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Judicial | Vie, 01/11/2013 - 22:00

Una estocada al mito 'para'

Por: Redacción Judicial

Según esa entidad, fue el deseo de controlar el narcotráfico, y no la lucha contrainsurgente, la razón del accionar de las autodefensas. Y las bacrim no hicieron sino heredar el negocio.

En Colombia los grupos armados ilegales han tenido la costumbre de justificar su barbarie recurriendo a mitos fundacionales. Algo así como una razón de ser que, para ellos, raya con el heroísmo. En el caso de los paramilitares, su misión, según dicen, fue la de combatir a las guerrillas debido a que el Estado era incapaz de proteger a los ciudadanos. El más reciente informe de la Fundación Ideas para la Paz, conocido por El Espectador, apunta a que lo dicho por los ‘paras’ es, a la luz de las cifras, poco cierto.

Esa organización es enfática: si algo motivó a los paramilitares a hacer lo que hicieron, a perpetrar masacres y generar desplazamiento, fue su deseo de controlar el negocio del narcotráfico y no el de combatir a sus enemigos: las Farc y el Eln. Las cifras, dice Ideas para la Paz, son concluyentes. De acuerdo con esa organización, en apenas 100 de los 531 municipios donde los paramilitares tuvieron presencia entre 1997 y 2002, la guerrilla era una amenaza real.

En 152 de ellos no había, siquiera, presencia de estas organizaciones ilegales. Lo que sí había en la mayoría de los 531 municipios eran cultivos ilícitos. Así ocurrió en más de la mitad de ellos. No hay que confundirse. Ideas para la Paz no niega que entre los ‘paras’ y las guerrillas hubo enfrentamientos. Sin embargo, recalca que fueron parte de una guerra por el control de los cultivos y las rutas del narcotráfico, no de una campaña contrainsurgente.

Según el informe, escrito por Camilo Echandía Castilla y que será presentado próximamente a la opinión pública, entre 1997 y 2002, cerca de 201 municipios fueron escenarios de combates entre las guerrillas y las autodefensas. Escasamente en el 36% de ellos las organizaciones guerrilleras eran una amenaza real para la población por su poca presencia. Por otro lado, en el 51% de estos lugares había cultivos ilícitos. Las demás localidades, en su mayoría, pertenecían a rutas del narcotráfico que paramilitares, guerrilleros y narcotraficantes usaban para sacar la droga de Colombia hacia el exterior. Así ocurría en Caquetá, Putumayo, Nariño y el sur de Bolívar, entre otras regiones.

Ideas para la Paz sintetiza así la historia: en 1982, sectores del narcotráfico, la ganadería y el empresariado afectados por las acciones de las Farc y el Eln crearon las primeras organizaciones paramilitares, entre ellas Muerte a Secuestradores (MAS) y las autodefensas del Magdalena Medio. A finales de la década esos grupos se habían extendido a otras regiones, como los Llanos Orientales y Urabá.

Lo hicieron de la mano de capos como Pablo Escobar y Gonzalo Rodríguez Gacha, quienes vieron en ellas una herramienta para protegerse de las guerrillas y pasar a la ofensiva. Así llegaron a los santuarios de las Farc y el Eln y empezaron a disputarles a estas organizaciones el control del negocio del narcotráfico en una guerra que afectó en su mayoría a civiles y no a paramilitares y guerrilleros.

En esa guerra, de acuerdo con Ideas para la Paz, las guerrillas fueron, casi siempre, superiores a las autodefensas en el campo de batalla. La respuesta de los paramilitares fue atacar el eslabón débil: a la población civil que era obligada a colaborar con las Farc y el Eln. Es por ello que el 90% de las víctimas de las autodefensas no fueron guerrilleros sino civiles. Gracias a esa campaña de dejar al pez sin el agua, los paramilitares fueron obligando a las guerrillas a replegarse y eso les permitió controlar los cultivos y las rutas.

Para no sucumbir, las Farc y el Eln recurrieron a la misma estrategia de sus enemigos y, de nuevo, la sociedad civil pagó los platos rotos. Así fue hasta inicios del siglo XXI, cuando lo hecho por los paramilitares, junto con los golpes propinados por la Fuerza Pública a las Farc y el Eln, obligaron a las guerrillas a replegarse y permitió que las autodefensas se consolidaran en varias regiones, dice el documento de 32 páginas.
Con ese panorama, los paramilitares negociaron la paz con el presidente Uribe. Entre 2003 y 2006 se desmovilizaron 31.000 de sus miembros.

Entonces fue el “fin” de los paramilitares. No obstante, no pasó un año para que a las autodefensas les salieran sucesores. Había indicios de que los jefes paramilitares que se habían sometido a la justicia les habían dejado el negocio a subordinados que no se desmovilizaron y que empezaron a ser las cabezas visibles de la criminalidad.

Desde Locos hasta Cuchillos, la geografía colombiana se fue plagando con los herederos de los paramilitares: las bandas criminales. ‘Rastrojos’, ‘Urabeños’, ‘Paisas’, se apoderaron del negocio y, a diferencia de sus antecesores, no dudaron en aliarse con las Farc y el Eln para sacar una mejor tajada. Ese matrimonio fue el responsable de la violencia en regiones como Nariño y Putumayo. En otras zonas, las masacres y el desplazamiento fueron, o, mejor dicho, son producto de guerras entre las bandas para quedarse con el control del narcotráfico. Durante el gobierno de Juan Manuel Santos, estas organizaciones empezaron a fragmentarse debido a que sus cabezas han sido capturadas.

Cayeron, entre otros, Diego Pérez, alias Diego Rastrojo; Henry de Jesús López, alias Mi Sangre, y Maximiliano Bonilla, alias Valenciano. No obstante, hoy se contabilizan más de 4.100 integrantes de estas organizaciones que hacen presencia en 271 municipios, de acuerdo con el informe de Ideas para la Paz. De todas maneras las reconfiguraciones de poder en estas organizaciones han derivado en una ola de violencia para establecer jerarquías. La masacre en Envigado (Antioquia), ocurrida el 31 de diciembre de 2012, y la acaecida en Bogotá hace una semana son una muestra de ello.

Pero para Ideas para la Paz el problema es el mismo: la alianza criminal del narcotráfico, los paramilitares y sus herederos. Los grandes carteles se desmoronaron, los capos fueron extraditados y, no obstante, el problema continúa. Al final, nada de contrainsurgencia. Negocios, sólo negocios.

 

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