oferta de Manchester United, que “Dios vale más que diez millones de dólares”. La misma por la que Vonlanthen decidió asumir la interlocución con Dios para siempre.

Por eso ya no luce relojes finos como antes, dejó de alisar su pelo crespo y fijarlo con gel, vendió el BMW con el que asistía a los entrenamientos de Itagüí Ditaires por un rechazo recientemente desarrollado hacia los lujos, por esa razón sus casas en su natal Santa Marta están a la venta. Este año decidió viajar a Huila con su esposa Rosa Virgina y con Esteban, el único hijo del matrimonio, y radicarse en zona rural del municipio de Campoalegre, lejos del estrés de las ciudades grandes que le impedían sentir paz. No volvió a probar carne (en Medellín comía pescado) y comulgó así con el veganismo, dieta que extrañamente lo subió de peso, pues ahora está en 78 kilos, cinco más que hace un año, cuando aún practicaba fútbol. El dinero que ganó durante su carrera como futbolista profesional (2001-2012) lo ha invertido en las personas necesitadas que coinciden con su fe: “Dios dice que hay que amar al prójimo. Y ese dinero ha ayudado a muchos. Yo también auxilio de manera espiritual, porque si les das un pan físico volverán a tener hambre, pero si les das el pan espiritual, éste llenará sus vacíos”, dice Vonlanthen, que por estos días anda por Tunja promocionando su discurso celestial.

Johan, el primer varón de Nilton Rodríguez y Berena Benavides, nació el 1º de febrero de 1986 en Santa Marta. El matrimonio de sus padres fracasó y su mamá, tiempo después, se enamoró de Roger Vonlanthen, un suizo con quien se fue a vivir a Berna cuando Johan tenía ocho años. Después de conseguir la nacionalidad, Berena regresó por sus cuatro hijos: Zuleima, Johan, Henry y Aron.

Antes de partir, él permaneció en casa de su abuela y se crió jugando fútbol en las calles de la urbanización El Parque, cerca de la terminal de transportes. Soñó siempre con jugar en el Unión Magdalena, pero esa expectativa profesional la logró en Europa, en donde terminó por adoptar el apellido de su padrastro poco antes de perder tres años escolares por desconocer el idioma (ahora habla cinco). Ingresó al equipo Flammatt y en principio lo usaron como arquero, pero un día convenció al entrenador de que era delantero y a la temporada siguiente marcó 28 goles. Firmó su primer contrato a los 15 años con el Young Boys, en el que jugó Andrés Escobar Saldarriaga, y al mismo tiempo fue convocado a la selección sub-16 de Suiza, luego a la sub-19, la sub-21 y en definitiva a la selección que participó en la Eurocopa 2004. Se convirtió en el jugador más joven en conseguir un gol en la historia del torneo, tras marcarle a Francia en la fase de grupos.

Vonlanthen conoció la religión adventista luego de participar en esa Eurocopa de 2004. Disfrutaba las vacaciones de diciembre en Santa Marta y una tía le presentó a su amiga Emilsen Romero (quien en 2009 se convertiría en su suegra). Ella le habló de sus creencias y lo invitó a orar. Tiempo después, cuando Johan actuaba para el NAC Breda de Holanda, Emilsen Romero lo llamó para advertirle que había soñado con él: “Predijo que Pierre van Hooijdonk, mi técnico en ese entonces, me odiaba, que iba a hacer hasta lo imposible por sacarme del camino; yo también lo había percibido. Me dijo entonces que debía combatir el mal con el bien, y le tuve paciencia. Pensé entonces: ¿por qué ella va a saber lo que estoy viviendo acá en Holanda? ¡Tan lejos! Y es que Dios apareció en sus sueños para advertirme y convencerme de su poder. Pues eso me ayudó muchísimo para ganar luchas personales después”.

¿Cuáles luchas personales?

“Yo era muy explosivo, ¿sabes? De hecho fue por ese carácter que me fue bien en Europa. Pero tuve choques, peleas, discusiones con técnicos. Me pusieron el sello de rebelde”.

¿Llegó a los golpes con alguien?

“No, no. Pero las palabras hacen más daño que los golpes. Pasé por traiciones y discusiones, más bien. Entonces llegó el amor por la palabra de Dios. Me sentí dividido en un mundo donde no podía hacer lo que mi corazón sentía. No sé cómo explicarlo, pero me sentí llamado y amado por Él. Entonces no sentí miedo por dejar un entorno que me dio tantos privilegios físicos”.

Dejó el mundo del placer por el de dar. Cambió rutinas tan simples como sustituir el vallenato por las alabanzas e himnos a Dios. Y se alejó de amigos y familiares de vida para cumplir su misión. La última vez que habló con su padre Nilton fue hace un mes, porque la distancia y su repudio reciente por los celulares los han alejado.

“Él se enloqueció. Dejó todo tirado. Se fue para el campo porque cree que el mundo se va a acabar, que una guerra se avecina y que no quiere estar en una ciudad grande cuando eso pase. Para mí, eso es como un vicio, como la droga. Y por eso está malgastando la vida que tenía”, asegura su padre, un samario que emigró a Medellín hace 20 años porque asesinaron a su hermano, Luis Francisco. Trabaja en el Inder y extraña la ayuda económica que Johan le brindaba: “Me olvidó con ese cuento de que hay que buscar el camino de Dios. Yo qué voy a buscar esa vaina si lo que necesito ahora es trabajar para sostener a mis dos hijas que a veces no tienen ni para el bus. Dios nos envió a sobrevivir”, añade Nilton, quien lo recibió hace un año en Medellín, cuando decidió regresar a Colombia para actuar en Itagüí.

La decisión de no jugar los sábados enfureció a técnicos, compañeros y dirigentes en Europa. Y el único club que aceptó su condición sagrada fue Itagüí. Ese cambio del fútbol europeo por el colombiano produjo el repudio de los medios de allá: “En vez de jugar en equipos como Bayern Munich o Arsenal, el ‘Niño Maravilla’ del fútbol suizo prefirió ir a una república comandada por el narcotráfico”. En el club antioqueño, dirigido entonces por Álvaro de Jesús Gómez, sólo actuaba los domingos. Los viernes viajaba a La Ceja (a una hora de Medellín) a encontrarse con amigos adventistas y pasar los sábados orando junto a ellos. “El sábado es un mandamiento de Dios. Todos creemos que el séptimo día es el domingo, pero no, ese día fue colocado antes del sábado. ¿Me entiendes? Y hay que seguir ejerciendo los mandamientos de la Biblia, por eso he querido hacer la voluntad del Señor. Pero pocos comprenden mi decisión, porque es difícil de explicar”. Sus jueces dirán que Dios, al que relacionan con el gol de Diego Maradona con la mano en México-86, lo retiró del fútbol.

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