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Vivir | Dom, 12/23/2012 - 18:32

Testigos del cambio climático

Por: Mariana Escobar Roldán

En el tronco de algunos árboles quedan registrados, año tras año, como indicadores artificiales, los ciclos de lluvia y verano y hasta la entrada de rayos cósmicos galácticos a la Tierra. La información permite pronosticar el clima.

¿Será posible que las características de los árboles pertenecientes a regiones tropicales determinen condiciones climáticas pasadas y futuras?

Esa fue la pregunta que se hizo Jorge Ignacio del Valle, un investigador septuagenario que en los años 60, mientras era estudiante de ingeniería forestal en la Universidad Nacional, divagaba con la idea de que los anillos que se forman en la madera de los árboles del Trópico, como los de países con estaciones térmicas, guardaran información sobre las condiciones meteorológicas circundantes.

Pero para sus profesores del Valle, deliraba. “¡Es imposible! Este tipo de datos solo aparece en árboles de países de los hemisferios Norte y Sur, nunca en el Trópico”, respondían a sus conjeturas.

Sin embargo, y aunque no había muchos estudios al respecto, él, obstinado, insistió. E insistió tanto que hoy, en compañía de un grupo de estudiantes, demostraron que los anillos anuales, como se denominan las bandas que se forman cada año alrededor de la madera de los árboles (ver imagen 1), aparecen en varias especies nativas del Trópico, pueden dar información sobre el clima de hace más dos siglos, dar señales sobre el del futuro y almacenar referencias de la actividad solar pasada, que explica, en cierta medida, el cambio climático.

Del Valle y su equipo son los únicos que investigan al respecto en Colombia y han llegado a la conclusión de que estos anillos no se forman por las estaciones, sino que podría haber un componente genético enorme que hace que se hereden.

La técnica para observar las características de los anillos consiste en extraer con maquinaria especializada cinco centímetros cúbicos de madera del interior del árbol o en obtener discos de la misma.

Una vez teniendo la materia prima, se observa la densidad y dimensión de los anillos anuales. Condiciones ambientales como la temperatura y las inundaciones afectan su grosor. De esta forma, si el anillo es más fino, puede decirse que hubo más inundaciones; de lo contrario, se habla de temporadas secas. Así es posible determinar la intensidad de lluvias y veranos durante cada año de vida del árbol.

Uno de los grandes beneficios de esta investigación es que se puede reconstruir condiciones climáticas, de las que, al menos en Colombia, solo hay registro sólido desde 1970. “Los anillos son mucho más longevos que los registros actuales del cambio del clima”, asegura Del Valle.

Con esta información pueden observarse los cambios meteorológicos y preverse, dentro de ciertos márgenes de incertidumbre, aunque con más precisión, las tendencias para el futuro.

El investigador y su equipo obtuvieron datos sobre los últimos 150 años del río Atrato, cuando solo había análisis de 23 años. La información resultante servirá para conocer cómo será el clima en el centro del país, ya que la corriente superficial del Chocó lleva enormes cantidades de lluvia a esta zona.

Por otro lado, como algunos químicos pesados que están en la atmósfera se van almacenando en la madera de los árboles, también es posible estudiar la contaminación ambiental en las ciudades (año por año) y ver su evolución.

“Para pronosticar sobre lo que va a ocurrir hay que reconstruir el pasado y el presente”, agregó del Valle.

Según Jorge Andrés Giraldo, uno de los investigadores que apoyan a Del Valle, hay evidencias de que el cambio climático no solo depende de la conformación de gases de efecto invernadero, sino también de la energía del espacio.

Por eso, Giraldo decidió investigar si los anillos de los árboles registran la actividad del sol. Y así es. Las plantas tienen huellas de los cambios de luminosidad y energía solar, ya que éstas son sus fuentes primordiales de supervivencia.

De otro lado, Giraldo también encontró que los árboles perciben la entrada de rayos cósmicos galácticos a la Tierra, que son las partículas más energéticas que existen en todo el Universo, resultan de explosiones de estrellas y además favorecen la formación de nubes en el planeta.

Así, en las entrañas de los árboles no solo se puede ver la actividad de las estrellas, sino identificar qué tanto ha cambiado la tendencia de las lluvias y veranos mediante la concentración de nubes y de energía solar. “Los árboles son como antenas ambientales que almacenan información sobre el clima. La labor de nosotros es descifrarla”, agrega Jorge Ignacio del Valle.

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