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Opinión | Lun, 02/11/2013 - 23:00

Corea y Colombia: TLC de dos velocidades

Por: Rafael Orduz | Elespectador.com

Al abrir la página web, lo que primero llama la atención es el poema que empieza con “... al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas.

Yo camino por Buenos Aires...”, cuyas estrofas van rotando sobre una imagen del gigante argentino. Es el sitio virtual del departamento de español de una universidad coreana en Seúl, que, además de la maestría en el idioma, ofrece literatura hispanoamericana.

Es uno de varios departamentos al lado de los dedicados al mandarín, al inglés, al ruso, al francés y al alemán, y parte de una escuela (artes liberales) entre varias (ingeniería, economía, ciencias de las salud).

Es sólo una de las señales de cómo la sociedad coreana se ha venido preparando para insertarse en el mundo global cosechando la mejor de las inversiones: la del conocimiento. Para ello, no sólo tienen la habilidad de pensar a largo plazo, sino la de articular a empresarios, academia y Gobierno.

Uno de los hitos son los tratados de libre comercio y, dentro de ellos, el firmado con Colombia, mercado atractivo para llenarlo de automóviles KIA, dispositivos Samsung, pantallas LG y servicios creativos digitales, como ya viene ocurriendo. En el 2011, sin TLC, Corea del Sur exportó a Colombia más de US$1.600 millones mientras Colombia colocó bienes por US$280 millones (principalmente café).

Más allá de los detalles técnicos de las ventajas comerciales coreanas, llama la atención la forma en que gestionan las visitas de misiones colombianas a su país y viceversa. Las agendas, en Seúl o Bogotá, son organizadas por coreanos. Los traductores (al inglés o al español) son coreanos, allá o aquí.

Es obvio que los precios de los vehículos en Colombia, para tomar un ejemplo, van a disminuir y que la producción doméstica de vehículos y autopartes va a sufrir. Los inventarios nacionales (hasta donde se pueda afirmar que los vehículos son nacionales) han aumentado y el pánico cunde entre sus voceros.

El cuento es viejo. Que el ingreso per cápita colombiano era superior al coreano hace 50 años. Que Corea, devastada por la guerra de los 50 (cinco millones de muertos), sin recursos naturales, le apostó a la educación como base para competir en el mundo, en medio de los gigantes que alguna vez los dominaron (Japón, China, Rusia y los mismos Estados Unidos). Hoy, Corea, con 50 millones de habitantes, tiene un ingreso per cápita que triplica el colombiano (con ajuste de poder adquisitivo).

Lo lamentable es la rasgada de vestiduras criolla (el peligro de destrucción de importantes sectores de la industria colombiana, según algunos gremios), habiendo desperdiciado, por lustros, empresarios, academia y Gobierno, la oportunidad de prepararse medianamente.

Ahora hay que buscar oportunidades. Ser más eficientes en las líneas en las que los coreanos compiten con producción colombiana. Asociarse con inversionistas coreanos que aprovecharán el TLC para instalar bases productivas en Colombia para reexportar a otros mercados. Educar para innovar.

Y que alguna que otra universidad enseñe coreano.

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