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Actualidad | Sab, 12/22/2012 - 21:00

La Navidad según Benedicto XVI

Por: Elespectador.com

Una mirada autorizada al nacimiento de Jesús, la virginidad de María, el pesebre, la estrella y los reyes magos, según el más reciente libro de Joseph Ratzinger.

Es interesante constatar cómo lee hoy día una generación de comunicadores poco habituados a la lectura detallada de los textos que se le ofrecen. Del libro del papa, La infancia de Jesús, tan sólo resaltaron la afirmación cierta de que —en el relato de los dos evangelistas— no se mencionan ni la mula ni el buey. Gran escándalo que ignora que renglones más adelante se acepta lo que la sabiduría popular presume y es que en un pesebre es lógico —sobre todo después de San Francisco de Asís— que haya este tipo de animales que a él le pertenecen. Como este lujo de periodistas responsables de la escandaleta no leyó hacia delante (pág. 83), no descubrieron que el mismo papa afirma que “ningún pesebre habrá de renunciar a la figura del buey y del asno”, más cuando son con razón “representaciones de la humanidad”. Y es que esos “mansos animales” forman parte de la vida cotidiana en una sociedad mayoritariamente de pastores que ya desde entonces en algunos sitios representaban el pesebre desde el siglo V, presentado por los devotos con la cuna del Jesús nacido, una vaca y un asno.

Ya por entonces existían problemas doctrinales de más alta entidad, como el definir si María había sido “portadora de Dios, madre de Dios” (Theotokos ) o solamente madre de Cristo como hombre (Christotokos). Hay quienes afirmaban que el nacimiento de Jesús se trata no tanto de un hecho biológico, sino ante todo ontológico. La discusión interesante llevó a anatemas, condenas, destituciones y más tarde a aclaraciones y reconciliaciones que terminaron en el bello reconocimiento de “María Virgen que ha dado a luz no a un hombre, sino a Dios como hombre” y que Cristo es verdadero Dios y verdadero hombre, certeza que hace parte de la fe cristiana. Hubo aclaraciones de siglos después cuando el mismo Ratzinger corrige al gran San Agustín, que llegó a afirmar que María había hecho voto de virginidad, lo que al teólogo alemán le parecía una disminución de lo que distinguía a María de cara a la historia de la Humanidad y de la misión que en ella se le encomendaba. Desde entonces, ella ocupó lugar central en el pesebre y continuará estando.

*Exembajador de Colombia ante la Santa Sede y consultor en el Pontificio Consejo para los Laicos.

 

EN LA ANTESALA DE LA VIDA DE JESÚS

A pesar de que Ratzinger advierte que el libro es tan sólo una amable antesala a los dos tomos ya publicados, denomina así a este pequeño y diferente volumen para indicar que no es su propósito adentrarse con la misma fuerza analítica en la “infancia de Jesús” y sumergirse en los grandes debates que de un análisis profundo pueden surgir, ya que no faltan aquellos que siempre quieren señalar “lo que faltó” analizar, discutir, interpretar, matizar y, según ellos, completar. Por ejemplo, quieren que Ratzinger en esto que es un prólogo hubiera discutido acerca de los centenares de predicadores que se dice deambulaban por aquellos tiempos en Israel reclamando para sí el ser reconocidos como “Mesías”. Y quieren además hacer surgir una discusión  de “género” porque se atiende solamente a la genealogía de Jesús mentando sólo a los varones y dando cabida tan únicamente a las cuatro mujeres de las que se hace papel de escándalo y se insinúa la afirmación que ellas son la representación de lo que fuera la culpa original y que simbólicamente son portadoras del pecado asumido por el Salvador haciendo, eso sí, notar un cambio de fórmula en la transcripción de la genealogía allí en donde no se dice que José engendró a Jesús, sino que él es esposo de María, “de la cual ha nacido Jesús llamado el Cristo”.

Algunos de estos “críticos teológicos” quieren sembrar la duda acerca de la virginidad de María, porque atendiendo a la tradición hubo de purificarse transcurridos 40 días del parto y tratan de generar una discusión acusando al Papa de ignorar que todas las mujeres, según la ley, eran impuras y que por tanto se da por aceptada la contradicción, ya que según ellos María  se percibió “impura” y que Ratzinger comete un atrevimiento teológico al declararla libre de mancha ratificando así —según ellos— un error.

Y no paran allí, sino que se van lanza en ristre sobre el tema de la circuncisión que ya desde el inicio fue resuelto entre Pablo y los doce, y quieren saber además de Benedicto por qué la misma divinidad que puso sobre aviso a José para que huyera con María y el Niño rumbo a Egipto no tuvo la diligencia y la compasión de avisar a los otros papás para que hicieran lo mismo y salvar así a sus vástagos conocidos hoy como los santos inocentes.

Bien podrían escribirse otros tantos interrogantes que genera la curiosidad, no importa si noble o malsana, pero jamás original, ya que en la historia de estos dos mil años de cristiandad se han repetido, analizado, documentado y resuelto bajo un expediente muy claro que es aquel que para Dios no hay nada imposible en ninguno de los campos del existir y que hay un límite en donde frente a las relaciones de Él con la creación cesa, gloriosa, la razón y da paso a la fe que la dignifica.

 

LOS REYES MAGOS

Esta sí que es una sorpresa grata para la gente de Huelva y de Andalucía, pero es lógico sentirse sorprendido ya que se diluyen igualmente todas las historietas que se construyeron y que hicieron parte de nuestra infancia. Habrá que cambiar en algo el pesebre, ya que de ser cierta la afirmación de Ratzinger no vienen Melchor Gaspar y Baltazar del oriente sino de occidente. Se afirmaba que venían de partes diversas; que eran tres porque representaban los tres continentes por entonces conocidos (África, Asia y Europa); que se encontraron y que sin ponerse de acuerdo portaban regalos cuyo simbolismo era diverso. En este punto se trata de una opinión del profesor que ha de ser discutida con otras igualmente interesantes sobre este y otros elementos donde se descubre un tema que genera anécdotas sin fin. Son muchos los referenciales bíblicos que hablan de la gente de Tarsis, como hay otros que llevaron a cambiar los animales originales (la vaca y el asno ) por el asno y el buey. Sobre los “Reyes Magos”, su origen, su procedencia, las fatigas cumplidas en el seguimiento de la estrella existen tratados completos cuyos autores y seguidores sin duda reaccionarán.

Se dice que al fin de su viaje llegaron al palacio de Herodes a preguntar por el Mesías nacido; es lógico que hayan preguntado allí, porque de la pobreza en aquel tiempo —como ahora— no se esperaba nada bueno, ni sabio, ni útil. Ayer como hoy los grandes destinos se supone surgen de las aristocracias, de los grandes apellidos, de aquellos que no nacen como deudores, sino como acreedores y todo creen merecerlo. La sorpresa de los visitantes es descubrir que el “esperado” nace entre los humildes y pobres marcando con esto el deber ser de una comunidad que ha de distinguirse por la pobreza y por la humildad.

En efecto, se trata de un cambio trascendental de la lógica vigente por entonces que ubicaba a los dioses en íntima amistad con los poderosos y ahora —al menos eso se supone— es preciso buscarlo entre los pobres y los humildes. Con toda intención Benedicto asume en esta reflexión las palabras del Magnificat en la expresión que afirma que el Niño de Belén “derribó del trono a los poderosos y exaltó a los humildes”. Es posible que aún se esté lejos de esta identificación, pero nadie afirma hoy que se estén cumpliendo las exigencias del Dios que se dice confesar.

 

EVANGELIOS, HISTORIETAS  Y CRÓNICAS

El término “Evangelio” habla de una “Buena noticia”, es decir, de algo que es cierto. A este núcleo pertenecen la Anunciación a la Virgen María, el nacimiento de Jesús como verdadero Dios y verdadero hombre, la aceptación de José, el anuncio del nacimiento de Juan y el múltiple cumplimiento de las escrituras. Todo lo demás se reparte entre la historieta y la crónica, entre la metáfora y una extraordinaria opción por la poética, que no por ello dejan de tener una vinculación estrecha con la realidad y que son reconocibles cuando se habla de la infancia de Jesús en varios de los evangelios apócrifos y que hacen en buena parte recordar ese libro presente en la infancia de muchos de nosotros que se titulaba “Cien lecciones de historia sagrada”.

Fuera de este núcleo la imaginación popular ha venido llenando esta parte desconocida de la vida de Jesús de construcciones magníficas y casi novelescas, pero Benedicto insiste en que lo escrito por Mateo y Lucas es historia real y que lo importante es la preservación del tesoro de la fe, es decir, de aquello que es fundamental en términos de revelación.

 

LA ESTRELLA

Es preciso tener en cuenta que las opiniones teológicas emitidas a título personal no son magisterio, lo cual no quiere decir que el lector deba desatender la experiencia de los investigadores que buscan dilucidar la biografía de Dios. Es el caso de la estrella que está vinculada al nacimiento de Jesús y a la visita de los Reyes Magos y cuyas reliquias están vinculadas a la catolicidad alemana y reposan en la Catedral de Colonia.

No siempre estuvo la estrella allí en el Pesebre; ingresó luego del Concilio de Éfeso y ha tenido varias manifestaciones como el lucero de la tarde o como la interpretación reinante hasta ahora que afirmaba tratarse del cometa Halley o como ahora lo dice Ratzinger en un despliegue de información astronómica siguiendo al astrónomo Kepler y a Wieseler, afirmando que pudo haber sido el estallido de una supernova.

Como discutir sobre la materia es más difícil, los “teólogos “ de los rumiantes no se han metido con la estrella, ya que allí se divaga menos y se requiere de mayores estudios.

En todas las religiones las simbologías es lícito interpretarlas y en este caso la “estrella como metáfora” tiene el encargo de guiar a la humanidad al encuentro de Cristo. Es bella la inversión que produce el profesor Ratzinger al afirmar que la estrella guió a Cristo a los magos y a los pastores y que una vez hallado el pequeño recién nacido, es desde entonces el que guía como estrella los destinos de la salvación.

 

 

 

 

 

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