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Judicial | Sab, 02/02/2013 - 21:00

La pelea de los generales retirados Óscar Naranjo y César Pinzón

Por: Redacción Judicial

Ayer eran inseparables en la lucha contra el delito, hoy están enfrentados en los estrados judiciales por un retiro. El punto de la discusión es que Pinzón sostiene que su salida fue un despido indirecto causado por Naranjo.

Durante 25 años fueron más que aliados contra el crimen organizado. Entre los dos fueron artífices del fortalecimiento de los servicios de inteligencia. En las principales operaciones contra el narcotráfico o la guerrilla, ambos sumaron esfuerzos para propinar los más exitosos golpes. Sin embargo, desde hace 15 meses casaron una pelea que ya llegó a los estrados judiciales. Se trata de los generales retirados de la Policía Óscar Naranjo y César Augusto Pinzón, quienes hoy están enfrentados por culpa de los rumores y las intrigas.

El último capítulo de esta singular pelea quedó formalizado ante el Tribunal Administrativo de Cundinamarca, donde el general (r) César Pinzón demandó el decreto a través del cual le notificaron su retiro de la Policía Nacional, bajo el argumento de que no solicitó su dimisión por voluntad propia, sino que fue un despido indirecto. Un retiro inducido, provocado por los comentarios del exdirector de la Policía general Óscar Naranjo, la imposición de unas vacaciones obligadas y el silencio de los altos mandos sobre su futuro en la institución.

En un documento de 35 páginas, conocido por El Espectador, el general (r) Pinzón detalló los pormenores de su reclamo. Una sucesión de hechos que comenzaron en agosto de 2011 cuando el entonces director de la Policía Óscar Naranjo le llamó la atención a su amigo, el entonces director Antinarcóticos, general César Pinzón, por la muerte de cinco policías en el departamento del Cesar. Desde ese día se agrietaron las relaciones y, una semana después, personalmente Naranjo le dijo a Pinzón que debía solicitar su retiro de la Policía Nacional.

En su relato, Pinzón sostiene que Naranjo le recalcó que debía hacerlo para evitar problemas con el Gobierno y salir por la puerta grande. Pinzón replicó que no iba a hacerlo y que lo llamara a calificar servicios. Al día siguiente, a través de un comunicado de prensa, la Policía informó que varios generales salían de la línea de mando, entre ellos César Pinzón. Entonces comenzaron las especulaciones sobre su salida, al tiempo que se ventiló en el interior de la Policía otra opción, que Pinzón fuera enviado al exterior a un cargo diplomático.

Naranjo y Pinzón volvieron a reunirse; el primero le ofreció cuatro opciones y después se convino que fuera a Italia. El 13 de septiembre, durante la ceremonia de entrega de la Dirección Antinarcóticos, Naranjo condecoró a Pinzón y lo elogió por aceptar la decisión del mando. Un mes después se formalizaron los oficios para gestionar el beneplácito del gobierno italiano. No obstante, días más tarde, durante una entrevista radial, el ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, precisó que no se había pensado en enviar a Pinzón a Italia.

A finales de noviembre de 2011 Naranjo citó a su subalterno y le dijo que el ministro de Defensa le comentó que él había adquirido un inmueble y debía explicar cómo lo compró, de lo contrario no podía ir al exterior. Pinzón ripostó diciendo que eso era un anónimo que decía que lo había hecho con dineros ilícitos y que él mismo había pedido que lo investigara la Procuraduría. Naranjo quedó de hablar con el presidente Santos. En enero volvieron a encontrarse y Naranjo le insistió que lo mejor era su salida de la Policía a través del retiro.

Como la comisión al exterior nunca se formalizó y él seguía en vacaciones obligadas, el 26 de enero de 2012 Pinzón solicitó su retiro. Dos meses después el Gobierno concretó su salida a través de un decreto. Para sorpresa suya, a finales de junio, de nuevo a través de la radio, el general Naranjo manifestó que Pinzón había salido porque no fueron satisfactorias sus explicaciones sobre la muerte de cinco policías en La Gabarra. Desde ese momento Pinzón ratificó que realmente Naranjo lo había obligado a presentar su retiro.

Esta sucesión de hechos, sumados a las argumentaciones jurídicas, forman parte de la acción de nulidad y restablecimiento de derechos entablada por el general (r) César Pinzón, con el objetivo de que sea reintegrado a la Policía y se le reconozca una indemnización económica por los perjuicios causados. En su defensa Pinzón incluyó una extensa reseña de todas las acciones en que participó en la lucha contra el crimen organizado, la mayoría de ellas con el apoyo o la dirección de su amigo y compañero de armas, el general Naranjo.

El Espectador contactó al general (r) Pinzón para conocer sus comentarios, pero se limitó a decir que sobre el general Naranjo no irá más allá de su reclamo jurídico. “Nos conocemos desde que fui subteniente, participamos en muchos operativos y prevalecerá siempre la reserva de nuestras misiones”, agregó escuetamente. Hoy, el general (r) Naranjo participa en la delegación del Gobierno en los diálogos de paz en Cuba y, aunque conoce la existencia de la demanda presentada por Pinzón, tampoco ha querido referirse a los pormenores del tema.

Al margen de la sorpresiva disputa jurídica entre Naranjo y Pinzón, cabe recordar que justo en el momento en que se formalizó la salida de Pinzón de la Policía comenzó a cobrar forma el escándalo de la imputación de cargos contra el general (r) Mauricio Santoyo por parte de un fiscal de la Corte del Distrito Este de Virginia (Estados Unidos). Un alboroto mediático que multiplicó las especulaciones sobre otros oficiales de la Policía investigados en Estados Unidos, así como sobre testimonios de exparamilitares u oficiales extraditados.

Una de esas declaraciones la aportó el extraditado jefe paramilitar Carlos Mario Jiménez, alias Macaco, quien señaló a varios exoficiales como beneficiarios de sobornos de la Oficina de cobro de Envigado, al tiempo que sostuvo que el general (r) César Pinzón, exdirector de la Dijín y exdirector de la Policía de Bogotá, había sido un oficial cercano a los narcotraficantes de Cali y el norte del Valle, en particular a José Santacruz, y que en la lucha contra el cartel de Medellín había intervenido en la muerte de 14 personas de esa ciudad.

Las especulaciones aumentaron y fue entonces cuando el propio general (r) César Pinzón, a instancias de El Espectador, el 1° de julio de 2012 se despachó en una entrevista en la que encaró a sus detractores como falsos testigos porque él mismo los atacó o los extraditó con sus pruebas, pero sorprendió cuando dijo que sus enemigos estaban dentro de la Policía y que eran producto de las envidias de quienes no ascendieron. Admitió sus diferencias con el general Naranjo y con el general Luis Gilberto Ramírez, exjefe de seguridad del presidente Juan Manuel Santos.

Hoy, los antiguos aliados se respetan, pero la amistad está fracturada. Atrás quedaron los tiempos de la persecución a Pablo Escobar, el desmantelamiento de los carteles de Cali y el norte del Valle o la cacería de Don Mario, Cuchillo, Los Mellizos, HH o los cabecillas de la Oficina de cobro de Envigado. A través de su abogado, Pinzón quiere demostrar que en su salida hubo desviación de poder y ruptura del principio de la confianza legítima. En cuanto a los secretos comunes de los dos oficiales, seguramente quedarán en el reino del sigilo de las razones de Estado.

Dos destinos afines, hoy en contravía

César Pinzón y Óscar Naranjo se conocieron cuando el primero era subteniente. Después, la vida los unió en incontables misiones. Durante la lucha contra Pablo Escobar, el primero estuvo en Medellín y el segundo, en Bogotá. Ambos estuvieron a la cacería del capo.

Tiempo después, los dos integraron el grupo élite creado para desmantelar los carteles de Cali y del Norte del Valle. Lo lograron. Juntos se inventaron la Dirección de Inteligencia. Cuando Naranjo fue director de la Dijín, Pinzón fue su segundo a bordo.

La lista de capturas entre ambos es extensa. Centenares de extradiciones fueron posibles gracias a su esfuerzo conjunto. Los intentos del paramilitarismo por reencaucharse fueron neutralizados por los dos. Una larga historia común que desde el retiro está cesante.

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