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Opinión | Mar, 01/15/2013 - 23:00

Revolución civil

Por: Aldo Cívico | Elespectador.com

El cambio político es esencial en la lucha contra las mafias y la corrupción. Este cambio tiene que nacer de la iniciativa de ciudadanos comprometidos y honestos.

Pienso en eso mientras estoy siguiendo el debate político en mi país, Italia, en donde en un mes vamos a tener una vez más elecciones para una nueva legislatura. Y mientras pienso en Italia, pienso en Colombia. Cuando leo sobre la deslegitimación del Congreso colombiano, pienso en los 100 congresistas italianos que, a pesar de estar condenados por varios delitos, están en el Parlamento. Cuando pienso en la relación entre mafia y política en Italia, pienso en la parapolítica.

En la historia de Italia, comenzando con la lucha contra el fascismo, la resistencia y las propuestas alternativas han surgido desde ciudadanos honestos que se aliaron frente a la crisis de la política, que en décadas recientes ha sido la crisis de la ética pública. Hace 30 años, Enrico Berlinguer habló de la “cuestión moral” en política. Berlinguer denunció que los partidos se habían convertido “en máquinas de poder y de clientela con escasa conciencia de la vida y de los problemas de la sociedad, de la gente”, y que tenían cero pasión política.

En los últimos 20 años, la democracia en Italia se ha ahogado en la ciénaga del “berlusconismo”: la política del todo vale que promovió corrupción y clientelismo. Como alternativa al “berlusconismo”, hoy en Italia están surgiendo nuevas propuestas políticas.

Es interesante que en tiempos recientes en Italia los líderes de nuevos movimientos políticos han sido muchas veces exfiscales que han luchado contra las mafias y la corrupción. Es el caso de Antonio di Pietro, el fiscal de la Operación Manos Limpias, o de Luigi de Magistris, hoy alcalde de Nápoles. Viéndolos como encarnación de una cultura de la legalidad, muchos ciudadanos han escogidos a exmagistrados como los líderes del cambio en política.

El último ejemplo es Antonio Ingroia, el procurador antimafia de Palermo, que se atrevió a investigar los pactos entre la Cosa Nostra y el Estado italiano detrás de los asesinatos de los fiscales Giovanni Falcone y Paolo Borsellino. Hace unos días, Ingroia anunció la creación de Revolución Civil, un nuevo movimiento político. Sería como si en Colombia el exmagistrado Iván Velásquez lanzara su proprio movimiento político (¿no sería eso interesante?).

El manifiesto político de Revolución Civil plantea, entre otros puntos programáticos, que la legalidad y la solidaridad sean los bloques que construyan al país, y que una política antimafia tenga como objetivo la eliminación de la mafia golpeando su estructura financiera y sus relaciones con otros poderes, empezando con el político.

Pienso en esta iniciativa italiana, y pienso en Colombia. El Partido Verde se derritió como nieve al sol porque las lógicas del poder pudieron más que la propuesta política. Pero el movimiento y el entusiasmo inicial que el Partido Verde despertó sugieren que hay espacio en Colombia para un movimiento político que ponga en el centro de su programa la lucha contra las mafias, la corrupción y el clientelismo. Pero tal propuesta tendría que nacer no en la sedes de los partidos, sino desde el corazón de la sociedad civil: desde una alianza de ciudadanos honestos y comprometidos.

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