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El Mundo | Mar, 12/18/2012 - 23:14

Las heroínas de Sandy Hook

Por: Eva Saiz / El País, Connecticut

La tragedia ocurrida el pasado viernes en una escuela primaria hubiera sido peor si algunas profesoras no hubieran arriesgado sus vidas para evitar la muerte de sus estudiantes

Cuando Kaitlin Roig, de 29 años, se despidió de sus padres como cada mañana para recorrer los 20 kilómetros que separan su casa, en una tranquila zona rodeada de robles en Danbury, Connecticut, de la escuela de primaria Sandy Hook, donde desde hace cinco años imparte clases a alumnos de primer grado (equivalente a primero de primaria), no podía imaginar que en unas horas su determinación iba a impedir que sus 14 alumnos se contaran entre las víctimas de una de las mayores tragedias que se recuerdan en Estados Unidos. Además de la directora, murieron una psicóloga y cuatro maestras del centro.

Roig se percató inmediatamente de que los ruidos que escuchó alrededor de las 9:30 de la mañana eran el sonido de disparos. Inmediatamente, según relató el mismo día de la matanza a la cadena ABC —la única a la que ha hecho declaraciones—, se encerró en el baño con sus alumnos, colocó una estantería para bloquear la puerta y trató de tranquilizar a los menores advirtiéndoles que se quedaran callados y recordándoles lo mucho que los quería. “Pensé en lo que me gustaría que me dijeran a mí si tuviera seis años y estuviera en una situación así”, explicó. Roig creía que el tirador aparecería de un momento a otro en su clase. “Era el primer aula desde la puerta de entrada, era lo lógico”. Cuando la policía llamó a la puerta, ella no se fió de que quienes estaban allí “fueran los buenos”, como les aseguraba constantemente a los niños para calmarlos. “Les pedí que me enseñaran las placas y que si de verdad eran agentes, que abrieran ellos mismos la puerta. Es lo que hicieron”, contó.

Veinticuatro horas después de la tragedia, Roig se ve incapaz de rememorar de nuevo cómo logró poner a salvo a sus alumnos. “No estoy segura de querer recordarlo, es muy duro”, indicó a este periódico desde el umbral de su casa, parapetada tras su madre. La comunidad de Newtown la considera una heroína. En Facebook se han abierto varios perfiles para agradecerle su entrega. “Ojalá nunca hubieran tenido que crearlos”, se lamentaba su madre.

Instinto, altruismo valentía, un punto de temeridad… Es difícil determinar cuál es la aleación con la que se forjan los héroes. En la espiral de disparos, caos y terror en la que se convirtieron los pasillos de la escuela de Sandy Hook en la mañana del viernes, cualquier reacción parece justificada. Pero aquellas conductas, como la de Roig, dominadas por la generosidad y el sacrificio desinteresado están destinadas a convertirse en gestas, máxime cuando el corazón de la comunidad de Newtown necesita más que nunca ejemplos épicos para hacer frente a la sinrazón de una matanza indiscriminada de niños.

Como Roig, Victoria Soto, de 27 años y origen portorriqueño, que este año comenzaba su tercer curso en Sandy Hook, también se apresuró a ocultar a sus alumnos de primaria en las taquillas y en un armario del gimnasio del colegio, para protegerlos de los disparos. Cuando Adam Lanza se asomó por allí armado con su fusil de repetición, Soto le aseguró que los niños se encontraban haciendo ejercicios en la cancha. Acto seguido, Lanza disparó a la maestra, pero pasó de largo en su vorágine asesina. Once menores sobrevivieron a la matanza, gracias al coraje de la profesora.

El sábado, Nick Phelps, el padre de uno de los menores que Soto ayudó a salvar, agradecía entre lágrimas la valentía de la profesora a la salida de una de las muchas vigilias en honor de las víctimas que cada tarde, desde el pasado viernes, se suceden en Newtown. “Es un privilegio saber que los maestros quieren tanto a nuestros hijos que están dispuestos a dar su vida por ellos”, afirmó. A unos 30 kilómetros de allí, en Stratford, de donde Soto vivía, la ciudad participaba en otro acto en homenaje a su vecina. “Definitivamente, Victoria es de esas personas que se habría sacrificado por sus alumnos en cualquier circunstancia”, reconoció en conversación telefónica, Julie-Lis Marks, compañera de promoción de Soto.

Anne Marie Murphy, una profesora de educación especial de 52 años, también será recordada como una de las heroínas de Sandy Hook. Su cadáver fue encontrado en un aula cubriendo el cuerpo de varios alumnos. La policía contó a sus padres, Hugh y Alice McGowan, un matrimonio de 86 años que reside en la localidad neoyorquina de Katonah, que Murphy falleció mientras protegía a los niños de las ráfagas asesinas de Lanza. “Anne Marie era una gran persona”, reconoció a este periódico un familiar en conversación telefónica.

Carlee, una de las hermanas de Soto, pidió a los asistentes a la vigilia que acudieran con algo verde, el color preferido de la profesora. El verde es sinónimo de esperanza y esperanza es a lo que se aferran desesperadamente los vecinos de Newtown para poder sobreponerse a una tragedia que nadie parece ser capaz de asimilar. “Fe, esperanza, amor”, es precisamente lo que se lee en un cartel con luces de neón a la entrada de la ciudad. Es uno de los muchos que se han colocado en todos los accesos a la localidad.

EE.UU., a controlar la venta de armas

La masacre de Sandy Hook, en la que murieron 27 personas, entre estas 20 niños, ha conmocionado como nunca antes a los estadounidenses, ahora conscientes de que es indispensable un cambio cultural y legal respecto al uso de las armas. El presidente Barak Obama se comprometió a impulsar iniciativas para ejercer un mayor control a la venta de armas en el país, amparada por la segunda enmienda constitucional. Senadores demócratas como Diane Feinstein ya anunciaron que presentarán proyectos de ley para una mayor regulación a la venta de armamento, una vez se instale el nuevo congreso en enero del próximo año. Hasta congresistas republicanos cercanos a la millonaria Asociación Nacional del Rifle, como Joe Machin, también se han comprometido a introducir cambios en la legislación que no permitan próximas masacres en el país.

 

¿Quién era la mamá de Adam Lanza?

Nancy Lanza,  la madre de Adam Lanza, el joven de 20 años que cometió la masacre en la escuela de Sandy Hook, fue la primera víctima de ese cruento episodio. Adam le disparó en su propia casa antes de dirigirse a la escuela. De Nancy Lanza se sabe que estaba divorciada, que estuvo casada con un ejecutivo de GE Capital y que vivía en una bonita casa de Newtown, donde guardaba muchas armas, entre ellas, un fusil de asalto que usó su hijo para matarla. La excuñada de Nancy, Marsha Lanza, declaró a la televisión que la madre de Adam era una “preparacionista”, que se preparaba para poder sobrevivir y defenderse en caso de una catástrofe de fuerza mayor o de un cataclismo económico mundial. Otros testimonios bajan el tono y describen a Nancy Lanza como una mujer normal que, como muchos otros estadounidenses, le gustaban las armas de fuego. Lo que parece seguro es que Nancy Lanza trataba de cuidar de su hijo, un joven muy inteligente, pero con dificultades sociales, a diferencia de su hermano mayor, de 24 años, que siguió los pasos del padre como experto fiscal.

 

 

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