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Paz | Jue, 01/17/2013 - 13:21

Consulta popular, fórmula para refrendar la paz

Por: Natalia Herrera Durán

Ante la negativa del Gobierno de terminar un acuerdo con una asamblea constituyente, este mecanismo sobresale como la opción posible.

En la mesa de negociación de La Habana hoy es día de receso. Seguramente los voceros de las Farc y del Gobierno aprovecharán el tiempo libre para seguir cavilando sobre un tema complejo: ¿cómo refrendar con la ciudadanía los acuerdos a los que lleguen las partes? El presidente Juan Manuel Santos dijo que no podrá ser a través de una Asamblea Nacional Constituyente, muy a pesar de lo que piensa las Farc, que hace unos días volvió a decir que es a través de este mecanismo que se debe legitimar “cualquier acuerdo sensato”. Una petición que tiene detrás un trasfondo aunado en que las Farc quisieran llegar a un acuerdo de paz con el mismo protagonismo político que tuvo el M19, como actor innegable de la hechura de la Constitución del 91.

Santos, sin embargo, reconoce que “es muy posible que se encuentre una fórmula para refrendar popularmente cualquier acuerdo”. Un punto de fuerte discusión que ha estado presente en la mesa. Pero ¿qué mecanismos de participación del pueblo contempla la Constitución que no sea una Asamblea Nacional Constituyente para darle un aire de legitimidad?

Aunque para el constitucionalista Juan Manuel Charry la participación ciudadana en el país prácticamente no existe, porque la ley134 de 1994 volvió inoperante la mayoría de estos mecanismos por los altos requisitos que pide, el acuerdo que salga de La Habana puede refrendarse a través de la consulta popular, que tiene requisitos más bajos: la aprobación del 33 por ciento del censo electoral. En este caso el Presidente deberá tener la aprobación de todos sus ministros al igual que el Senado y se debe consultar sobre temas que no busquen modificar la Constitución.

En cambio el plebiscito, como ese pronunciamiento popular que rechace o apoye una decisión gubernamental, necesita aprobación de la mayoría del censo electoral y esto vuelve a esta figura, en un país de alta abstención electoral, inoperante.

Para Charry, el proceso no podría legitimarse a través de un referendo porque en la Constitución esta figura está pensada para aprobar o no temas normativos y no para eventuales propuestas gubernamentales que salgan de la mesa en Cuba. Por esta razón, este especialista en la carta política sostiene que un acuerdo de paz puede ir a consulta popular nacional pero la ley estatutaria que eventualmente se tramite en el Congreso para desarrollar el Marco para la Paz, al que se someterán los desmovilizados de las Farc, no debería ir a un referendo, porque primero puede echar para atrás los acuerdos pactados para someterse a la justicia y porque la justicia no debería consultarse popularmente.

Mientras se encuentra la fórmula, hay también quienes afirman que una asamblea constituyente abre una caja de Pandora que podría terminar con una ventana abierta para la reelección de uno de los mayores enemigos del proceso de paz, como lo es Álvaro Uribe. “Algo que puede pensarse con un propósito puede terminar con uno totalmente distinto. Puede terminar en un retroceso de las ganancias que se han conseguido”, dijo al respecto el exgobernador de Nariño Antonio Navarro.

Así parece entenderlo Juan Carlos Vélez, uribista “purasangre”, cuando dice que este sector estaría más que contento con el escenario de la constituyente. “Claro que nosotros nos le meteríamos. ¿Usted se imagina una constituyente con Uribe encabezando? ¿Se imagina cuántas curules ganaríamos? Es que no son sólo los temas que quiere las Farc los que están pendientes de discutir. También hay que hablar de las reformas económicas, al Congreso, a la justicia y al sistema electoral”, dice Vélez.

Por ahora, el mecanismo propuesto para la participación de la ciudadanía ha sido un foro agrario, mesas regionales de paz y una página web, y el resultado han sido cerca de 6.000 propuestas que se tendrán en cuenta en la mesa de La Habana, pero que sin duda no tienen carácter decisorio ni de construcción de consenso. Por esa razón, las partes seguirán buscando fórmulas para que cualquier acuerdo sea aceptado por la ciudadanía, que es la que al final, con abucheos o aplausos, catalogarán una gestión que finalice 50 años de guerra.

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