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Buen Viaje VIP | Mar, 01/22/2013 - 20:49

La imparable Tokio

Por: Felipe Morales / Tokio

A pesar de los embates de la Segunda Guerra Mundial y de los terremotos, en esta metrópoli reinan la perfección y el desarrollo.

Un gran y complejo rompecabezas donde no sobra ni una pieza y todos los elementos se ajustan con sorprendente rigurosidad. Así es la capital de Japón, Tokio, una ciudad impresionante en la que habitan más de 17 millones de personas y en la que, a pesar de semejante población, jamás reina el caos. El orden es la constante.

Tokio es una metrópoli que reúne cualidades como pocas. Un gran desarrollo industrial, arquitectura exuberante, una mezcla de construcciones clásicas de antiguas dinastías y las más modernas edificaciones, junto con elevadas torres empresariales, templos religiosos y todo tipo de servicios de transporte público —bus, teleférico, metro y hasta tren bala—.

Difícilmente podrá un turista levantar la mirada sin encontrar enredadas vías elevadas, túneles que atraviesan la ciudad y puentes de varios kilómetros de largo que cruzan los ríos y conectan a Tokio con otras regiones.

La capital japonesa, a pesar de haber sido casi destruida durante la Segunda Guerra Mundial y de sufrir terremotos de fuerte magnitud, no es una urbe en obra gris ni tampoco revela vestigios de sus catástrofes, como sucede con algunas de las ciudades europeas y la mayoría de las latinoamericanas. Por el contrario, ha sabido renacer pese a los avatares de su historia y hoy luce como un soberbio ejemplo de desarrollo que la hizo candidata para ser sede de los Juegos Olímpicos en 2020.

Su gente, más allá de las caricaturas que pretenden mostrar algunas superproducciones de Hollywood, son personas amables, confiables y siempre dispuestas a colaborarles a los turistas que, generalmente, están perdidos, pues son tantos los lugares para visitar, además de las dificultades del idioma, que resulta difícil ubicarse y todavía más programar un itinerario sin modificarlo sobre la marcha.

Uno de los sitios imperdibles es el distrito de Akihabara, en el centro de Tokio, donde se ven edificios repletos de todo tipo de objetos tecnológicos. Las calles están llenas de vendedores que ofrecen sus productos con una especie de sonsonete que resulta habitual en la forma de hablar de los japoneses y de cientos de tribus juveniles disfrazadas con los atuendos de las caricaturas manga que desde hace unos años se tomaron las franjas de la televisión infantil.

También vale la pena visitar atractivos más solemnes como Sensô-Ji, un templo milenario en cuyo alrededor se han acomodado cientos de locales comerciales. Sus puertas de más de 15 metros de altura están acompañadas de las gigantescas estatuas de Fûjin, dios del viento, y Raijin, dios del trueno, fieles vigilantes del espacio religioso. En su interior hay imponentes altares en donde los fieles rezan a sus dioses. En papeles que luego queman hacen sus solicitudes y de inmensos recipientes vierten agua que frotan en sus manos para, dicen, espantar las malas energías.

Al abandonar el templo resulta imposible no dar una vuelta por la galería compuesta por cientos de locales en los que se exhiben tradicionales platos, que en realidad son poco apetecibles para un turista occidental, kimonos y atuendos típicos de la cultura japonesa. También se ve uno que otro lugar con baratijas similares a las de un “agáchese” en Bogotá, pero todos con su tradicional estilo japonés.

Imponente como la ciudad es la torre Tokio Skytree, que con sus 634 metros se convierte en la más alta del mundo, y aunque nació como una torre de radiodifusión cuenta con restaurante, tiendas de souvenirs y un mirador desde donde se puede apreciar una increíble panorámica de la ciudad. También está el distrito Minato-Ku, en el que se admira la Torre de Tokio con una altura de 332 metros. Sin duda un orgullo ciudadano y una evidencia de que los japoneses son capaces de lograr todo lo que se proponen. Su estructura y diseño son similares a los de la Torre Eiffel y su altura es apenas ocho metros superior a la de la famosa estructura francesa.

Si de comparaciones se trata, en la capital japonesa se podría retomar el adagio que dice que “todos los caminos conducen a Roma”. En Tokio todos los caminos conducen al Palacio Imperial, el punto central de la ciudad. Las avenidas y el gran laberinto que componen esta urbe llevan hacia la residencia de la familia imperial.

Este palacio, llamado Kokyo, está rodeado por imponentes murallas construidas con enormes piedras y fosas diseñadas para su protección, en las que en la actualidad nadan los cisnes. Sus puertas están cerradas al público, sin embargo, alrededor de la mítica edificación se extienden varias cuadras de jardines con más de 2.000 pinos y caminos empedrados por donde acostumbran a pasear los lugareños.

Tokio es sin duda una de las ciudades más sorprendentes del mundo. Su sistema de transporte no descansa y funciona como un reloj suizo. La capital japonesa es costosa, así que para disfrutar de unas vacaciones se recomienda planear el itinerario con tiempo, aprovechar las promociones de las aerolíneas y averiguar las tarifas de varios de sus hoteles. Aunque implica un largo viaje y una inversión significativa, la experiencia de sumergirse en la cultura japonesa y experimentar el frenetismo de una metrópoli como esta vale la pena.

Si va a Tokio...

 

¿Cómo llegar?

Existen  varias opciones. Una es viajando por Europa, haciendo escala en Madrid o en Fráncfort, y se tarda cerca de 22 horas. También es posible por Estados Unidos, con escala en Houston, en un tiempo de 19 horas.

¿Qué comer?

Si visita Japón lo mejor es que no se abstenga de probar la gastronomía oriental que, por cierto, es muy saludable. Generalmente los menús se componen de arroz, verduras hervidas, carne de buey, cerdo y pollo. El pescado suele servirse crudo.

 

Transporte

Al  llegar al aeropuerto de Narita no tome taxi. Está ubicado a más de 40 minutos de la ciudad y éste puede costarle más de US $200. Hay servicio de bus a los hoteles de Tokio. El sistema de transporte público funciona sin fallas o retrasos y es fácil ubicarse.

 

 

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