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Política | Mie, 01/02/2013 - 20:57

Gregorio Eljach: "El Congreso es irrevocable"

Por: Hugo García Segura

Para el secretario del Senado, un régimen sin Legislativo es simplemente una dictadura. Agilidad, eficiencia y transparencia, sus metas.

Con una imagen desfavorable cercana al 70%, el Congreso termina el año siendo otra vez una de las instituciones más desprestigiadas. Una realidad que el hoy secretario general del Senado, Gregorio Eljach Pacheco, está empeñado en revertir, pese a que su elección en el cargo ha sido demandada. En diálogo con El Espectador, se refiere al proceso de modernización del Legislativo, a la propuesta de revocar el Congreso, a la demanda contra su elección y a la responsabilidad de los congresistas en la falta de credibilidad de la institución.

¿Es cierto que la Secretaría del Senado es el cargo más influyente en el Congreso?

Se ha sobredimensionado esa influencia. El secretario es el garante de la fe pública, el notario de las decisiones que adopte la corporación. Debe ser el articulador, la bisagra para que todo funcione. Pero al mismo tiempo es un subalterno de los senadores.

Entonces no tiene todo el poder que se le atribuye...

No lo he sentido. Las funciones del secretario están regladas por la Constitución y la Ley Quinta, y jamás he tenido tentación de desbordarlas. Mi función es la de coordinador de la tarea legislativa. Me preocupo por mantener una fluida relación entre el Congreso y las otras ramas del poder.

¿En qué consiste el proceso de modernización del Congreso?

Es un proceso transformador para profundizar el régimen democrático. La Ley 1147 de 2007 estableció en el secretario general del Senado la responsabilidad de desarrollar el proceso para convertir al Congreso en una institución ágil, eficiente y moderna.

Se habla de buscar la certificación de calidad. ¿En qué va eso?

Esa certificación es resultado del proceso de modernización y espero lograrla durante mi período. Implica una mejora continua y resultados planificados en los procesos internos, administrativos y legislativos.

¿No cree que los mismos congresistas son los responsables de la mala imagen?

Por supuesto. Porque la opinión se generaliza sobre las eventuales fallas de los congresistas y afecta a la institución. Eso no ocurre con el Gobierno, donde un ministro puede ser impopular y el Gobierno mantiene su prestigio.


Hay una demanda a su elección en el Consejo de Estado. ¿Le preocupa?

Claro, me preocupa, pero no me desvela. Cualquier ciudadano puede demandar la elección de un funcionario público, y yo lo soy. Pero tengo la certeza de que mi elección, además de muy reñida y difícil, fue legítima.

Esa demanda alega que su elección no fue hecha con votación pública...

El voto es, por naturaleza, secreto. Entiendo que algunas bancadas solicitaron que fuera público, por consideraciones éticas coyunturales. Pero algunos congresistas no se sintieron legalmente obligados a revelar su voto. En ese sentido, se dieron amplios debates el día de elección, que reposan en los archivos documentales.

Dicen que los votos con que fue elegido no son suficientes...

Obtuve casi la tercera parte de los votos emitidos (92) entre 116 candidatos. Considero que la mía fue una elección legítima. Si la votación hubiese sido abrumadora, ¿no estarían diciendo que la elección fue amañada?

Y como notario del Senado, ¿puede asegurar que los senadores están cumpliendo?

Veo un Senado con caras jóvenes y deseos de hacer cambios. El Congreso está en sintonía con el mismo espíritu reformista del Gobierno. Las leyes para aclimatar un proceso de paz han sido muy importantes. Los debates de control político se realizaron con plenas garantías. Creo que es un Congreso que cumple su tarea.

Un Congreso que aprueba las leyes a “pupitrazo”, ¿debería ser revocado a “sombrerazos”?

Como frase es muy buena; como opinión, improcedente. El Congreso es la máxima expresión de la democracia. Un régimen sin Congreso es simplemente una dictadura. De los congresistas que violen la ley o el régimen de inhabilidades se ocupan la Corte Suprema, el Consejo de Estado, la Procuraduría, la Contraloría y hasta la Fiscalía General de la Nación. De los que incumplan sus promesas de campaña deben ocuparse los electores. Pero el Congreso es irrevocable y soberano.

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