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Opinión | Mar, 02/26/2013 - 23:00

Bogotá en el contexto internacional

Por: Juan Pablo Ruiz Soto | Elespectador.com

Hoy, las ciudades son uno de los temas principales en el debate y la financiación de la banca multilateral.

 El Banco Interamericano tiene como uno de sus proyectos principales Ciudades Emergentes y Sostenibles, que se focaliza en el apoyo al desarrollo de la capacidad de gestión administrativa, el desarrollo urbano y la sostenibilidad ambiental en ciudades medianas y pequeñas. El Banco Mundial acaba de publicar el documento titulado Planeando, conectando y financiando las ciudades ahora, donde se señala que la población que vive en ciudades, con economías emergentes, se duplicará entre el año 2000 y el 2030 y que el esquema de desarrollo que en ellas se adelante es definitivo para el futuro de dichas economías. En América Latina, ocho de cada diez habitantes son urbanos.

Una característica común y caótica de las principales economías latinoamericanas es que generamos grandes macrociudades que hoy son áreas de caos, crisis ambiental y baja calidad de vida, sin importar que las lideren “petros” o “peñalosas”. Ejemplos de este caos son São Paulo, Lima, Ciudad de México, Caracas y Bogotá. Su tamaño ha sido determinado por la rentabilidad privada de ciertas economías de escala y la falta de intervención desde el Estado nacional para orientar la ocupación del territorio. Este crecimiento desmesurado debe ser intervenido y la dinámica de largo plazo no debe dejarse en manos de sus alcaldes. Por el contrario, debe ser articulada con esquemas nacionales de planeación y ocupación territorial. Si miramos Europa, Estados Unidos o Japón, esa macroconcentración de la actividad económica en la capital no existe y los procesos de ocupación del espacio, distribución de la población y actividad económica son mucho más equilibrados.

Colombia y Bogotá son un caso extremo, por el acelerado y reciente proceso de concentración. Antes éramos un país de ciudades, cuando en 1950 Bogotá contenía el 7% de la población; hoy concentra el 20% de la población y una tercera parte del ingreso y el consumo nacional. Con la apertura económica, esto genera grandes dificultades. Según el Banco Mundial, transportar una tonelada de mercancías de Bogotá a Barranquilla cuesta US$88; de Bogotá a Buenaventura, US$54, y de Barranquilla a Rotterdam o a Shanghái cuesta US$60. En el corto plazo hay que mejorar la infraestructura y disminuir los costos de transporte de Bogotá a las costas, pero lo más importante es empezar, desde ya, a generar incentivos para que la expansión de la producción se localice en ciudades intermedias y cerca de las costas, NO en Bogotá y sus alrededores. La solución no está en que Bogotá siga creciendo y lo haga de manera armónica con su área metropolitana. No debemos crear zonas francas en Mosquera ni Bosa, ni pretender expandir el servicio del acueducto de Bogotá a toda la Sabana.

Si queremos evitar el caos y mejorar la calidad de vida en Bogotá, hay que intervenir y ordenar la ocupación del espacio y la localización de los procesos productivos a nivel nacional. No podemos seguir abandonando la lógica del desarrollo de Bogotá a las fuerzas de mercado, ni a la voluntad de sus alcaldes y su capacidad de negociación con el área metropolitana. Distribuyamos población y crecimiento económico a lo largo y ancho del país.

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