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Opinión | Lun, 04/29/2013 - 23:03

Disuasión

Por: J. William Pearl | Elespectador.com

La bomba de la maratón de Boston es otra evidencia de la amenaza que enfrentan los Estados Unidos, qué tan vulnerables son sus políticas y específicamente el agotamiento de la estrategia de disuasión ante ciertos interlocutores y contrapartes.

El atentado perpetrado en la maratón de Boston hace unas semanas, es una nueva muestra de la nueva era de las confrontaciones que afrontan las grandes potencias después de la guerra fría y ante la cual, los Estados Unidos todavía no ha ajustado integralmente sus políticas diplomática y de defensa.

Los terroristas eran dos inmigrantes Chechenos quienes como millones de personas en varios países están dispuestos a dar su vida por causas fundamentalistas políticas o religiosas en contra de los Estados Unidos. ¿Si los Estados Unidos hacen la guerra fuera de sus fronteras, no es apenas normal que reciban ataques en su territorio?

El debate sobre si el atentado de la maratón de Boston se explica por la historia del pueblo Checheno, repleta de invasiones, destierros, atrocidades y genocidios impulsados por sus vecinos y hasta por hijos del Cáucaso como Stalin; o si se explica por el fundamentalismo o desadaptación de los hermanos Tsarnáev, es un distractor. La pregunta de fondo es si los Estados Unidos tienen una estrategia de defensa que funcione para el mundo de hoy.
Desde finales del siglo XVI y hasta la primera mitad del siglo XIX, se ideó y desarrolló la teoría de la la disuasión como instrumento de política exterior y militar que busca dos objetivos, a veces contradictorios: enfrentar un enemigo y al mismo tiempo, evitar la guerra. La teoría y práctica de la disuasión alcanzaron su mayor relevancia durante la guerra fría del siglo pasado y sus mejores exponentes fueron la Unión Soviética los Estados Unidos.

En un artículo reciente en Foreign Affairs, Richard Betts explica cómo, en algunos casos la teoría de la disuasión ha fallado por una mala concepción de la estrategia, desconocimiento de la historia entre los contendientes, errores en la estimación de la capacidad de la contraparte o énfasis exagerado en el corto plazo.

La bomba de la maratón de Boston es otra evidencia de la amenaza que enfrentan los Estados Unidos, qué tan vulnerables son sus políticas y específicamente el agotamiento de la estrategia de disuasión ante ciertos interlocutores y contrapartes.

Después de la finalización de la segunda guerra mundial, los Estados Unidos decidieron promover activamente sus valores a nivel global. Luchan por la libertad, la democracia y el sistema capitalista y han tratado de “exportar” ese modelo a países y culturas distintas y distantes. Los Estados Unidos defienden el sistema democrático casi a cualquier costo. Los americanos le apuestan a la libertad y a defender y expandir sus intereses económicos a nivel global.
Hace pocos días, para proteger a Corea del Sur, movilizaron aviones, buques, submarinos y armamento pesado, en una muestra de política disuasiva que hasta hoy, ha dado resultado con el bufón dictador de Corea del Norte.

Pero lo que aparentemente funciona con Corea del Norte, no necesariamente sirve con los fundamentalistas.
El miedo al poderío americano no es útil para combatir el terrorismo. La amenaza de un aparato de justicia distante no detiene las maquinarias de los atentados.
Si los americanos quieren recuperar la relativa tranquilidad que tenían, deben replantearse el uso de las estrategias disuasivas ante las amenazas de hoy. De lo contrario, cada vez tendremos más eventos como el lamentable episodio de Boston.

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