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Fútbol internacional | Mar, 12/25/2012 - 21:00

Mourinho, en la encrucijada

Por: El País y Redacción Deportiva

Se sabe que ya se habla de candidatos para reemplazarlo y que el dinero de la indemnización ya estaría reservado.

El Real Madrid pasa por un época de depresión y ella se encarna en su polémico José Mourinho, y a pesar de que por estos días de celebraciones navideñas el técnico recibe el aparente respaldo de los directivos, los medios españoles se han volcado en contra del portugués, que aún sin completar la mitad de la temporada, tiene al cuadro merengue en la tercera casilla, a 16 puntos del Barcelona. Pero, sin duda, el punto de máxima ebullición lo desató en la pasada fecha liguera no sólo por caer 3-2 con el Málaga, sino por ‘atreverse’ a dejar en la banca al máximo símbolo, el arquero Íker Casillas.

Fueron pocos los meses que pasaron entre el festejo y la crisis. Tras la conquista del trigésimo segundo título local 2011-2012, la situación de Mourinho dio un giro drástico y la lucha por defender el campeonato es casi una misión imposible.

Pero él, controvertido por demás, quiere bajar la temperatura, repitiendo una y otra vez que “tengo la conciencia tranquila. Hago lo mejor para el equipo, lo intento por lo menos. También hace bien perder para que sepamos lo que otros sufren”, reseñó EFE. Sobre su futuro en el equipo merengue, el portugués ha reiterado que “no me he planteado dimitir, no temo por mi puesto. Ni lo pienso. El fútbol es fútbol y no temo en ningún momento por mi puesto. No soy un niño, ni llevo dos días en el fútbol. Sé que no tiene memoria. Cuenta el hoy, no el ayer ni los títulos ganados o el trabajo realizado, cuenta el momento actual”.

Las miradas entonces se centran en el presidente merengue, Florentino Pérez, quien se encuentra en una verdadera encrucijada. “La tensión no es buena”, dijo en la comida de Navidad con la prensa. Aseguran en su entorno que, cuando José Mourinho lo escuchó, se puso furioso porque sintió que el directivo cuestionaba su estilo de gestión basado en la agitación, lanzándole a través de los medios el ataque que no se atreve a dirigirle personalmente.

El mánager del Madrid siempre sospechó que nadie le decía la verdad a la cara. Y con razón. La lista de personas dentro del club que han mantenido una línea hablándole con total franqueza es breve: Pedro León, Lass, Carvalho, Cristiano, Zidane y Casillas. Paradójicamente, Mourinho no mantiene con ninguno de ellos más trato que el estrictamente profesional, si es que existe algún trato. Mourinho, que exige una sinceridad brutal, es incapaz de ocultar su repugnancia por quienes le contradicen. Conocedor de ello, Florentino Pérez le ha manifestado su apoyo con más fuerza cuanto más ha sopesado la posibilidad de destituirle de manera fulminante.

Hace un mes que Florentino Pérez emprendió una ronda de consultas entre sus hombres de confianza dentro y fuera del club. Unos consejeros, cada vez menos, le recomendaron que mantuviera a Mourinho a cualquier precio, porque de otro modo perdería su gran escudo. Otros asesores, los más conectados con el equipo, le advirtieron de que el tiempo se agotaba y que era preciso tomar medidas drásticas para tener alguna posibilidad de salvar la temporada. Le informaron de que al mánager se le había escapado el control del vestuario y que sería prácticamente imposible conquistar un título si antes no lo destituía.

Dos factores han persuadido a Florentino Pérez para no echar a Mourinho en el último mes. El primer motivo de cautela es que, según reflexiona el presidente, la destitución supondría el reconocimiento de un grave error del que él es el máximo responsable. Más que un violento giro en su política deportiva, la destitución significaría que el hombre a quien el propio Pérez concedió más poder que a ningún entrenador en la historia del club, con prerrogativas que incluso le permitieron alterar drásticamente la imagen que proyectaba una institución centenaria, fue el hombre equivocado. El presidente teme que, tras sus continuadas y vehementes muestras de apoyo, su identificación con Mourinho le exponga al juicio de los socios.

El otro factor que inspira cautela en el presidente es la indemnización por la rescisión unilateral del contrato, que asciende a 20 millones de euros. En el Madrid aseguran que la cantidad está reservada desde hace semanas por si, finalmente, se produce lo inevitable. Los 20 millones de la rescisión se sumarían así a los 20 que pagaron al Inter por su fichaje, totalizando gastos por 40. El propio Pérez observa que esta cantidad es difícilmente justificable por un técnico que solo ganó una Copa y una Liga.

Zidane se encuentra entre los colaboradores que han invitado a Pérez a plantearse la destitución de Mourinho si el equipo no funciona. Algunos de estos asesores sostienen que, aunque suponga el reconocimiento de un error, tomar decisiones es un deber del presidente en momentos de crisis. Le han avisado de que, de no echarlo, lo más probable es que se encuentre en marzo fuera de todas las competiciones. Un asesor que conoce al vestuario le recordó al presidente que cuando Abramóvich despidió a Mourinho del Chelsea en 2008, el equipo reaccionó alcanzando la final de la Champions. El entrenador de reemplazo fue Avram Grant. Como Toril, casi un desconocido. Irrelevante, en cualquier caso, para estimular a una plantilla que, como ahora ocurre a los jugadores del Madrid, estaba deseosa de demostrar que valía más que su mánager. El presidente sabe desde hace un mes que los futbolistas desean liberarse de Mourinho para poder reivindicarse. Pero desconfía de esta solución.

Según fuentes del club, Zidane le sugirió al presidente que Marcello Lippi sería un técnico provisional magnífico. Le avala su don de gentes tanto como su maestría para gestionar eliminatorias a doble partido (ningún otro técnico ha dirigido más finales de Champions). Fascinado ante la posibilidad de dar con la tecla, Florentino investigó la posibilidad de contratar al italiano con resultados decepcionantes. Lippi es el entrenador mejor pagado del planeta y tiene dos años más de contrato con el Guanghzou chino. Su fichaje es una quimera y los rastreadores del club no descubren otro candidato que ofrezca garantías suficientemente tranquilizadoras para un presidente que no encuentra la salida.

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