ELESPECTADOR.COMImprimir

Opinión | Sab, 01/26/2013 - 23:59

Escribir y competir

Por: Piedad Bonnett | Elespectador.com

El mundo está lleno de seres humanos que tienden a competir con los demás. Pero también de personas a las que, o no les interesa, o no saben competir.

Me inclino a contarme entre estos últimos, pero eso no quiere decir que menosprecie a los primeros. Por el contrario: los admiro cuando la competencia se justifica y saca a flote lo mejor del ser humano, como en el caso de los deportistas. Me emociona el atleta exhausto que, habiendo dado lo mejor de sí, atraviesa primero la meta. Pero también me conmueve el que llega de último, porque considero que los deportistas de verdad compiten, ante todo, con ellos mismos.

Es por eso que nos repugna el fraude de Lance Armstrong: porque en vez de querer probarse a sí mismo, sólo le interesaba ganar, al precio que fuera. Pero también porque, como muchos han escrito, su caso refleja que detrás de estas competencias lo que hay es un gran negocio, mafias que inducen a la ambición ciega y a la trampa.

Mientras se daba el debate sobre Armstrong, las páginas de los periódicos se llenaban con las fotografías de los escritores que llegarían al Hay. Y viéndolos, se me ocurrió comparar su oficio –nuestro oficio– con el de los deportistas. Pues hay tentadoras analogías, pero también, y sobre todo, diferencias sustanciales: es verdad que el quehacer del escritor exige dedicación y disciplina, y que también él da una batalla consigo mismo para cerrar cada vez más la brecha entre lo que quiso hacer y lo que pudo. Pero el escritor no persigue ninguna meta ni aspira a llegar a ninguna parte, porque su camino no es el de la progresión –no hay progreso en el arte– ni el de la perfección, sino el de la exploración y el riesgo. En todo libro nuevo a lo que aspira es, como dijo Beckett, a fracasar cada vez mejor.

A la hora de escribir no tiene ningún sentido competir. Lo que hace el escritor es interrogar al mundo desde su particular sensibilidad, mostrarlo en su complejidad, en su ambigüedad y en sus contradicciones, no partiendo de certezas sino de incertidumbres. ¿Cómo, pues, podría competir con sus colegas? ¿O es que nos podemos imaginar a Cortázar pensando en cómo superar a Borges? Es verdad que desde la Edad Media existen concursos literarios; pero un escritor sabe que ganar un premio, aun el mismo Nobel, no dice nada en términos absolutos. Mientras los deportistas alcanzan records que tienen medición exacta, de un escritor que gana muchos premios se puede decir que es bueno, o muy bueno, pero nunca que es el mejor.

Por supuesto que también detrás la literatura y el arte hay intereses comerciales que pueden incitar al escritor a rendirse a sus exigencias. Y que no es ese un universo libre de trampas y componendas. Como Armstrong, siempre habrá algunos que se rinden a ellas. Pero también muchos saben que no se trata de llegar primero a ninguna parte; que, como dijo el israelí David Grossman, la única lealtad de un escritor debe ser con sus palabras.

 

Dirección web fuente:
http://www.elespectador.com/opinion/escribir-y-competir-columna-399270