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Opinión | Mie, 01/02/2013 - 23:00

De Clara Rojas

Por: Cartas de los lectores | Elespectador.com

Noto con sorpresa que sus columnistas en esta semana han estado bastante interesados sobre la acción legal que interpuse para evitar la exhibición de la película Operación E.

Sin embargo, y agradeciendo su interés, noto en las letras de Santiago Gamboa, un tono bastante desacomedido, quizá por el final del año, lleno de melancolía y al parecer desafortunadamente la ha agarrado contra mí. Desconozco la razón, yo lo único que he hecho es impetrar una acción legal para proteger los derechos que la Constitución concede a menores. He pedido el amparo legal para un menor víctima del conflicto armado. Por qué le parece al columnista una noticia tan increíble, será que no cree, como los productores de cine, que en Colombia hay constitución; y personas que respetar.

Por supuesto, el séptimo arte es un arte, pero si es ficción por qué se vale de nuestros nombres propios, sin nuestro consentimiento, para atraer la atención con nuestro dolor y el de mi hijo. Eso sí no le parece increíble al columnista.

No considero que se trate de un tema de qué verdad debe prevalecer en los términos que lo plantea el columnista. Sí hay que hacer claridad que el caso de Crisanto sigue estando sub judice, y es la hora en la que aún no sabemos si fue el campesino que lo cuidó, o el que lo tuvo varios meses secuestrado. Recordemos igualmente que el Bienestar Familiar se lo quitó por maltrato severo. No es cierto que el asunto se haya cerrado por falta de pruebas. De hecho, la sentencia que le permitió salir de la cárcel fue impugnada por la Fiscalía, la Defensoría del Pueblo y el Ministerio Público.

Un país es libre en la medida que permite el debate con respeto. ¿Por qué le cuesta tanto al columnista entender que hay un derecho superior que es el de un menor de edad?.

No me corresponde hablar sobre la historia de Crisanto, pero entonces ¿por qué meten a mi hijo en toda la trama? ¿Incluso hasta en el nombre de la película? Me pregunto cómo se debería haber llamado la película, para eso sí no les alcanzó la imaginación.

Si en la promoción de la película no se hubiese usado mi nombre ni el de mi hijo; si en toda la trama ni siquiera apareciera la imagen de un niño que interprete a mi hijo, ¿sería la misma película? ¿Quizá hubiese generado menos atención? Es posible.

Esto es más bien una inocentada del columnista, no entender que hay unos aprovechados mercaderes del dolor. Nuestra Corte Constitucional ha dicho, incluso, que en esos eventos en que no se usan los nombres propios, pero se puede inferir de quién se trata, también hay lugar a la protección.

Entiendo por libertad el ejercicio de un derecho sin afectar a otros. Lástima que ni los productores, ni el columnista quieran entender este principio básico de convivencia. Eso sí es increíble.

Clara Rojas. Directora de País Libre.

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