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Opinión | Lun, 12/17/2012 - 23:00

MACROLINGOTES

Por: Óscar Alarcón | Elespectador.com

El artículo 32 de la Constitución española se refiere al matrimonio de un hombre y una mujer, y delega a la ley su reglamentación. En 2005 el gobierno socialista hizo aprobar por el Parlamento la ley del matrimonio entre personas del mismo sexo y el Tribunal Constitucional la acaba de declarar ajustada a la Carta.

Según reconocidos constitucionalistas, la decisión ha sido novedosa porque no se ajustó al sentido exacto de las palabras del texto constitucional, ni al significado que los constituyentes quisieron darle, sino a la necesidad de adaptar a la realidad del siglo XXI una institución anclada en el pasado y poco receptiva al valor constitucional básico de la igualdad.

La sentencia se basa en el preámbulo de la Constitución de establecer una sociedad democrática de avanzada para dar prioridad al valor superior de la igualdad y, en cumplimiento del mandato de promover esa igualdad para que sea real y efectiva, ha dicho sí a una ampliación del derecho de las personas a contraer matrimonio que en nada menosprecia el ejercicio tradicional de ese derecho.

Destaca también que la norma del artículo 32 hable del matrimonio de “el hombre y la mujer” y no del hombre “con” la mujer, lo cual supone que fue propósito del constituyente no limitar el matrimonio a heterosexuales, sino también a personas del mismo sexo. Coincidencialmente la Constitución nuestra de 1991, en su artículo 42, al referirse al matrimonio, dice que es resultado de la decisión libre “de un hombre y una mujer”, frase que permitiría igual interpretación.

Falta ver cómo nuestros padres de la patria aprueban la ley que mereció, como proyecto, el rechazo excremental del senador Roberto Gerlein. La propuesta va a tener un largo y acalorado debate en donde se hablará hasta del sexo de los ángeles, pero, como todo en nuestro Congreso, va en cámara… lenta, a pesar de que la Corte Constitucional puso plazo: debe haber ley en junio. Que no se hagan los que sabemos…

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