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Opinión | Sab, 01/26/2013 - 23:59

Democracia y TIC

Por: Rodrigo Uprimny | Elespectador.com

¿Profundizan o no la democracia las llamadas nuevas tecnologías de la información y comunicación (TIC), como la internet, los blogs o twitter?

La respuesta no es fácil, pues las TIC favorecen la participación ciudadana, pero (aunque no es una fatalidad) podrían deteriorar nuestra ya precaria deliberación pública. Sus efectos democratizadores podrían entonces ser ambiguos, pues una buena democracia requiere no sólo una amplia participación ciudadana, sino también una discusión pública y razonable de los asuntos comunes.

Esta discusión pública es esencial, pues favorece la toma de decisiones colectivas más racionales, justas y aceptables. El debate colectivo permite corregir errores, gracias al contraste entre argumentos enfrentados; y obliga a tomar en consideración las visiones e intereses de los otros, con lo cual las decisiones colectivas son más incluyentes.

Pero, para tener esas virtudes éticas y racionales, la discusión colectiva tiene que ser una verdadera discusión. No basta la simple presentación de opiniones y preferencias. Las personas deben ofrecer a favor de sus tesis argumentos que puedan ser controvertidos por quienes tienen visiones distintas; debe entonces existir un espacio público —como el ágora o plaza pública de la democracia ateniense— en donde los diversos argumentos puedan ser discutidos, evaluados y reevaluados.

Hoy cualquiera puede hacer trinos en twitter, o participar en un blog, o montar una página web, para divulgar sus ideas y confrontar las opiniones de otras personas. Las TIC favorecen entonces una mayor participación ciudadana. Pero ¿contribuyen a un mejor debate público? No es evidente, pues es difícil elaborar un argumento en los 140 caracteres de un trino, por lo que la mayor parte de las “discusiones” en twitter no son una confrontación racional de argumentos, sino que tienden a convertirse en la expresión de opiniones o de agravios personales. (Hablo de tendencia pues a veces se encuentran en twitter intercambios de trinos que pueden llevar a una sofisticada discusión colectiva; pero creo que es aún excepcional).

Los blogs permiten discusiones muy productivas, pero el problema es que casi todos tienden a agrupar personas con intereses y perspectivas muy semejantes. No hay verdaderamente en los blogs confrontación entre posiciones diversas, sino conversación entre semejantes.

Una participación ciudadana limitada, como en la democracia esclavista y patriarcal griega, es problemática, pues es elitista. Las TIC erosionan ese elitismo. Pero la falta de un ágora que permita una discusión pública de calidad entre visiones enfrentadas debilita las virtudes éticas y racionales de la democracia. Y hoy, como lo mostró Cass Sunstein en su libro Republic.com, el mundo virtual carece aún de un verdadero ágora, pues los cibernautas tienden a refugiarse en las redes con sus semejantes, desde donde atacan a quienes tienen opiniones distintas, pero sin que haya un debate de argumentos. Pero eso no es inevitable. El desafío es entonces construir uno o varios ágoras en el mundo virtual para aprovechas las potencialidades democráticas de TIC.

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