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Opinión | Dom, 02/03/2013 - 23:00

Ducha de agua helada

Por: Santiago Montenegro | Elespectador.com

La evaluación económica de Colombia que acaba de hacer y de presentar la OECD es un documento excelente, que se debería convertir en lectura obligada para todos (http://www.oecd.org/economy/surveys/).

 Es una verdadera ducha de agua helada, un llamado de atención diciendo que, si no hacemos unos cambios estructurales a tiempo, nuestro país, simplemente, no podrá hacer parte del concierto de las naciones desarrolladas, como las de la OECD. El informe reconoce que el crecimiento de corto plazo ha sido bueno en el contexto de la OECD y América Latina y se ha beneficiado por la bonanza de términos de intercambio de los productos básicos y las mejoras de la seguridad. Pero alerta sobre los efectos perversos de un crecimiento demasiado concentrado en el sector minero, que genera poco empleo, y en la apreciación de la tasa de cambio, que ha hecho perder competitividad a otros sectores transables. Hacia adelante, el informe recomienda tres grandes áreas de política. Primero, políticas para incrementar la productividad, como la drástica mejora del marco institucional de la infraestructura. Segundo, una mejora sustancial del sistema de impuestos y transferencias, para incrementar los ingresos tributarios, que son muy bajos, y para mejorar la redistribución del gasto, que hoy es, prácticamente, nula. Pero en tercer lugar, en donde el informe, en mi opinión, pone el dedo realmente en la llaga es cuando analiza la situación del mercado laboral. Tenemos una de las tasas de desempleo más altas de América Latina y un nivel de informalidad que puede alcanzar un 70% de la población ocupada. El desempleo y la informalidad producen no sólo una bajísima productividad, sino que hacen casi imposible conseguir un empleo formal y explican la pésima distribución del ingreso, con uno de los coeficientes de Gini más altos del mundo. El informe dice que la reforma tributaria es un paso en la dirección correcta, al reducir los costos no salariales a la nómina, pero que hacen falta más cambios regulatorios, como permitir que el salario medio crezca a lo largo del tiempo más rápidamente que el salario mínimo.

Este informe de la OECD es consistente con un diagnóstico aterrador sobre los efectos de la informalidad y el desempleo sobre el cubrimiento futuro de los riesgos de salud y vejez de los colombianos. En principio, Colombia no debería tener problema porque somos una población joven, donde los mayores de 65 años representan sólo un 10% de los que están en edad de trabajar, la llamada tasa de dependencia. Eso querría decir que los que trabajan, con sus cotizaciones, ahorros e impuestos, generarían los recursos suficientes para financiar los riesgos de vejez de los adultos mayores. En Europa esa cifra es mucho más alta y en Japón alcanza ya un 40%. Lo que no dice el informe, pero que todos deberíamos tener presente, es que, por la informalidad laboral tan escandalosamente alta, en Colombia sólo cotizan a salud y pensiones unos 6,5 millones de trabajadores. Y los mayores de 65 años son ya unos 3,4 millones de personas. Es decir, como debería medirse, la tasa de dependencia sería ya de un 52%, ¡¡¡la cifra que Japón deberá alcanzar hacia el 2030!!! Esto quiere decir que tenemos que cambiar de rumbo muy pronto y con medidas drásticas y en muchas áreas. No hay mucho tiempo. Esa es la principal conclusión que demos extraer del informe de la OECD.

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