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Opinión | Sab, 12/22/2012 - 23:00

Balance 2012

Por: Eduardo Sarmiento | Elespectador.com

La economía no evolucionó dentro de los anuncios oficiales. El producto nacional, que avanzaba 6% al principio del año, cayó a 2,1% en el tercer trimestre, tal como se anticipó en esta columna, en el año crecerá cerca de 3,5%.

El comienzo del retroceso influyó el agravamiento de la economía mundial, la causa dominante ha sido el desinfle de la burbuja macroeconómica.

El deterioro se refleja en la composición de los sectores. La industria se encuentra sumida desde hace varios meses en índices negativos; en las dos terceras partes de los sectores la producción desciende con respecto al año anterior. La agricultura no ha salido del letargo de 20 años. La inversión en infraestructura no despega y la edificación privada experimenta enormes oscilaciones; el sector se contrae y la producción de cemento disminuye. El modesto dinamismo proviene de la minería y de los servicios, ambos con síntomas de agotamiento.

El empleo siguió una tendencia similar; luego de crecer el año pasado 6%, hoy desciende y en todo el año no se generará un solo puesto de trabajo. Así, la ley del primer empleo y de formalización de la mano de obra aprobada al principio de la administración para ampliar el empleo formal resultó infructuosa.

La balanza de pagos refleja los aprontes del TLC con EE.UU. Las importaciones de alimentos aumentan por encima del 30% y las importaciones de telas tienen asediadas a las empresas emblemáticas de confecciones. A pesar de la caída de la economía, las compras externas crecen el doble de las ventas.

Estos resultados ocurrieron dentro de la pasividad y el desconcierto del Gobierno y los organismos afines. De nuevo se demuestra invalidez de las teorías de equilibrio de libro de texto que predicen que el crecimiento de un año es la mejor anticipación del siguiente, y que las perturbaciones se corrigen solas o con ajustes menores de la tasa de interés.

La realidad es muy distinta. La economía se mueve dentro de una burbuja inducida por la entrada de capitales para la minería y por la revaluación del tipo de cambio que han configurado un déficit en cuenta corriente que se contrarresta con la expansión del crédito muy por encima del PIB, lo cual no es sostenible. Tan pronto los bancos percibieron señales de deterioro de la cartera y síntomas de caída de la actividad productiva procedieron a recortar los préstamos. La deficiencia de la demanda efectiva reapareció llevándose por delante la producción y el empleo.

Lo anterior tiene reciprocidad en el mercado laboral. El perfil productivo está dominado por la minería, el sector que genera menos empleo, y por servicios, que lo hacen en la informalidad. Adicionalmente, se sigue una política laboral que presiona los salarios por debajo de la productividad y se mantiene una estructura tributaria que grava en mayor proporción las rentas del trabajo que los del capital. Así las cosas, la participación del trabajo en el producto nacional desciende ocasionando el debilitamiento de la producción y el empleo y el retraso de la distribución del ingreso.

Al cabo de dos años quedaron al descubierto las falencias de las locomotoras del plan de desarrollo, el manejo cambiario del Banco de la República, la proliferación de los TLC y la política laboral. La economía crece cerca de la población, sin empleo, y al vaivén de la burbuja de revaluación y crédito.

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