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Opinión | Jue, 01/17/2013 - 23:00

Para National Geographic, con gratitud

Por: Juan Carlos Botero | Elespectador.com

La gran diferencia entre nosotros y los animales, dijo Freud, es que somos seres insaciables. Y en donde más se aprecia este rasgo es en el campo del conocimiento.

Poseemos un apetito sin fin de iluminar lo recóndito, de entender cómo funcionan las cosas, de descifrar el mundo y lo que nos sucede. El hombre es un animal que pregunta y se pregunta; que indaga y se cuestiona, pero sólo podemos percibir las respuestas si cruzamos las fronteras de nuestro ámbito seguro y familiar, y si osamos desafiar lo desconocido. El lema de Cousteau en sus expediciones era: “Tenemos que ir y ver”. Y de ahí el valor de la aventura. Ésta nos empuja a ir más allá, a explorar el mundo, a descubrir territorios nuevos, y a conocer más del universo y de nosotros mismos. La aventura, en efecto, nos permite ir y ver.

“No es demasiado tarde para buscar un nuevo mundo”, escribió Tennyson. Toda persona lo puede hacer, pero sólo si actúa como un aventurero, y primero si actúa como un héroe. Porque una aventura no consiste en divertirse de manera peligrosa. Quien emprende en serio la aventura, aquella que desplaza el horizonte y conduce a la riqueza espiritual y al crecimiento de la especie, lo hace para vislumbrar los secretos que están más allá de nuestro alcance. Para responder a una duda, a un interrogante. Porque el auténtico aventurero formula una pregunta de valor (científica, sociológica, filosófica o personal), y asume los riesgos para entrever la respuesta. Y cada respuesta es, en esencia, un secreto revelado.

En la película Shakespeare enamorado, Julieta pasa su primera noche de amor con el dramaturgo, y su criada, al ver que está a punto de amanecer, toca en la puerta y susurra en voz apremiante: “¡Julieta, niña, despierta, que es un nuevo día!”. Entonces la bella muchacha abre la puerta, radiante. “Un nuevo día, no, querida ama”, dice. “Es un nuevo mundo”.

En la Antigüedad los héroes como Aquiles u Odiseo gozaban del favor de los dioses. Hoy el héroe es una figura más modesta, pero también más real y admirable. Es la persona que se comporta con dignidad en medio de la adversidad, y es capaz de ir más allá de sus propios límites. Quizá para nosotros escribir o hablar son tareas sencillas. Pero para el científico Stephen Hawking, quien está condenado a una silla de ruedas y sólo se puede comunicar mediante un computador, escribir una sola frase representa un esfuerzo colosal. Pero Hawking no sólo la escribe, sino que mediante esa frase él está revolucionando la física moderna. Él ha superado sus límites, y su esfuerzo es heroico.

Los límites de cada uno son, desde luego, diferentes. Pero lo importante es tener la audacia para exponerse a lo desconocido, el valor de asumir los riesgos para cruzar las fronteras que nos rodean, y entonces vislumbrar los nuevos mundos que están a nuestro alcance.

La National Geographic está de aniversario en estos días. Cumple 125 años de vida, y está dedicada a celebrar la exploración. Confieso que yo busco su revista cada mes, y siempre paso las páginas, admirado, precisamente por eso mismo: porque cada número revela un mundo nuevo, y siempre me abre los ojos ante lo desconocido. Por eso, quizá no sobra escribir unas pocas líneas para manifestar mi gratitud y mi deuda personal. Una deuda, sin duda, de toda una vida.

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