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Buen Viaje VIP | Mar, 01/01/2013 - 21:00

Chivor, la represa de las cometas

Por: Mariana Suárez Rueda

A dos horas de Bogotá se esconde en medio de las montañas un paraíso para los aficionados al kitesurf, un deporte apasionante que combina velocidad, agilidad, trucos y mucha adrenalina.

Unos minutos impulsado por el viento, encima de una tabla de surf y con una gigantesca cometa en las manos que se eleva a muchos metros sobre el agua son suficientes para dejarse cautivar por un deporte que cada vez adquiere más seguidores: el kitesurf. Por lo menos, eso fue lo que le pasó a Nicolás Ordoñez, un estudiante de medicina, que desde hace cuatro años pasa sus fines de semana y vacaciones navegando en extraordinarios parajes colombianos.

Desde que tomó la primera clase en Cartagena, el kitesurf se convirtió en el eje de su vida y la de su familia. Su hermano y su papá comparten la misma afición por las cometas y su mamá se ha dejado contagiar al punto de acostumbrarse a que en su casa sólo se hable de kite.

La isla de San Andrés, Puerto Velero, en Barranquilla; el Lago Calima, en el Valle del Cauca; el Cabo de la Vela y Punta Gallinas, en La Guajira, son lugares extraordinarios para navegar. El viento es perfecto casi todo el año y el paisaje hace que la experiencia sea única.

Sin embargo, muy cerca de Bogotá, a tan sólo dos horas en carro saliendo por la autopista norte y tomando el desvío al embalse del Sisga, en pleno Valle de Tenza, se encuentra un pequeño paraíso para los amantes de este deporte. Cuando Nicolás lo descubrió supo que era el lugar indicado para dar clases y construir un hostal. Chivor Kite (ordonic@hotmail.com) es el nombre de este encantador hospedaje, que abrirá oficialmente sus puertas en unas semanas. Su principal atractivo es la espectacular vista a la represa y contar con las cometas, arneses, chalecos y tablas suficientes para varios aprendices. También tendrá jacuzzis, cancha de voleibol, BBQ y una amplia zona social con hamacas y puffs.

Entre seis y siete clases son suficientes para aprender a manejar la cometa y las nociones básicas del kite. Algunos pueden incluso llegar a pararse en la tabla. Pero es indispensable practicar para ser más hábil, poder navegar y si se quiere comenzar a hacer trucos en el aire, aprovechando la fuerza del viento. En Chivor, por ejemplo, los días que sopla fuerte es posible saltar hasta 12 metros sobre el agua.

Diciembre y enero son los mejores meses, porque es cuando el viento sopla con más fuerza. Sin embargo, hay horas del día en que no se puede navegar y son esos tiempos muertos, los perfectos para conocer las maravillas naturales de esta zona de Boyacá, que colinda con los Llanos Orientales. En kayac o en lancha se llega a extraordinarias cascadas, hay senderos para caminar y disfrutar de la vegetación, y durante el verano el clima es ideal para broncearse.

Generalmente, quienes van a aprender o a practicar kitesurf a Chivor lo hacen acompañados, y mientras navegan, sus parejas o amigos descansan en una playa de pasto en donde se arman carpas para dormitar o protegerse en caso de lluvia, se hacen picnics, se intercambian revistas y se toman unas cervezas mientras se habla, siempre, de algo que tenga que ver con el kite.

Muchos de los alumnos de Nicolás han terminado heredando esa misma pasión por las cometas. Aunque se requiere una inversión inicial cercana a los cuatro millones de pesos para tener un equipo propio, todos coinciden en que vale la pena. El kitesurf es un estilo de vida, un hobby, una afición, un deporte que permite disfrutar de la naturaleza y descubrir playas, lagunas y represas increíbles de Colombia y el mundo.

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