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Bogotá | Vie, 11/30/2012 - 23:20

Petro, un año después

Por: Juan Camilo Maldonado T

El alcalde se adelantó al balance que de su gestión hará hoy y reveló a El Espectador que cree conveniente una campaña de revocatoria del mandato.

Luego de un año de polémico gobierno, el alcalde Gustavo Petro rinde cuentas hoy en el coliseo El Campín de los resultados de su gestión y los proyectos que están en marcha. En entrevista con El Espectador asegura que está listo para resistir la campaña que se avecina para la revocatoria de su mandato y da detalles sobre las dificultades emocionales que representó el haber pasado por un período de enfermedad en medio de las críticas y la oposición a sus planes.

¿Se imaginó este primer año así?

Hemos gobernado como si en cualquier momento ocurriera algo que nos impidiese continuar. Desde el comienzo imaginábamos que íbamos a tener una oposición de ese estilo y que teníamos que hacer las cosas rápido. Teníamos que actuar de manera tal que se colocaran las bases para la transformación del modelo de ciudad.

Pero, ¿no le preocupa que por la tensión que causa el hacer las cosas con rapidez, venga una reacción que borre lo que intentaron lograr?

Eso es posible. Pero Peñalosa terminó el primer año de su mandato con 18% y Mockus con treinta y pico. El primer año para un gobernante que quiere cambiar el modelo de ciudad genera tensión. Especialmente entre un presupuesto que su administración no aprobó y sus intenciones de mover esos recursos para lo que quiere hacer. Eso hace que la ciudadanía perciba confusión. En nuestras circunstancias, tenemos el 51% de favorabilidad.

La veedora Adriana Córdoba publicó un informe diciendo algo semejante: que las administraciones nunca son eficientes en el primer año...

La discusión no es si tenemos tiempo suficiente o un Concejo más accesible. Es más profunda. Estoy convencido de que la estructura administrativa de la ciudad es anacrónica y que podría ser mejor a través de una reforma administrativa.

¿Un nuevo estatuto?

Más o menos; un estatuto de capitalidad. La ciudad necesita más autonomía y eso lo hablamos con el presidente Santos. Esto debería ser transformado por estructuras más planas, en red, que reemplacen al ejército jerarquizado que tenemos. Esta reforma tiene que pasar por el Concejo, pero éste no está maduro para la discusión.

¿Qué quiere decir con eso?

En la ciudad pasamos por un momento estelar de discusión urbana. Transporte multimodal, bicicleta, reciclaje, TIC, smart cities. Yo los planteé y me dijeron improvisador. El Concejo tuvo la oportunidad de coger esos debates y volverlos públicos, pero no captó los temas. Ellos quisieran hacer la política tradicional: reducir el debate a una discusión burocrática. Continuar con el sistema de presiones que permitan arrodillar al alcalde sin pensar en el beneficio general.

¿Qué pasó en febrero, cuando perdió la coalición para votar por contralor y personero?

Queríamos cogobernar con un pacto de partidos políticos, de democracia moderna. Fue algo que se les planteó a todas las bancadas en el mes de diciembre. Hubo un ataque de ciertos medios de comunicación que lo llamaron clientelismo. Luego la coalición se derrumbó gracias a los dirigentes nacionales de los partidos políticos, que se movieron para construir un sistema de oposición a la Alcaldía. Temían que si a mí me iba bien, me proyectaría políticamente por encima del interés de los candidatos de sus partidos.

 

Y hace algunas semana, con el cupo de endeudamiento, ¿volvió a suceder?

Habíamos tratado de reconstruir relaciones y habíamos avanzado. El Plan de Desarrollo salió por acuerdo, pero últimamente se desbarató esa noción de construcción colectiva. La razón, no se la daría. Los proyectos que se presenten este mes son los estratégicos. El cupo de endeudamiento financia las obras fundamentales de movilidad que propusieron la Alcaldía y el Gobierno Nacional en 2010. Y hoy hay un obstáculo grave, pues el Concejo aprobó un cupo menor para ser usado en otros tiempos y para otra cosa. Eso podría llevarnos a que las obras importantes de movilidad no se puedan llevar a cabo en mi alcaldía sino tres años después de posesionado mi sucesor. Estamos hablando de siete años de retraso.

Pero aún tiene tiempo, ¿logrará rearmar la coalición?

Políticamente la mayoría del Concejo es la Unidad Nacional. Yo le pedí al presidente Santos asumir esa responsabilidad con la ciudad.

¿Y él qué le respondió?

Nada.

 

¿Cómo va la lucha contra las “mafias”?

Las mafias que denunciamos, las conocidas, ya no están. No están Tapias, Dávila, Moreno Rojas... Las mafias no son sólo personas o empresas, son un modus operandi. Hemos logrado reducirlo. En la licitación de los carros del Acueducto para el nuevo esquema de aseo hay 18 participantes. Ese es un termómetro que refleja la confianza que tienen las empresas.

¿Cuál ha sido el momento más feliz de este año?

Cada vez que un niño se soltaba de la mano y se me acercaba gritando “¡Petro, Petro…!”. La niñez ha captado de mejor manera las propuestas de la administración.

¿Y su momento más oscuro...?

Cuando se conoció que 23 niños murieron por tos ferina; un incremento frente al año anterior. De eso no hubo escándalo. No fue el eje de una avalancha contra la administración, ni siquiera hubo debate en el Concejo. Para mí fue doloroso porque un Estado no puede permitir que se mueran los niños.

¿Y cómo reaccionó?

Nos reunimos con el secretario de Salud y apretamos las clavijas. Mandamos a los médicos a vacunar a los niños a su casa, a pesar de las amenazas de abogados reaccionarios que nos dijeron que iríamos a la cárcel por incumplir la Ley 100.

Eso me recuerda la exigencia suya a sus funcionarios para que “arriesguen”...

Mi gran aliada es la Constitución de 1991. Y dentro de un Estado social de derecho es lo fundamental. Eso se lo aprendí a la contralora general (Sandra Morelli). Ella maneja otra tesis del derecho; sabe que la palabra no es la que define el sentido de la norma, sino que el derecho tiene una voluntad, un hálito que depende de una Constitución que ordena construir una sociedad de derechos. Si tú tienes el derecho a la salud para aplicarlo, tienes a un médico que puede entrar a una casa y aplicar una vacuna, y aparece un abogado diciendo que el decreto tal lo impide, yo diría que el equivocado es el abogado.

Ese mismo argumento que lo tiene a usted ahora agarrado con la Superintendencia y la Comisión Reguladora de Agua en el caso de las basuras...

Nosotros nos ceñimos al Estatuto Orgánico de Bogotá, ordenado por la Constitución, que determinó que el sistema de aseo en Bogotá debe ser público. El abogado reaccionario, por su lado, dirá que ese estatuto fue derogado por la Ley 142 de servicios públicos. Es una discusión jurídica.

Fernando Rey, exgerente de Transmilenio, le dijo a María Isabel Rueda que renunció porque no quería violar la Ley de Asociaciones Público-Privadas en el caso del tranvía por la 7ª...

Fernando Rey no se fue por eso. Él fue una decepción. Algún día diré por qué.

¿De quién más se ha decepcionado?

A veces le pongo la vara muy alta a mi equipo, los tengo trabajando hasta las 3:00 a.m., a padres y madres de familia. Les exijo mucho, y por eso me decepciono fácilmente. Pero he aprendido que la forma en que yo viví no se va a repetir. La vocación del sacrificio de mi generación es hoy la vocación del placer y del goce. No puedo pretender que las nuevas generaciones se sacrifiquen.

¿Cómo afecta a su liderazgo el haber sido guerrillero?

Hubo una consigna viejísima en el M-19: “Resistentes en el combate, generosos en la victoria y humildes ante el pueblo”. Hoy no estamos en un combate, pero el esfuerzo y la terquedad al aplicar un programa por el cual votó el pueblo hacen parte del primer valor. De la generosidad hace parte el hecho de que no veamos enemigos...

Discúlpeme, pero usted se la pasa hablando de enemigos...

Eso tiene que ver con el tercer aspecto: “ser humildes con el pueblo” significa ser altivos con los poderosos. Ese valor de altivez se ve, desde la otra perspectiva, como soberbia. Aquí no hay un portero que no reciba mi saludo. Pero eso tiene su otra cara: no me verá un señor empresario poderosísimo arrodillándome porque él es rico. Es lo que hemos demostrado con el aseo. Ellos (los cuatro operadores privados de aseo) han encontrado un alcalde con el cual tienen que hablar de tú a tú.

Ese discurso es el que le da a muchos la sensación de que usted profundiza la tensión entre clases sociales...

Yo no la he promovido. La están promoviendo. La mía es la política del amor, y la opción preferencial por los pobres es una política sustentada en el cristianismo. Pero hemos sido agredidos y esa agresión trae polarización.

¿Lo afectó que su exjefe de debate de gobierno, Daniel García-Peña, lo tildara de “déspota”?

El día en que él sacó esa carta yo estaba en el quirófano, por primera vez. Para él fue una situación difícil porque él ya la había publicado y la posibilidad de mi muerte estaba ahí presente. Ese día llegó con su esposa, María Valencia Gaitán (a la Fundación Santa Fe). Y cuando por fin pude relacionarme de nuevo, me dio un abrazo. Hoy somos amigos.

¿Cómo lo afectó la enfermedad que vivió a mediados de año?

Fue difícil. Me suspendió la actividad física, caminar y hablar con gente. El discurso y las palabras se me enredaban, cuando uno de mis principales instrumentos de comunicación es la oratoria. Y súmele a eso el ataque diario. Yo sentía que me destruía por dentro. Empecé a sentir la vecindad de la muerte. Luego comencé a recuperarme y me cambió la sensación de la vida.

¿No le preocupa que su proyecto naufrague?

Vamos a resistir una campaña el año entrante que yo quiero que se dé: la revocatoria del mandato. Quiero que se dé porque nos pone de nuevo en campaña. Nosotros necesitamos estar otra vez en la calle, gobernar en la calle, conquistar espacios que por la enfermedad he dejado.

¿Está satisfecho con este primer año?

Estamos gozándola. Tenemos todas las ruedas del programa en movimiento.

Políticamente, la mayoría del Concejo es de la Unidad Nacional. Yo le pedí al presidente Santos que asumiera esa responsabilidad.

Los ataques contra la familia del alcalde

 

En algún momento durante este año se arrepintió de lanzarse?

No. Ha sido difícil. Mi familia está sufriendo porque parte de los ataques se han venido contra ellos, y eso nunca lo había vivido. Mi mujer casi termina como una conductora borracha en un accidente contra mi escolta. Pero apareció un señor poderoso de una industria petrolera que había grabado un video y me dijo: “Yo soy uribista, pero a mí no me gusta la mentira. ¡Defiéndase!”. Y me entregó el video. Fue un episodio muy bonito.

¿Por qué nunca vemos a la primera dama del Distrito?

A ella la afectó ese debate. Además, mi suegro, durante las últimas semanas antes de morir por un problema renal, también fue atacado. Un periodista lo acusó de ser socio de los Nule. Y obviamente, una persona que no está lista para ese tipo de avatar político se afecta. Así que sí. Tengo mi familia afectada. Esos son costos que hay que asumir y tengo que ver cómo los resisto de la mejor manera. Porque no soy un hombre solo. Tengo unas responsabilidades familiares que me obligan a moverme de una manera diferente. Pero todas esas son consecuencias de una polarización que quieren construir y que nosotros no queremos que se construya.

 

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