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Opinión | Mie, 02/20/2013 - 23:00

La salida

Por: Catalina Ruiz-Navarro | Elespectador.com

Hasta el año pasado, los cubanos no tenían pasaporte y necesitaban un “permiso de salida” emitido por el Gobierno, cuyo trámite era carísimo y tortuoso y solía ser negado a los detractores del régimen.

El 14 de enero de este año entró en vigencia una nueva política de migración que permite a los nacidos en la isla sacar pasaporte y viajar a los países que les concedan visa. La nueva medida hace parte de lo que los medios oficiales de la isla han llamado la “modernización” de Raúl Castro y que muchos ven con suspicacia, pues la isla continúa ahogada en una economía precaria y mucho del capital que entra viene del turismo y del dinero que los cubanos del exterior les envían a sus familiares.

Pero salir de la isla no será fácil. Primero hay que considerar que, aun con pasaporte, los cubanos ganan tan poco y en una moneda tan devaluada que difícilmente podrán moverse en el exterior por sus propios medios. Por otro lado, el decreto de ley emitido por el Gobierno plantea condiciones altamente ambiguas para conseguir el pasaporte, entre ellas que no se puede “estar sujeto a un proceso penal” (algo a lo que casi todos los disidentes están sujetos), que el pasaporte puede ser negado si “razones de Defensa y Seguridad así los aconsejan” o si no se “cumple con las leyes de responsabilidad civil”, los mismos cargos con que se suele encarcelar a los disidentes, como le pasó al recién liberado periodista independiente Héctor Julio Cedeño Negrín, apresado por tomarles fotos a policías de La Habana mientras realizaban presuntos actos de corrupción.

La salida de la reconocida bloguera Yoani Sánchez puede parecer una manera en que el gobierno cubano le dice al mundo que está dispuesto a tratar a los disidentes de la misma forma que a sus simpatizantes, pero ese mensaje de apertura no se puede recibir fuera de contexto. Tendrán que darles pasaporte a muchos más para creerle al Gobierno que la reforma no es otra manera de llamar al restringido modelo del permiso de salida.

En su llegada a Brasil, Sánchez fue recibida por un grupo de activistas que la acusaban de “mercenaria”, algo sumamente injusto pues lo que caracteriza a la bloguera es la oposición pacífica. La manifestación fue una muestra del alto nivel de desinformación en que vive el mundo exterior con respecto a la isla. Durante años, el régimen castrista (¿o castrador?) ha seleccionado cuidadosamente qué información sale de la isla (limitando viajes de disidentes y el uso de internet) y por eso algunos creen que oponerse al capitalismo o “el Imperio” justifica negar a sus ciudadanos el derecho a la libertad de expresión.

La revolución digital liderada por Sánchez ha animado a muchos cubanos a publicar en internet y a usar los blogs como una manera de romper el alto nivel de represión de una isla donde los ciudadanos no pueden quejarse del Gobierno ni dentro de sus casas ni dentro de sus cabezas. Internet ha ayudado a los habitantes de la isla a librar íntimas batallas contra la autocensura y ha visibilizado internacionalmente las injusticias del régimen. Sin esa posibilidad de divulgación, que ha movilizado a la comunidad internacional, disidentes como Cedeño Negrín o el cantante Gorki Águila, líder del grupo de punk Porno para Ricardo, seguirían presos inmerecidamente. La libertad de expresión es clave para que un gobierno no abuse de sus ciudadanos y la salida de Sánchez es una manera de defenderla, pues ayudará al mundo a entender qué es lo que pasa en Cuba, y alentará a blogueros y periodistas independientes de la isla a continuar con su significativo y difícil trabajo de hacer contrapeso político.

Más allá de las intenciones del Gobierno, la salida de Sánchez es verdaderamente importante porque potenciará la revolución digital que ha venido liderando y que abre más puertas que cualquier pasaporte: les da la posibilidad de viajar a las ideas de los cubanos.
 

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