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Opinión | Vie, 01/11/2013 - 23:00

¿Uh, ah, Chávez ya se va?

Por: Esteban Carlos Mejía | Elespectador.com

El culto a la personalidad es un rezago del siglo XX. Persiste aún en republiquetas tropicales y en democracias frágiles. Combina tres elementos: caudillo + partido + propaganda.

Caudillos abundan a derecha e izquierda. Capataces gritones o zalameros, según la ocasión, que hace al ladrón. Mesías o falsos mesías, salvadores de nadie, verdugos de todos. ¿Partidos? Sumisas organizaciones eclesiales o paramilitares, encargadas de trepar el déspota al caballo y ponerlo a galopar. La propaganda lubrica el Poder: suaviza lo áspero, abrillanta lo opaco, hace creer a las masas que el patrón es invencible, intocable, invulnerable e inmortal.

¿Qué pasa cuando el caudillo muere, huye o se suicida? La debacle. La hecatombe. ¡El acabose! Nada (o casi nada) queda. Todo (o casi todo) se derrumba. Las cenizas del autoritarismo se las lleva el olvido. ¿Qué resta hoy, por ejemplo, del mando omnipotente de Iósif Stalin? Nombrado secretario general de los bolcheviques en 1922, al poco tiempo impuso decisiones cruciales en economía, política, relaciones internacionales, lingüística. Amado y odiado, murió en 1953, lo enterraron y sanseacabó. Menos de tres años después, de él no quedaba ni el pegado. ¡Adiós, Stalin!

Mao Zedong tomó el poder en 1949 y gobernó sin titubeos hasta el día de su muerte en 1976, casi treinta años de dictadura proletaria. Murió, lo embalsamaron y sanseacabó. Hoy en día, China no es precisamente la nueva democracia que él anhelaba. ¡Adiós, Mao!

¿Y Tito? ¿Quién se acuerda de Josip Broz, el Mariscal Tito, que, desde 1945, con guante de seda y mano de acero, unió en una federación a seis naciones antagónicas? Bajo su mando inapelable, Yugoslavia llegó a ser la más próspera de las economías centralizadas del Pacto de Varsovia, equidistante de Moscú y Washington. Tras 35 años en el poder, murió en 1980, lo enterraron y sansesacabó. Los pueblos que había maniatado se fueron a la guerra, todos contra todos, calamidad brutal, violaciones, genocidios. ¡Adiós, Tito!

Chávez es caudillo, comandante y presidente desde 1999. ¿Es invencible? Hasta ahora nadie le ha podido ganar. ¿Intocable? Eso piensan él, Diosdado y Maduro. ¿Es invulnerable? Con la próstata no se juega. ¿Inmortal? Vanidad de vanidades. Elegido y reelegido por el pueblo, ha sido incapaz de transformar de veras a su país, pese al “socialismo del siglo XXI”, mera entelequia castrense, charlatanería propagandística para consuelo o desconsuelo de las masas, embrutecidas por el agobiante discurso bolivariano. Venezuela —al igual que Cuba tras 54 años de Revolución— sigue siendo una nación monoproductora, dependiente, desindustrializada, al vaivén de las improvisaciones socioeconómicas de un golpista inculto, demagogo y reaccionario. ¿Lograrán el PSUV y su propaganda mantenerlo vivo después de muerto? ¿Perdurará su memoria más que la de Stalin, Mao o Tito? Lo dudo. Por eso, ¡adiós, Chávez, adiós gordito! Muy pronto la historia se arrepentirá de haberte engendrado.

Rabito de paja: “Si los presidentes se eligieran como se venden las pastas de dientes, no estarían gobernando los políticos sino los publicistas”: Alberto Lleras Camargo, 1966.

 

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