ELESPECTADOR.COMImprimir

Opinión | Sab, 01/12/2013 - 23:00

Puntajes bajo la lupa

Por: Hugo Sabogal | Elespectador.com

En el mercado del vino existen especialistas que puntúan los vinos.

Justo antes de finalizar el año, el crítico estadounidense Robert M. Parker Jr., cuya nariz está asegurada en más de un millón de dólares, anunció la venta de una parte sustancial de su famosa revista The Wine Advocate, publicación que, durante décadas, ha sido el catalejo a través del cual los entusiastas y compradores serios de vinos buscan sabia orientación antes de realizar sus compras.

Aparte de la incorporación de tres nuevos socios asiáticos, Parker anunció que trasladará la sede de la revista de Estados Unidos a Singapur, desde donde The Wine Advocate comenzará a ejercer una marcada influencia en el creciente mercado del Lejano Oriente. Y como los consumidores de esa parte del mundo no son conocedores, la voz de Parker les servirá de ayuda a la hora de las decisiones.

El secreto de Parker ha sido su sistema de calificación de 100 puntos, que últimamente ha sido puesto en entredicho por varios entendidos. Otras revistas, como Wine Spectator (de Nueva York) y Decanter (de Londres) también lo han adoptado, aunque existen críticos como la británica Jancis Robinson, que utilizan metodologías de análisis similares, pero sobre una escala de 20.

Y ahí viene la primera confusión: ¿cómo pueden unos críticos decir que un vino merece 95 puntos de calificación, mientras que otros apenas le asignan al mismo ejemplar 18, así se trate de dos enfoques diferentes? No obstante, vale señalar que quienes califican basándose en la escala de 100 jamás puntúan por debajo de 70, porque ese es el nivel más bajo de cualquier calificación.

Por otro lado, se han empeñado en creer que a Parker y a otros críticos sólo los motiva el amor por la bebida. Pero la trascendencia de sus puntajes se ha convertido en un ejercicio de negocios de proporciones incalculables, pues una cifra alta puede subir los precios y bajar la disponibilidad del producto en el mercado, y una cifra baja puede reducir las ventas de una bodega y hasta llevarla a la quiebra.

Otra confusión derivada de los puntajes es que un mismo vino puede recibir calificaciones contradictorias por parte de los especialistas, lo que demuestra otra realidad: que la crítica, al ser subjetiva, es particular y no universal. Además, las cifras no discriminan por estilos, y esto genera una nueva confusión. Y es que una valoración de 95 puntos aplica por igual a un vino denso y complejo que a uno tenue y delicado. Todo esto sin mencionar que el mismo sistema aplica a blancos, tintos, rosados, dulces y licorosos.

Entonces, si desaparecieran los puntajes y los ranking, ¿qué nos guiaría frente a una avalancha de vinos? Ante todo, hay que entender que los consumidores solamente prueban una mínima fracción de todo lo disponible en el mercado y, por tanto, esperan el concepto de un evaluador calificado para que los oriente. Por eso es que los puntajes han terminado por convertirse en el último enunciado.

Además, en los mercados más desarrollados, los puntajes son un elemento central en la venta del producto en tiendas y supermercados. Y los productores también hacen alarde de las cifras. Es lógico: a mayores dígitos, mayores ventas.

Incluso, los mismos medios de comunicación especializados utilizan los puntajes como gancho de circulación y como vía rápida para facilitarles a sus lectores la apreciación de un vino.

Como una cifra no puede decirlo todo, ha sido importante acompañarla de comentarios descriptivos sobre las características del vino para respaldar la validez de las calificaciones. En honor a la verdad, son estas acotaciones las que terminan orientando mejor el consumidor. Es sencillo: hay quienes valoran la intensidad, mientras que otros la menosprecian. Y, de la misma manera, hay quienes prefieren la discreción y la elegancia por encima de la agresividad y la contundencia. Aunque la mayoría de los puntajes adjuntan estas notas de cata, siguen pesando más los números que las palabras.

Nadie presagia, por ahora, el fin de los puntajes. Pero, sin duda, comienza a tomar forma el argumento de que resulta más útil destacar los atributos del vino que seguir asignando una valoración desmedida a las calificaciones que, por lo demás, parecen estar alcanzando su techo, como resultado de la creciente calidad de los vinos de todos los orígenes. ¿Qué ocurrirá cuando numerosos ejemplares se apretujen en los niveles altos de la escala?

Es cierto: el sistema de valoraciones es una recurso sencillo y de fácil comprensión. Pero es cada vez menos infalible y más difuso.

Dirección web fuente:
http://www.elespectador.com/opinion/puntajes-bajo-lupa-columna-396265