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Opinión | Lun, 02/11/2013 - 23:00

MACROLINGOTES

Por: Óscar Alarcón | Elespectador.com

Según Miguel Antonio Caro y Marco Fidel Suárez, “la federación había sido y era la línea diferencial por excelencia de nuestros partidos tradicionales”. Los liberales eran federalistas y los conservadores centralistas.

En la campaña presidencial de 1857, la opinión pública estuvo dividida alrededor de tres candidatos: Manuel Murillo Toro, quien obtuvo 82.000 votos; Mariano Ospina Rodríguez, 96.000, y Tomás Cipriano de Mosquera, 32.000.

Se posesionó Ospina y con el apoyo del procurador Florentino González logró que el Congreso aprobara la Constitución de 1858, la de la Confederación Granadina, que era federalista. El presidente Ospina, quien junto con José Eusebio Caro fundó el conservatismo y elaboró su doctrina, no sólo patrocinó esa Carta, sino además se declaró católico, apostólico, romano y federalista.

Pero Ospina lo que hacía con la mano lo borraba con el codo. A pesar de proclamarse amigo del federalismo, patrocinó en su gobierno una serie de actos en contra de los estados federales que produjo el natural enfrentamiento con el poder central. Ello dio lugar a la guerra de 1860 que tumbó su gobierno (fue la única revolución que ha triunfado en nuestro país), acabó con la Constitución de 1858 y llevó a la cárcel y al destierro al presidente Ospina y a su hermano Pastor.

Ahora sucede lo mismo. Pachito Santos, bogotano, uno de los precandidatos uribistas, se declara amigo del federalismo y de la provincia, liberalizándose a pesar de ser del Puro Centro Democrático. Si se volteó Mariano Ospina Rodríguez, ¿cómo no lo va hacer Pachito? ¿Será que quiere quedarse con el Santo y la limosna?

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