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Tenis | Dom, 12/23/2012 - 20:09

Nadal, como un astronauta

Por: Juan José Mateo, El País

Reaparecerá en Abu Dabi, tras prepararse con una cinta de correr antigravedad. La tecnología fue ideada originalmente por la NASA.

Las heridas del guerrero se curan con alta tecnología. Rafael Nadal, campeón de 11 torneos del Grand Slam, vuelve a las pistas este viernes tras seis meses sin empuñar la raqueta por una rotura parcial del tendón rotuliano de la rodilla izquierda y una hoffitis. Le esperan, según sus previsiones, la exhibición de Abu Dabi, el torneo de Doha, los cinco sets del Abierto de Australia y la cita de Acapulco. Para empezar, el arisco cemento, tan dañino para las articulaciones de todos los competidores del planeta. ¿Cómo prepararse para eso cuando no se juega desde Wimbledon? Nadal utilizó una cinta de correr antigravedad. Rodeado de cintura para abajo por un plástico futurista, sintió cómo la máquina controlaba la cantidad de aire alrededor de sus piernas, aumentándola hasta hacerle flotar mientras corría sin dañar sus rodillas. El titán de la arcilla se cura igual que si fuera un astronauta: la tecnología fue ideada originalmente por la NASA y, con el objetivo opuesto, generar gravedad artificialmente para combatir el deterioro muscular y óseo de los enviados al espacio.

“Rafa ha trabajado el fondo físico en el gimnasio, no tanto en pista”, explica Francis Roig, el técnico que apoya a Toni en los entrenamientos del número cuatro mundial, y que pasó la semana pasada entera en pista con el mallorquín. “Ha hecho mucho: por ejemplo, correr en una máquina que le saca el peso del cuerpo, entre un 10 y un 15%. Si pesas 80 kilos, corres como si tuvieras 72. Vas cubierto con una bolsa de plástico de cintura para abajo, y eso produce que haya menos impacto, que sufran menos las rodillas”.

“No he dejado de entrenarme nunca físicamente”, explicó Nadal: “Estoy mejor de la rodilla, no estoy perfecto. Estoy con ilusión, porque veo que en estos últimos dos meses he dado un paso adelante, cosa que no había dado en los tres primeros. Empezaré a jugar en Abu Dabi y veremos cómo va todo. Depende de cómo vaya, seguiremos. Tengo dudas como es normal. Físicamente hablando, a nivel de rodilla, claro que uno tiene miedo. No sabe cómo va a responder. Lo único que puedo hacer es confiar en los médicos y en que todo vaya a salir bien. Estoy preparado para aceptar que al comienzo mi rodilla no vaya a responder bien, y que tenga que tomármelo con calma unos meses: competir, parar, competir, parar durante los tres primeros meses”.

Para ponerse en esa situación, la de volver a ser él mismo y competir con la pasión que lo caracteriza, Nadal, que durante las últimas semanas ha padecido un virus estomacal y un episodio de fiebre que han alterado el ritmo normal de sus entrenamientos, no sólo utilizó una cinta de correr futurista y de frecuente uso entre los fondistas lesionados.

Incluso lesionado, el mallorquín se aplicó con el remo, la bicicleta y la elíptica para mantener los pulmones a punto y los músculos en tensión; realizó ejercicios de equilibrio bajo las órdenes de Joan Forcades, el silencioso gurú que dirige su preparación física; nadó de buena mañana enfundado en un apretado traje de neopreno, y utilizó una máquina para muscular la rodilla que, según fuentes de su equipo, “le permite regular el trabajo, controlando las cargas, las intensidades y los pesos en los ejercicios de potenciación muscular”.

Una vez sentadas las bases para afrontar la competición —el objetivo es llegar a pleno rendimiento al cemento de Indian Wells y Miami—, el campeón de Roland Garros 2012 pisó una pista de cemento en Manacor con la prudencia del que vuelve a andar un camino conocido, pero con calzado diferente. Nadal hizo de sus espectaculares recuperaciones en extensión una de sus imágenes de marca. Esa técnica imposible colocó siempre a su cuerpo y sus articulaciones en posiciones de máxima tensión: las pelotas volvían increíblemente al mismo ritmo que su musculatura buscaba los límites de la torsión, la última frontera del esfuerzo, la última gota de sudor volcada en la búsqueda de la superación personal y la victoria. Sin renunciar a su sello, el mallorquín explora nuevas posibilidades sobre la pista.

“Le está pegando muy bien a la pelota”, cuenta Roig. “En cuanto a la movilidad, está intentando interpretar cómo moverse, ser más dinámico, deslizarse para evitar ese tirón brusco suyo en el que confía en meterla sólo con el brazo”, prosigue el técnico. “No es que vayamos a ver un cambio radical. Tiene automatismos muy fuertes, que además le han dado muchos éxitos, y es difícil cambiarlo, porque así sabe que mete la pelota”, añade.

Seis meses después, Nadal vuelve. Lo hace con prudencia. Como dice Carlos Moyá, que se ha entrenado en las últimas semanas con él: “Si va a competir, es porque se siente preparado. El fondo físico no va a ser problema, porque se ha entrenado, incluso cuando estaba lesionado. Le faltará ritmo y confianza, pero su 50 o 70% da para llegar a cuartos o semifinales, y una vez ahí, con sólo un par de partidos por delante... se vuelve peligroso”.

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