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Paz | Jue, 01/31/2013 - 15:05

El careo por la paz

Por: Redacción Política

En medio de un ambiente hostil, ocasionado por los últimos actos armados de las Farc, llegaron a La Habana los equipos negociadores del Gobierno y la guerrilla.

Era de esperarse, la decisión de iniciar la negociación de paz con la guerrilla sin acordar ningún tipo de tregua o cese de hostilidades podía ser un factor de riesgo. Por eso, luego de casi cinco meses de haber instalado los diálogos, son precisamente las acciones militares de las Farc las que tienen en máximo estado de tensión el proceso de paz.

Aunque el tema de discusión en Cuba ha sido el primer punto de Acuerdo para la Terminación del Conflicto -el desarrollo rural-, en los últimos días el debate público se ha centrado en la viabilidad de mantener una negociación con las Farc cuando se están atribuyendo una presunta libertad para emplear el secuestro de miembros de la Fuerza Pública como método de persuasión.

De inmediato, el gobierno reaccionó y el vocero del equipo negociador, Humberto de la Calle Lombana, elevando el ‘tono’ en sus planteamientos, advirtió: “no nos vamos a dejar presionar para que hagamos un cese de operaciones. Vamos a La Habana para terminar el conflicto que es lo que pactamos. Si no es así, que lo digan, para no hacerles perder el tiempo al Gobierno y a los colombianos”.

Además, De la Calle Lombana dejó claro que no existe posibilidad alguna de que se realice un acuerdo de humanización o regularización del conflicto, propuesta que se ha venido manejando desde que inició la negociación y que tomó fuerza en 20 de enero, al cumplirse los 60 días del cese de hostilidades que había decretado las Farc. “el Gobierno no entrará en ningunas conversaciones para ‘regularizar’ el conflicto, esa no es otra cosa que su vieja pretensión de institucionalizarlo y prolongarlo indefinidamente”.

Ante esta declaración con tono de ultimátum, la respuesta de las Farc no se hizo esperar. El jefe de la guerrilla, Iván Márquez, dijo que “no conviene al país que el gobierno empiece a buscar, como se evidenció en Bogotá, un ‘Florero de Llorente’ para romper la mesa, cuando lo que se requiere es inventiva, pasión, y que con hechos concretos, sin demagogias, el gobierno de pasos definitivos, sacando a la gente de la miseria, para acabar la guerra que desangra a la patria”.

Y pese a la negativa del Gobierno, ratificaron la necesidad de un cese al fuego. “Cada día se ve más necesario buscar un cese bilateral de fuegos y de hostilidades, o en su defecto convenir un tratado de regularización de la guerra, como lo hemos sugerido con reiteración. Al respecto, invitamos de manera serena al Ministro de Defensa y al general Navas, a analizar juntos esta posibilidad humanitaria que abriría campo para que el proceso avance sin sobresaltos”, dijo Márquez.

Aunque este parece ser el momento de máxima tensión en el marco de las discusiones que se adelantan entre el Gobierno y las Farc, Eduardo Santos, miembro del equipo negociador y quien fue fundamental en la etapa de acercamiento con la guerrilla, prefirió bajarle el tono a la polémica y dejó claro que en un diálogo que se adelanta en el marco del conflicto, el debate actual era algo que se podía esperar y que no tendría por qué afectar el rumbo de la discusión.

En entrevista con RCNRadio Santos aseguró que las acciones armadas de las Farc no son el principal problema de las negociaciones. “Lo que realmente me preocupa es la falta de ritmo en la mesa de discusión, el lento avance que se ha tenido sobre el tema del desarrollo rular. Si están tan interesados en la paz, definitivamente tienen que definirle un ritmo más ágil a esta agenda, ya van cinco meses de la firma del acuerdo y no se ha avanzado nada”.

El jefe negociador de las Farc, Iván Márquez, también respondió a este señalamiento y afirmó que “hemos presentado diez propuestas para una política de desarrollo rural y agrario integral, y estamos a la espera de una propuesta del gobierno que responda al clamor de cambio del país nacional”.

Más allá del tire y afloje en que se ha convertido en los últimos días la negociación de paz entre Gobierno y las Farc, es un hecho, y así lo saben las partes, es necesario lograr avances sustanciales para caminar hacia un acuerdo que lleve a la finalización del conflicto. Porque la presión de la opinión pública, de quienes abiertamente se han declarado en contra del proceso y de los que el presidente Juan Manuel Santos ha denominado “los enemigos ocultos de la paz”, han convertido la negociación en un terreno espinoso donde las diferencias entre las partes son el principal argumento para desacreditar al actual gobierno.

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