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La entrevista de Cecilia Orozco | Sab, 12/01/2012 - 21:00

Lucho Garzón: "Siento que estoy calentando la silla"

Por: Cecilia Orozco Tascón / Especial para El Espectador

Después de muchos rumores el hoy ministro consejero con oficina al lado de la del presidente Santos, se confiesa: no está haciendo nada después de dos meses y medio de su posesión.

Cecilia Orozco Tascón.- Usted fue designado hace dos meses y medio como ministro consejero para el Diálogo Social y la Movilización Ciudadana. Pero en el blog que tiene en la página oficial le pide a su jefe, el presidente, que “no delegue el diálogo social”. ¿Qué significa?

Luis Eduardo Garzón.- Lo que quiero decir es que quien tiene menos diálogo social es el presidente, a pesar de que su Gobierno cuenta con unos indicadores muy positivos en materia de política social. Y que, en mi opinión, otros se le están apropiando del tema: las Farc, que se llaman a sí mismas las voceras del pueblo; el vicepresidente (lo digo con respeto), los ministros y hasta los parlamentarios cuando presentan sus iniciativas. El presidente Santos debería asumir su propia bandera.

C.O.T.- Pero usted fue nombrado ministro consejero en esa precisa materia. ¿Qué sucede?

L.E.G.- Francamente siento que estoy calentando la silla y que estoy causándole un detrimento patrimonial involuntario al erario.

C.O.T.- ¿Cómo así? ¿Por qué?

L.E.G.- Por lo que he experimentado hasta el momento, este cargo no tiene sentido. Y lo digo con una gran consideración con el presidente, quien ha sido tan generoso conmigo que me ha ofrecido varios cargos. Cuando me habló de una consejería le contesté que para consejeros, José Obdulio con Uribe, y Gabriel Silva, porque ellos sí influyen en el expresidente y en él, respectivamente. Me nombró, entonces, ministro consejero. Acepté bajo el entendido de que el cargo tenía algún poder, no de nómina, pues eso no me interesa. Tampoco de manejo de presupuesto, sino de ejecución y de responsabilidades concretas.

C.O.T.- ¿Desea retirarse?

L.E.G.- No voy a renunciar en esta entrevista ni voy a decir eso cuando al presidente quieren echarle la culpa hasta de las basuras de Bogotá. No soy de los que se bajan del bus ante las dificultades. He sido leal con la agenda del proceso de paz del que supe hace muchos meses. Yo, que no soy discreto ni prudente, guardé silencio. La gente no entendía por qué el Partido Verde ingresaba al Gobierno. Pero me respaldó. Ahora puedo decir que mi intención no era formar parte de la extorsión tradicional a la que se somete a los gobiernos pidiéndoles ministerios y otros puestos públicos, sino acompañar este nuevo intento de paz.

C.O.T.- Pero su frustración parece clara. ¿Su cargo, entonces, no tiene ninguna función asignada?

L.E.G.- Así es. No quisiera que sonara a ultimátum ni a una posición soberbia de mi parte, pero si el presidente no define las funciones del cargo, él tiene plena libertad y tranquilidad para decir que no vale la pena mantenerlo. Entiéndame: me gustaría que el jefe de Estado supiera que no es necesario sufrir más desgaste. He hablado con él amablemente, pues siempre me recibe y conversa conmigo. Y, ¿sabe qué? Me siento como un alka séltzer: con mucha efervescencia y feliz cuando salgo de su despacho y con la espuma bajando cuando voy de oficina en oficina sin temas que el ministro consejero para el Diálogo Social y la Movilidad Ciudadana deba asumir. Le voy a dar un solo ejemplo: esta semana había que liderar un proceso de diálogo con la gente de San Andrés. Uno supone que todas esas letras tan rimbombantes (MCDSMC), eran las apropiadas para dirigirlo.

C.O.T.- ¿Y no lo tuvieron en cuenta?

L.E.G.- Aquí estoy, con usted. Estuve en la otra orilla de los gobiernos y no me olvido cómo se le toma el pelo a la gente. Cuando no llegan las soluciones, se va perdiendo credibilidad y sufre la institucionalidad. El ministro consejero debe tener la posibilidad de incidir en la gestión de gobierno manejando el descontento de la comunidad y buscando soluciones. Ahora, si no es posible replantear la situación, debo ser claro en decir que no vine a hacer parte de un gobierno sólo para que me dijeran “ministro”. Prefiero irme tranquilo, sin escándalo ni confrontaciones.

C.O.T.- Digámoslo crudamente: usted ni es ministro ni consejero.

L.E.G.- Pues sí, ni soy ministro ni soy consejero. Y no quiero rebuscarme uno y otro trabajo a medida que se presenten los problemas, porque no soy un ‘lagarto’ ni un ‘sapo’. Sincerémonos: el esquema de los consejeros presidenciales está en crisis. Mire lo que pasó con el tema de las basuras de Bogotá. A Cristina Plazas (consejera para la Equidad de la Mujer) le cayó la asquerosidad de una discusión machista porque abogó por la lucha contra la homofobia. Iragorri (Aurelio, consejero para Asuntos Políticos) está “herniado” con los conflictos que ha tenido. Otros consejeros también se han metido en problemas.

C.O.T.- Supone uno que por su experiencia como dirigente sindical, usted sería un buen miembro del equipo que negocia con las Farc. ¿No es raro que el ministro para el Diálogo Social no esté en el grupo de La Habana?

L.E.G.- El proceso de paz no es el diálogo en La Habana. Es apenas una parte del mismo. Claro que hay que desarrollar ese frente y ojalá se termine por esa vía el conflicto. No obstante, las conversaciones en Cuba no van a suplir lo que le corresponde ejecutar al Estado en el país. Los problemas no se resuelven sólo con charlas entre dos grupos, sino con ejecuciones y con un amplio diálogo social.

C.O.T.- Perdone, pero no me ha respondido: ¿por qué usted no integra el grupo de La Habana?

L.E.G.- No lo sé y no me interesa, lo digo con claridad, estar en La Habana. Esa no es mi prioridad porque —sin ofender a nadie— no soy “pazólogo”. Me interesa más ser ejecutor de programas. El presidente tiene una agenda social extraordinaria para desarrollar. Le sugiero que no la desperdicie y que no permita que otros fijen en público discursos del pasado mientras él se abstiene de posicionar los del futuro.

C.O.T.- A mí, por el contrario, me parece que hay mucho anuncio y poca efectividad. ¿Hay algún teléfono roto o ese es el estilo presidencial?

L.E.G.- Es cierto que se están moviendo mucho las manos y poco los pies. O en otras palabras, que hay mucho anuncio y poca concreción. Esto es preocupante. Y la percepción del conjunto de la sociedad que es la misma suya indica que no estamos siendo efectivos en la ejecución o en la difusión de la ejecución.

C.O.T.- Me llama la atención que usted se sienta cómodo en el gobierno de Juan Manuel Santos y que, aparte de su queja por falta de funciones de su cargo, sea solidario con una agenda contraria a la que en su momento defendió el Partido Verde.

L.E.G.- ¿Sabe que me atrajo del Gobierno? Además del de paz, temas como el de la restitución de tierras y el de los derechos de las víctimas. Con esas prioridades, su gobierno quedó en mitad de la mano negra de la izquierda y la mano negra de la derecha. Entonces pensé que había que ayudarle porque Santos se ubica en el “extremo” centro. Sé que esta posición me cuesta porque trabajar en el centro es muy complicado. Pero lo asumo a sabiendas de que los tres referentes políticos que incidirán en el futuro serán Marcha Patriótica, a la izquierda; el movimiento de derecha de Álvaro Uribe, y el de centro, con Juan Manuel Santos si lo lidera o con quien sepa interpretar la oportunidad histórica.

C.O.T.- El presidente logró meter a todos los partidos, incluyendo el suyo y exceptuando al Polo, en la Unidad Nacional. ¿No era más sano el esquema Gobierno–oposición y que la administración ejecutara sus programas sin temor y no andar pisando cáscaras de huevo para no molestar a ningún sector?

L.E.G.- Esa apreciación no me parece justa, porque el presidente ha tomado decisiones muy difíciles como las que tienen que ver con tierras y víctimas. Por algo ha surgido un ejército fascista que se autodenomina ‘antirrestitución’ que está amenazando de muerte a mucha gente. La equidad en las regalías ha golpeado a gente dura. Su pregunta me da la razón: falta el diálogo social, o si me permite decirlo en lenguaje coloquial, cacarear bien los huevos de Santos. Eso no se ha hecho.

C.O.T.- Los partidos ya no parecen tan solidarios con el Gobierno. ¿La Unidad Nacional existe?

L.E.G.- Esa es una pregunta que tienen que responder el presidente y los directores de los partidos. En todo caso me impresiona lo que está pasando, porque uno no ve unanimidad política, por ejemplo, alrededor del tema de la paz. Hay que sincerarse: ¿existe Unidad Nacional o no?

C.O.T.- ¿Qué responde usted?

L.E.G.- Que la Unidad Nacional no existe hoy.

C.O.T.- ¿El presidente se quedó sin partidos y sin partido de gobierno?

L.E.G.- Tiene mucha gente de todos los partidos, pero no un partido. Tiene a los verdes, a los liberales y a unos cuantos de la U. Usted lo vio en la asamblea de hace unos días. En cuanto al Verde, tengo que ser muy claro: le digo a mi partido que asumo la responsabilidad después de que me apoyó para pasarme a la Unidad Nacional, que le agradezco la confianza y el respaldo, pero que ahora toca barajar.

C.O.T.- ¿Qué quiere decir “barajar”?

L.E.G.- Examinar cómo está y para dónde va la Unidad Nacional y, sobre todo, cuáles son los cinco o seis temas fundamentales sobre los cuales se va a trabajar.

C.O.T.- Suponga que la Unidad Nacional termina de resquebrajarse. ¿Qué le aconsejaría a su partido?

L.E.G.- Que continúe en la coalición, pero sobre la base de reglas claras, de la dinámica y el aporte verde a la Unidad y sobre la definición de los temas en que va a actuar. Mi permanencia en el cargo no cuenta para esa decisión.

C.O.T.- ¿Y si encuentran que la Unidad Nacional sólo es oportunista y burocrática como parece?

L.E.G. Se convertiría en una criatura muy mal copiada del Frente Nacional. No tendría sentido quedarse allí.

C.O.T.- ¿Qué sucedería si es verdad que la otra cabeza del Partido Verde, es decir, Enrique Peñalosa, llega a ser —como se está rumorando— el candidato de Álvaro Uribe?

L.E.G.- Lo voy a decir con claridad: estoy seguro de que Enrique Peñalosa va a estar con el Verde bajo unas reglas claras. Y también resalto lo siguiente, pese a que tengo que reconocerle al expresidente Uribe que fue respetuoso con mi gestión como alcalde: acompañé a Peñalosa en su aspiración a la Alcaldía de Bogotá porque el candidato era él, no Uribe. Hoy está claro que Enrique hubiera sido un alcalde extraordinario, pero no podría acompañarlo con una candidatura suya dentro del uribismo.

C.O.T.- Alguien puede pensar que después de Peñalosa le llegó a usted el turno electoral.

L.E.G.- Voy a ser tajante: en esta etapa de la vida no me interesa el juego electoral.

C.O.T.- ¿Está descartando para lo que le resta de su vida una opción electoral?

L.E.G.- Sí. Lo tengo descartado.

C.O.T.- ¿Cuánto tiempo cree que le queda como ministro consejero?

L.E.G.- Puede ser que en este momento, mientras el presidente lea la entrevista, declare que se cansó de este tipo y chao.

“La amabilidad puede ser muy hipócrita”

Cecilia Orozco.- ¿Cree que los consejeros presidenciales no son sino un estorbo tanto para los ministros como para el alcalde de Bogotá?

Lucho Garzón.- Creo que en las consejerías hay gente muy capaz y que todos tienen ganas de trabajar y de rendir, pero terminan recibiendo palo de muchos sectores por la falta de delimitación de competencias. A cada uno lo deben medir por la responsabilidad que tiene. Sin embargo, no se puede responder sobre intangibles. En cuanto a mí, me siento nadando en arequipe: mucho dulce, pero poco avance.

C.O.- ¿Tiene línea directa con Santos?

L.G.- Cada vez que digo “presidente, necesito una reunión”, me recibe muy afablemente.

C.O.- ¿Su relación con los ministros?

L.G.- Todos han sido amistosos.

C.O.- ¿Con sus vecinos de palacio?

L.G.- Por mi manera de ser me relaciono amablemente con los demás.

C.O.- Pero de la amabilidad para allá, ¿no hay nada?

L.G.- Usted bien sabe que en política la amabilidad puede ser muy hipócrita (risas). No obstante, hasta donde yo sé, no hemos tenido ni un solo problema.

C.O.- ¿Es cierto que hubo un enfrentamiento con el consejero de Seguridad Sergio Jaramillo?

L.G.- Todo lo contrario. He tenido un trato extraordinario con él y su gente.

“El procurador, un profesor de política”

C.O.- Usted plantea un cataclismo político: izquierda radical, ultraderecha y centro, ¿dónde quedan los partidos?

L.G.- El año 2014 estará en ese escenario, no se equivoque. Los partidos tendrán un papel secundario.

C.O.- ¿Es consciente de que está hablando de política siendo servidor público?

L.G.- Por supuesto. Pero tengo un profesor extraordinario en esta materia: el procurador. Él me demostró que se puede hacer política desde una posición oficial. O, ¿cómo logró su reelección? Los funcionarios deberíamos dejar de fingir que no participamos en política. Todos lo hacemos. Espero que ahora no me vayan a castigar.

C.O.- No se descuide. El procurador hace política para sí, efectivamente, pero sacó de la vida pública al exalcalde Alonso Salazar por una nimiedad, si se compara con lo que él mismo hizo.

L.G.- Alonso Salazar, en mi opinión, y respetando las decisiones de autoridad competente, es un norte ético extraordinario. No sólo por su honestidad, sino por su gestión al frente de Medellín. Otro caso insólito, en distinto ámbito, es el de Andrés Camargo (exdirector del IDU), un hombre de una calidad humana insuperable. Uno no puede ver que personas como Salazar y Camargo terminen sancionadas con razones cuestionables, lo que conduce a que la mejor gente quede afuera y la marrullera, adentro.

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