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Economía | Mie, 01/02/2013 - 20:50

Washington elige el camino que conduce a un segundo precipicio

Por: Edward Luce (Washington) / Financial Times

Se logró que los ricos paguen más impuestos y se evitó una recesión inminente, pero los analistas dicen que las probabilidades de un cese de pagos de ese país en 2013 aumentaron.

El precipicio logró evitarse (por unas pocas horas). Sin embargo, Washington sólo ha cambiado un abismo por otro. El acuerdo, que fue rápidamente sellado entre Joe Biden y Mitch McConnell y aprobado a las 2 a.m. hora local del día de ayer, apenas sienta las bases para un enfrentamiento todavía mayor que se librará dentro de dos meses. Los demócratas pueden decir que lograron una victoria política al haber asegurado el primer aumento a los impuestos de los ricos en más de dos décadas. Los republicanos pueden tener más ventajas para el siguiente debate sobre el techo de la deuda soberana, pues ésta coincide con el próximo abismo fiscal.

Hay tres puntos importantes que deben tenerse en cuenta sobre los difíciles detalles que rodearán a las maniobras que se darán en Washington. Primero, el miniacuerdo probablemente sea negativo para las proyecciones de crecimiento de Estados Unidos. No hay nada sobre el estado de su economía real que pueda soportar una crisis fiscal que se prolonga indefinidamente, y que probablemente empeore. El miniacuerdo le pondrá fin al recorte de 2% en los impuestos sobre los salarios, que le ha permitido a la economía de los Estados Unidos crecer durante los últimos dos años. Es posible que el acuerdo mejore la confianza de los consumidores y genere alzas en Wall Street, pero ambas serán ventajas temporales.

Segundo, Obama sigue siendo tan distante en su estilo de negociación como lo fue durante la crisis del techo de la deuda de 2011. En cuanto a política económica, Obama sigue perdiendo terreno y sus adversarios se aprovechan de él. Su propuesta a principios de diciembre para evitar el abismo fiscal habría sido positiva para la economía de los Estados Unidos. También ha demostrado ser mucho más flexible que John Boehner. Sin embargo, en términos de cómo opera, Obama no hallará a su Lyndon Johnson interno.

El domingo pasado David Brooks describió de forma memorable a Obama como un gobernante que “nos visita desde una civilización moralmente superior”. En lugar de encerrar a los líderes del Congreso todos los días en la Casa Blanca hasta que llegaran a un acuerdo, Obama dejó las conversaciones en manos del Senado, y eventualmente de Joe Biden. Esto no es un buen presagio para lo que viene en 2013. Obama debe asegurarse de que no se desperdicie otro año en precipicios o tendrá poco espacio para desarrollar la agenda de su segundo período.

Tercero, no vamos a ver una conversión de los republicanos hacia la conciliación. Los demócratas pueden tener liderazgo débil, pero los republicanos casi son gobernados desde los escalafones inferiores. Obama podría cumplir con lo que ofrece en una negociación, incluso si la base demócrata no está de acuerdo; pero ni Boehner ni McConnell pueden tener la misma confianza en que podrán influir a los republicanos. Muchos republicanos han votado a favor de un aumento a los impuestos de los ricos, pero ahora exigirán algo a cambio en la forma de duros recortes al gasto para evitar la crisis de la deuda de primavera. Obama, entretanto, exigirá incrementos adicionales en los impuestos por cada dólar de recortes al gasto. Es difícil saber cómo esta lucha puede ser positiva para el crecimiento de Estados Unidos. El lunes, Andy Lapierre, de International Strategy and Investment, aumentó a 25% las probabilidades de que haya un cese de pagos por parte de este país en 2013.

Si esto tiene algo de positivo es que el próximo enfrentamiento le permitirá a Obama la posibilidad de solucionar el tema fiscal en el Congreso durante el resto del legislativo actual. Si lo logra, reunirá impulso para atender sus prioridades, que incluyen una reforma a la inmigración y hacer algo en contra del calentamiento global.

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