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Opinión | Sab, 12/29/2012 - 23:00

Tenemos santa

Por: Héctor Abad Faciolince | Elespectador.com

Le salió competencia al padre Marianito de Yarumal: la Madre Laura de Jericó. ¿Cuál de estos dos beatos antioqueños será el primer santo de Colombia?

¿Quién fue más santo, cuál es más milagroso? La carrera por la santidad ha estado muy reñida. Marianito nació antes, en 1845, y murió también antes, en 1926. La madre Laura es de 1874 y murió en 1949. Pero la causa por la beatificación de la mujer empezó primero, en 1963; la del hombre, apenas en 1980. Sin embargo, Marianito se le adelantó en el reconocimiento de los milagros y el Papa lo declaró beato el 9 de abril del año 2000; a la Madre Laura, cuatro años después, en 2004.
Las reliquias de ambos están expuestas: la momia completa de Marianito, en Angostura, pues cuando lo desenterraron resultó que su cuerpo estaba perfectamente conservado. Al enterarse, gente con navajas y tijeras llegó de Yarumal a llevarse pedazos del cadáver, pero los de Angostura defendieron la momia con machetes y palos, con tal de que no lo desguazaran, y lo conservaron intacto. Las reliquias de la Madre Laura se obtuvieron de un modo más pacífico. A su muerte, con escalpelo, se le sacó una costilla (tal como hizo Dios con Adán), y esta se repartió en pedacitos por las casas de su congregación regadas por el mundo. En Jericó reposa un trocito de esta costilla, encerrado en un relicario en el lugar de su nacimiento. En la catedral conservan también una falange de su segundo dedo del pie derecho. Ignoro el destino de las demás falanges.

Hasta hace algún tiempo lo más milagroso de la madre Laura era la cama. Llevaban un enfermo a Jericó y lo dejaban tenderse un ratico en el que fuera su lecho de muerte. Algunos se levantaban sanos de sus dolencias; otros se sentían al menos reconfortados. Ahora hay una silla con tejido de mimbre que fue también de la beata. A los muy necesitados los dejan sentarse un momento en la silla; es una silla para curarse. Ha habido quien se siente con reumatismo y se levante aliviado.
El otro día, intrigado con todas estas noticias, subí en peregrinaje a Jericó, el pueblo de mis ancestros. Mi abuela, que tenía un Montoya entre sus apellidos, decía que éramos primos de la Madre Laura, y para un ateo es una bendición tener una posible santa entre sus parientes del cielo. En la casa natal de la Madre Laura se me informó que lo más probable es que esta sea canonizada el próximo 21 de octubre, que es la fecha de su muerte. No es imposible que el mismo Papa venga a Jericó para la ceremonia. Si se la santifica en Italia, medio Jericó se irá para Roma. Que la primera santa de Colombia sea de este pueblo, el más bonito de Antioquia, no es cualquier bobada.

En su casa natal compré la Autobiografía de la Madre Laura. Son más de 1.200 páginas en letra pequeña que no he leído completas. Pero el solo principio parece una novela de realismo mágico. Su madre “era tan seria en sus afectos, que jamás recuerdo que nos hubiera besado”, cuenta Laura. Una verdadera matrona antioqueña, dura y seca, que todas las noches obligaba a su hija a rezar por Clímaco Uribe. Un día la niña preguntó quién era ese a quien tanto amaban y por quien rezaban a diario; su madre contestó: “el que mató a su padre”. Así aprendió Laura a amar a sus enemigos, los liberales. Laura no recibió ningún afecto en su niñez, ni nunca. Declara: “el afecto humano me es completamente extraño”. En una broma infantil, sin embargo, la casan con su hermano, y los mandan a vivir juntos a un chiquero, para que se mantengan. Su misión fue salvar del paganismo a los indígenas.

La Madre Laura fue sin duda un personaje muy peculiar. A los 30 años ya le habían dedicado una novela (Hija espiritual, de Alfonso Castro) a la cual ella respondió con un sacrificio y un escrito: “Tomé un cuchillo enrojecido al fuego y me hice, en un transporte de amor que me enloquecía, una cruz en el pecho, quemándome”. El escrito se llama “Carta abierta a Alfonso Castro”, y se la corrigió don Tomás Carrasquilla. Talante de santa.

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