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Judicial | Sab, 12/29/2012 - 21:06

En caída de Viviane Morales

Por: Ferleyn Espinosa

El desconocido estudiante de derecho Ferleyn Espinosa fue quien interpuso la demanda que cobró la cabeza de la exfiscal Vivian Morales. Un fallo que trajo consecuencias políticas.

Soy un hombre común y corriente, mi vida no ha cambiado en absoluto. Soy poco amigo de los medios, desde hace siete meses no hablaba con ninguno hasta hoy, porque creían que iban encontrar la imagen de Marlon Brando, pero se chocaron con personas sencillas y de oficina.

Nací en una familia humilde de Bogotá y tengo tres hijos —Andrés Felipe, Gabriel y Natalia—. Fui conocido en varias escuelas, pero al final no me gradué de ninguna, porque me salí a los 17 años para trabajar en oficios varios. Fui mensajero de Aservin, administrador de parqueaderos, hasta soldador de muelles de buses, por lo que sufrí de epilepsia por las condiciones en que trabajaba.

No tengo partido político porque no creo en ellos, sólo buscan intereses personales y no la manera de cambiar la situación actual. Creo en la justicia, pero también me decepciona cuando se cometen arbitrariedades en las penas carcelarias de personas que actuaron justificadamente.

Fui bachiller a los 28 años porque mi esposa me obligó a hacerlo. Ahí mi vida cambió, mi tío, Hernando Benavides, abogado y dueño de una firma donde trabajo, me patrocinó mi carrera en la Universidad Republicana. Ahí empezó lo que conocen ustedes como el “Yo tumbé a Viviane Morales”, en un ejercicio individual que yo quería hacer desde mi carrera de abogado como mi primer acercamiento al litigio.

La idea se originó gracias al abogado Miguel Antonio Monroy con quien yo trabajaba. Él me dijo que muchos criticaban y pocos intentaban cambiar las cosas. Esas palabras fueron las que me animaron a presentar la demanda contra la elección de la fiscal general de entonces, Viviane Morales.

Durante 20 días se trabajó a conciencia con base en otras demandas presentadas, pero que no prosperaron. En un momento, se llegó a pensar en que Miguel de la Cuesta debía ser el firmante, pero el 2 de febrero de 2011 decidí que era yo el indicado y se radicó ante el Consejo de Estado, que finalmente aceptó e inició el proceso.

Muchos medios aprovecharon la coyuntura política para decir que existían intereses políticos. Yo sí les puedo asegurar que las personas que me ayudaron fueron mi tío y De la Cuesta, el resto sólo dio opiniones. Muchos de los comentarios, que venían de personas de mi facultad, eran en contra de la demanda por la forma en que se escribió y presentó. Aunque la alegría del éxito de la demanda fue gradual y sentía emoción cuando ésta prosperaba y las palabras de los contradictores quedaban en el aire, el sentimiento de triunfalismo nunca estuvo conmigo.

Yo acepto que no busqué a Viviane Morales después de los hechos. Ella es una persona a la cual admiro mucho por su labor, ya que la demanda fue antes de su ejercicio y no posterior a sus actos. No he tenido el privilegio de hablar con ella y nunca lo intenté, pero no me arrepiento de nada de lo que hice, porque las cosas se dan de la manera correcta y respetando la Constitución, no como otros presidentes. Mi demanda marca un presente para futuras elecciones en la Corte Suprema, y, además, este proceso demostró que los ciudadanos de a pie también tienen participación en la toma de decisiones políticas.

Después de esos meses de crítica, especulaciones y comentarios de manera maliciosa, sólo me acompañaron mi familia, amigos de la universidad y compañeros de la oficina. Ahora, espero terminar mi especialización en derecho laboral y continuar con mi vida profesional. En cuanto al nuevo fiscal general, creo que se ha desempeñado de manera adecuada y no critico sus errores, porque le hace falta a uno estar ahí en ese momento, para tomar el tipo de decisiones que el cargo requiere.

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