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Opinión | Lun, 02/25/2013 - 10:19

¿Autonomía para el despilfarro?

Por: Juan Carlos Gómez | Elespectador.com

La semana anterior se conocieron las veleidades independentistas de la Autoridad Nacional de Televisión (ANTV).

Hace meses la entidad contrató a un distinguido jurista con el fin de que demandara las disposiciones de la ley de televisión que, a su juicio, le quitan autonomía a la ANTV frente al gobierno.

Dentro de las pretensiones de la correspondiente demanda está la de declarar inconstitucional la norma que establece que el Ministro de las TIC tiene un puesto en la junta directiva de la entidad. Sin embargo, el abogado de la ANTV ya aclaró que él se excedió y que esta entidad nunca le solicitó incluir en su demanda la pretensión que, de prosperar, dejaría al Ministro sin silla en esa junta.

Las otras pretensiones –cuya paternidad no niega la ANTV- se dirigen contra las normas que someten a esta autoridad al régimen presupuestal de los establecimientos públicos nacionales y la obligan a fondear el pasivo pensional de los trabajadores de Inravisión.

Los miembros “independientes” de la junta directiva quieren manejar el jugoso presupuesto sin la ingerencia del gobierno nacional y definir a su criterio el destino de la televisión pública y el generoso patrocinio a los canales regionales.

Durante la existencia de la Comisión Nacional de Televisión (CNTV) en 15 años se destinaron con esos fines más de 500 mil millones de pesos. Nunca se hizo un balance de la eficiencia social de ese gasto. A ese respecto, al parecer, la ANTV quiere seguir la senda de la CNTV, lo cual puede no ser lo más conveniente para el interés público.

Antes se debe definir con seriedad el modelo de televisión pública. Sin duda alguna hay que estimular la producción de contenidos y fortalecer la red pública de televisión, pero dentro de una estrategia que considere las verdaderas necesidades de la ciudadanía y no el criterio de unos pocos iluminados.

En España la televisión pública autonómica está en la ruina y la BBC del Reino Unido, que produce la televisión pública más excelsa del mundo, ha visto recortado dramáticamente su presupuesto durante los últimos años. No puede ser que en la materia Colombia se siga comportando como el hijo pródigo.

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