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Opinión | Lun, 02/04/2013 - 23:00

¿Quién es realmente el enemigo?

Por: Aura Lucía Mera | Elespectador.com

Recuerdo una frase en un grupo de Alcohólicos Anónimos, en Fort Lauderdale. Se trataba de un exconvicto. Pidió la palabra: “Cinco años atrás, yo estaba recluido en una celda de castigo, y estuve días y noches con mi peor enemigo: yo. Tuve que aprender a ser mi mejor amigo para poder comprender y respetar a los demás”.

Pienso muchas veces, en esta guerra, quién es realmente el enemigo. Y lo corroboré hace algunas semanas cuando con la periodista Beatriz López conversamos con algunos exparamilitares y exguerrilleros, que ahora son empresarios y compiten en el mercado libre. Hace cinco años unos y otros decidieron entregarse. Llegaron a la “civilización” frágiles. Todavía llenos de rabia. Voluntariamente accedieron a recuperarse psicológicamente. Posteriormente aceptaron una oferta, que por tentadora no dejaba de ser arriesgada: “Hacer sus propias empresas, entender que el enemigo no es ‘el otro’, que cada bando tiene sus creencias. Al comienzo fue muy difícil, estábamos todo el día con el enemigo. Después caímos en cuenta de que no hay enemigos. Los fabrica la sociedad”.

Uno estos pensamientos al comentario de un bloguero en este diario a mi columna titulada “Adiós a las armas”. Su seudónimo “iceve”: “Existe la necesidad de repetir a diario, a cualquier hora, nuestra demanda por la paz”. Tiene razón. Todos nuestros actos deben estar contaminados, saturados de paz...

Me refiero a que tenemos que empezar por respetar las ideas de los demás. ¿Es más enemigo el joven que decidió enmontarse y agarrar las armas, para combatir la inequidad social, que el joven que se integró a los movimientos paramilitares para defender su patria del comunismo? ¿Es más enemigo el empresario que para poder mantener su empresa a flote lucha por no pagar salarios exorbitantes y poder seguir dando empleo, o el trabajador que se cree explotado por el sistema y odia al empresario? ¿Es más enemigo el cabeza rapada fascista que el fanático de Stalin?

Cada uno tiene sus razones. Ha sido educado para pensar de esa manera. Ha sido víctima del sistema, o beneficiario, viene de una formación académica, o ha sobrevivido contra viento y marea, maltratos y desamor. ¿Son enemigos de la democracia los fanáticos del Ubérrimo? ¿Somos amigos de las Farc los que deseamos la paz? ¿Somos comunistas los que no compartimos el sistema capitalista y el consumismo? ¿Son fascistas los que prefieren gobiernos duros? ¿Dónde radica realmente la libertad de expresión? ¿En la difamación? ¿En la objetividad? ¿En el cuestionamiento o la complicidad?

¿Será imposible lograr que todos, uno a uno, individualmente, hagamos un acto de introspección y autocrítica para empezar a entender al contrario? ¿Para que cada uno tenga la oportunidad de rectificar errores por medio de la discusión y las experiencias vividas? Como afirmó un periodista en El País de España: “El combate contra la mentira y el engaño no va dirigido a la afirmación de determinadas verdades, sino a la preservación de ese delicado espacio de la discusión política libre”. Sí. Podemos alcanzar la paz si cada uno le juega al “todos ponen”.

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