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Soy periodista | Mar, 04/23/2013 - 17:52

Matrimonio gay en Francia: la ley pasa, las manifestaciones siguen

Por: MH Escalante, colaboradora de Soyperiodista.com

Cualquiera que sea la suerte del proyecto de ley sobre el matrimonio y la adopción para parejas del mismo sexo que será votado finalmente este martes en la Asamblea, queda claro que una brecha se abrió entre sus opositores y su promotor, el presidente François Hollande.

El índice de popularidad del Primer mandatario francés es por lo demás bastante crítico en estos momentos, 74 % de franceses se dicen descontentos no sólo por esta ley que ha dividido al país sino por toda su gestión. Nunca antes un presidente había registrado un grado de inconformismo tan elevado en su primer año de ejercicio.

En términos electorales, las repercusiones de la ley si es votada este martes, - y lo será tras largos y penosos debates parlamentarios y senatoriales y pese al encono que ha causado -, se harán sentir en las elecciones municipales de 2014. Los primeros que las recibirán serán los candidatos socialistas y todos aquellos que se han atrevido a defender esta ley a título individual, en medio de un gran rechazo social y sin el acuerdo de sus partidos.

La pugna entre defensores y opositores al matrimonio gay ha llegado a tal grado de paroxismo que las manifestaciones en contra continuarán esta noche y después de que esta ley haya sido sancionada pues un sector de los católicos franceses la recibe como una provocación a sus creencias y convicciones.

Los “anti” anunciaron desde ya dos grandes concentraciones el 5 de mayo, 45 años después del Mayo del 68, esas revueltas históricas de la izquierda francesa que la derecha quiere revivir ahora, en la primavera de 2013, y otra más grande aún el 26 de mayo, día de la fiesta de la Madre en Francia.

Lo más indiferentes a la ley se preguntan si Francia habría caído en una especie de regresión y repliegue hacia ella misma frente a la dimensión que ha tomado el rechazo al matrimonio gay en una buena parte de la población. Otros piensan que se trata de una artimaña de grupúsculos católicos de extrema derecha que están siendo apoyados por una derecha oficial que cierra los ojos con tal de crear el caos y debilitar aún más el gobierno de los socialistas.

Si bien manifestar en Francia es un acto ciudadano, en París es una forma de sentir la ciudad pero manifestar masivamente había sido hasta ahora el monopolio de los sindicatos y de los simpatizantes de partidos de izquierda.

Sin embargo el rechazo a la ley por el matrimonio gay ha revelado ahora y para sorpresa de muchos, que los católicos y los militantes de derecha poseen una capacidad de movilización tan eficaz como la de sus contrincantes, gracias por supuesto al apoyo que les ha prestado el más grande e influyente de los partidos de oposición, la Unión por un Movimiento Popular (UMP).

Cuando la izquierda francesa sale a la calle, surge como es de esperarse la gama completa de ésta, desde la izquierda moderada que encarnan los socialistas hasta la extrema izquierda representada ahora entre otros por el Nuevo Partido Anticapitalista (NPA).

Pero esta izquierda aunque vehicule un discurso virulento, está lejos de ser la fuerza violenta que sí encarnaron algunas corrientes anarquistas de los años setenta y ocheta pero que los partidos de la izquierda francesa “tradicional” nunca aceptaron en sus rangos.

La agresividad de esta extrema izquierda francesa se refleja en la combatividad de su discurso, ellos denuncian por ejemplo a los grandes capitales de ser responsables del empobrecimiento y de la degradación de la vida de los más débiles, o la explotación neocolonial en un mundo cada vez globalizado y más dominado por el “capitalismo salvaje” que para ellos obra en detrimento de los pueblos y del planeta.

Cuando la extrema derecha francesa marcha al lado de los anti matrimonio gay en cambio, su militancia gira hacia la agresión tal como tal. De la simple denuncia de una ley que pondría para ella en peligro la unidad de la familia tradicional francesa, la extrema derecha ha pasado a vehicular el discurso xenófobo, “Francia para los franceses de nacimiento”, racista, “fuera el extranjero”, y en el caso concreto, el homofóbico, “la homosexualidad es una degradación de la sociedad”.

La extrema derecha francesa se ha visto muy activa en estas manifestaciones. Los extremistas católicos del grupo Civitas por ejemplo, militan rezando de rodillas en la calle mientras que los otros gritan. Otros han pasado del discurso político virulento al acto. Los del Grupo Unión Defensa (GUD), inspirados en ideologías neonazis, han agredido físicamente a homosexuales en la calle o a la salida de bares gay.

Esta presencia de la extrema derecha francesa en las manifestaciones ha hecho salir eslóganes propios del régimen de Vichy en el que defender la familia tradicional enviaba a un cierto modelo de sociedad.

Las tres grandes manifestaciones que se han realizado hasta ahora contra este proyecto de ley incluida la del domingo 21 de abril que reunió cerca de 300 mil personas, (menos que las dos primeras que habrían reunido cerca de un millón) han hecho que podamos observar en la calle a familias completas de jóvenes franceses acompañados de sus pequeños hijos.

Todas ellas han sido promovidas por una mujer cuyo nombre real es Virginie Tellene, de 50 años, pero que se hace llamar Frigide Barjot parodiando el nombre de Brigitte Bardot, la célébre actriz amada y detestada por su defensa de los animales y sus denuncias contra el sacrificio de éstos en ritos religiosos admitidos en Francia pese a que se declare como nación laica.

Gracias a Frigide Barjot (frígida loca) se ha podido ver desfilar en París el país católico que también es Francia, defensor de los valores tradicionales de la familia y por ese camino defensor de la identidad nacional, es decir una patria, una bandera, una forma de ser, un origen, una cierta idea de lo que debe ser el país que defienden en especial los habitantes de los barrios más elegantes en el caso de los manifestantes que se ven en París.

No se puede olvidar sin embargo que lo que más choca a estos militantes es que la ley abre la posibilidad de la adopción a parejas del mismo sexo, lo cual para ellos desfigura en el niño la imagen tradicional de un padre y de una madre. “Todos somos hijos de un papá y de una mamá” dicen las pancartas de los seguidores de Frigide Barjot, quien se dice muy chocada en su fuero personal frente a esta aberración de la ley.

Es posible también que en este rechazo entre en juego la figura de quien presentó y defendió esta ley, la Ministra de Justicia Christiane Taubira, nacida en Cayena, excandidata a la presidencia, negra, militante de izquierda, quien a lo largo de su carrera política iniciada en la Guyana Francesa ha demostrado ser dueña de un espíritu de independencia y de libertad de palabra. Su personalidad le ha valido la admiración y también el repudio de un sector todavía refractario al éxito de la mujer política y más si éste se da por fuera de las castas de los partidos tradicionales.

Cuando Christiane Taubira fue nombrada por el Primer Ministro socialista Jean-Marc Ayrault pocos le apostaron a su mantenimiento en el cargo. Sin embargo la Ministra continua pero esta noche serán para ella los insultos de “cabeza de rata” de la extrema derecha francesa, que ha jurado seguir acosando por medios legales y expeditivos a los que promovieron esta ley del matrimonio y adopción para personas del mismo sexo.

Entre tanto, un Primer salón internacional del matrimonio gay se abrirá dentro de unos días en París, para celebrar al menos en términos comerciales lo que muchos franceses están esperando con ansia para oficializar su relación y poder adopta como pareja homosexual.

Francia se convierte este martes en el 14° país que autoriza el matrimonio gay después de España, Portugal, Uruguay y Argentina, países más recelosos de sus costumbres dado su catolicismo pero que esta vez han demostrado ser más mucho más frescos en esto del matrimonio gay.

MH Escalante, colaboradora de Soyperiodista.com

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