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El Mundo | Lun, 02/11/2013 - 22:55

Balance del pontificado de Benedicto XVI

Por: Guillermo León Escobar H.

El consultor colombiano en el Pontificio Consejo para los Laicos y exembajador ante el Vaticano durante ocho años, hace un balance del pontificado alemán de siete años.

Para muchos fue una sorpresa su renuncia, pero para quienes conocieron de antes a Joseph Ratzinger es claramente una conclusión lógica. ¿Por qué? Durante el pontificado de Juan Pablo II ya se conocía su opinión acerca de la duración de este tipo de encargo otorgado por el Espíritu Santo a través del voto de los cardenales.

Una vez asumió como papa ratificó su opinión ante un mundo acostumbrado a no confiar en las palabras de sus gobernantes. “Nadie abdica del poder y menos cuando se tiene plenamente”. Eso es cierto en las instancias del poder civil —y también del eclesiástico—. Pero quienes así pensaban y piensan no han tenido en cuenta la coherencia que hay entre lo pensado y lo actuado en este hombre del que no se puede especular que sea incoherente.

Ya en su libro Luz del mundo hacía esta afirmación con respecto al tiempo que permanecería en la sede de Pedro, bien fuera por afugias insuperables de salud o porque su pensamiento lo llevara a concluir que la evolución de los tiempos marcaría la necesidad de cambios en el liderazgo.

Benedicto XVI llegó con un programa claro en el orden doctrinal: había que consolidar el Concilio Vaticano II, que tanto aire fresco había traído a la Iglesia pero al mismo tiempo había despertado rencillas entre quienes han querido cambiar y aquellos que se aferran desesperadamente a un pasado que difícilmente ha de sobrevivir.

Ratzinger no es enemigo del ayer, sino que sus elementos positivos deben ser conservados sin olvidar que el mundo cambia y ha afianzado criterios que permitan discernir de las cosas nuevas las que ayuden a consolidar la humanización de la sociedad global.

Ese programa traía además la reforma de muchos puntos sensibles de la curia vaticana y —con valentía— la afrontó. Hoy entrega una institución más ágil, capaz de saltar sobre su propia sombra. Lo hizo con respecto al mal llamado Banco Vaticano; lo hizo con respecto a la llegada de personas al ejercicio de los ministerios (familia, laicos, cultura, etc.), a quienes sólo otorgó la nómina cardenalicia luego de probar que podían desempeñar los encargos a ellos confiados. Llamó al retiro a una serie de funcionarios —eclesiásticos y no—, que nada aportaban o al contrario entorpecían el avance de la Iglesia. Esto incluyó el manejo magistral del problema planteado por el “robo de documentos” de su propia oficina, restableciendo el juicio público y la condena cierta al mayordomo Paolo Gabriele, pero sin desautorizar el que se pudiera leer que tras esa aventura hubiese otras personas interesadas en crear una mala atmósfera que les conservara el poder o frenara la pérdida de poder que algunos ya experimentaban.

A unos los perdonó, a otros los ascendió sacándolos de su entorno, y otros —los más directamente comprometidos en el choque de trenes— saben que con el cambio de papa ellos serán jubilados y ya no representarán problema alguno para el nuevo pontífice.

Bien se sabe que tuvo la valentía de afrontar el tema del abuso sobre los niños. Puso la cara donde debía ponerla y aguantó con coraje institucional y personal los escándalos que se habían suscitado con razón, y aún aquellos que llevaron a la sinrazón de hacerlo culpable de todo lo acontecido y aprovechar de esa manera el desarrollo de una campaña contra la Iglesia orquestada por enemigos declarados de ella.

Pocos son los periodistas que estudiaron a fondo el tema que planteó él mismo antes de morir Juan Pablo II, quien le encargó el rezo del vía crucis —en la novena estación— en el coliseo romano, y no se dieron por enterados de la autocrítica que hizo Ratzinger frente a los asqueantes delitos que se cometían en una Iglesia en parte alejada del evangelio, y que, a través de una minoría, ensombrecen el buen servicio que ofrece la iglesia al mundo necesitado de una dimensión espiritual.

Fue esa valentía la que lo llevó en el primer mes de su pontificado a la “suspensión de todo ministerio” (por pederastia) a Marcial Maciel Degollado, fundador de los Legionarios de Cristo. Supo igualmente centrar la discusión sobre los asuntos cruciales de la vida y de la muerte y los aportes de la ciencia que venían marcados de prejuicios y que ahora pueden ser colocados en situación de diálogo.

Y supo en su encíclica Caritas in Veritate plantear a sociólogos, economistas y politólogos la visión del humanismo cristiano, una acertada forma de ver el mundo de hoy y diseñar elementos básicos de un futuro mejor.

Cumplida esta tarea y llegando a la edad de las fatigas hizo cierta la voluntad de su retiro, que es historia sólida en un mundo de vivencias líquidas. Se va con la clarividencia del silencio —como los grandes—, desvaneciéndose para ingresar en la historia.

Historia de una renuncia

 

2004 El papa Juan Pablo II llamó a Joseph Ratzinger en 1981 para que dirigiera la Congregación para la Doctrina de la Fe. Pronto se convirtió en su principal colaborador. Era tal su cercanía que cuando Juan Pablo II estuvo muy grave por su enfermedad, Ratzinger le pidió que renunciara. El papa se negó y explicó que “Jesús, a pesar de su dolor y padecimiento, no se bajó de la Cruz”.

2010 Benedicto XVI ha sido uno de los papas de mayor edad (78 años en 2005) en acceder al trono de San Pedro. Es el primer papa en renunciar en casi 600 años. Sin embargo, él mismo planteó esa posibilidad en el libro ‘Luz del mundo’, en donde habló de hacerlo si era demasiado viejo o estaba demasiado enfermo para continuar con su labor. El libro fue escrito por el periodista alemán Peter Seewald.

2011 En septiembre de este año, el periodista Antonio Socci escribió en el diario italiano ‘Libero’ que el papa presentaría su renuncia cuando cumpliera 85 años, es decir el 16 de abril de 2012. Desde entonces se rumoraba que su salud (no ve por el ojo derecho, artrosis, hipertensión, etc.) hacían que Benedicto XVI pensara en la renuncia. “Mis fuerzas están disminuyendo”, habría dicho.

2012 En mayo de este año estalló uno de los escándalos más grandes de corrupción en el Vaticano. Cartas y documentos filtrados supuestamente por el mayordono del papa revelaron un complot en contra de Benedicto XVI. Acorralado por el escándalo y las luchas entre los cardenales que tratan de ganar poder, se rumora la renuncia de Ratzinger 

2013 Según su hermano, el sacerdote Georg Ratzinger, Benedicto XVI decidió renunciar hace unos meses “por el peso de su edad”.  El director del diario de la Santa Sede, L'Osservatore Romano dijoque el Papa había tomado la decisión hace varios meses, después del viaje a México y Cuba, en marzo pasado.

 

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