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El auditorio principal de Christie’s se encuentra abarrotado de público. Abajo, en el lobby de este moderno edificio vecino al Rockefeller Center de Manhattan, una larga fila de personas esperan por ingresar a uno de los eventos más esperados de los últimos meses: la subasta de la colección privada del reconocido filántropo Frances L. Brody.
La subasta de esta noche contiene un extenso repertorio de obras, entre ellas piezas de Giacometti, Matisse y Braque. Sin embargo, la atención del público la acapara Nude, Green Leaves and Bust, pintura considerada una de las más importantes de la era azul de Pablo Picasso.
La subasta del cuadro de Picasso inicia con un precio de 25 millones de dólares. Los primeros en entrar en competencia son dos jóvenes sentados en las primeras filas de la sala. Los comisionistas, ubicados en dos tarimas laterales, aguardan con paciencia las órdenes de sus jefes, quienes se encuentran al otro lado del teléfono.
El precio alcanza los 75 millones en menos de dos minutos. Un hombre sentado en la quinta fila sube la apuesta a 80 millones, y de inmediato alguien en la sexta fila responde con 85 millones. A estas alturas las ofertas suben de cinco en cinco millones. El entusiasmo de los compradores parece contradecir la realidad, pues a esta misma hora las acciones en Wall Street caen tres puntos debido a la quiebra financiera de Grecia y España.
Un largo silencio invade el recinto cuando la pantalla electrónica marca los 90 millones. Pareciera que el ímpetu de los compradores de la sala ha llegado a su límite y es el momento de los inversionistas al otro lado del teléfono. Entonces el comisionista de la primera mesa levanta la mano para subir la oferta a 95 millones. La gente murmura. Al instante un segundo comisionista ubicado al otro lado de la sala levanta la mano para ofrecer 100 millones.
El primer comisionista vuelve a la carga con una contraoferta de 105 millones justo cuando el martillo está por caer para cerrar la venta. Después de algunos segundos de profunda expectación, el segundo comisionista hace un gesto con su cabeza que indica la retirada. Luego suena el martillo y los aplausos. El comisionista ganador se abraza con sus compañeros. La venta del cuadro de Picasso establece un nuevo récord como la obra de arte más costosa vendida en la historia.
Al final de la jornada, la venta total alcanza los 224 millones de dólares. Es un momento de tal efervescencia que a la salida varias personas pronostican que esta nueva temporada de subastas de Nueva York marcará el comienzo del fin de la crisis económica mundial.
El arte de los negocios
Además de ser una de las actividades más sofisticadas y exclusivas, las subastas de arte se constituyen en uno de los indicadores económicos más confiables del mundo, pues en ellas intervienen múltiples variables que definen el valor de las piezas. Se puede decir que el resultado de las subastas es la materialización del estado de ánimo de las principales fortunas y economías del planeta. Su dinámica oscila como un péndulo entre los períodos de bonanza y de recesión económica.
Durante los malos tiempos las casas de subastas siguen con atención el estado financiero de las principales fortunas propietarias de importantes colecciones de arte. Ellos saben de antemano quienes necesitan dinero para evitar una quiebra. Es el momento de la especulación. Cuando la economía está arriba las casas de subastas aprovechan el buen ánimo de los coleccionistas, quienes ponen a la venta sus obras en busca de ganancias que les permitan adquirir nuevas piezas. Se puede decir entonces que el éxito de este negocio radica en la información, en saber cuándo y por qué los millonarios venden sus colecciones. Con la información adecuada y el dinero en el banco, las casas de subastas y los coleccionistas pueden adquirir en épocas de crisis como la actual, obras por debajo del treinta por ciento de su valor real.
Arte contemporáneo
Christie’s celebra esta noche una de las subastas más esperadas de la temporada: la venta de arte contemporáneo compuesta por la colección privada del escritor Michael Crichton y The Post-War Contemporary Art.
Los nuevos compradores se registran en una mesa ubicada en la entrada de la sala principal. Con anterioridad, los participantes han enviado su información bancaria, la cual es investigada por las casas de subastas, quienes deciden si aceptan o no la solicitud de acuerdo con el origen y la disponibilidad del dinero. En ningún caso se permite el pago a través de terceros, y las piezas se envían al lugar que el comprador disponga, generalmente hacia países con bajos impuestos para la importación de arte como Suiza y Luxemburgo.
Los compradores más importantes se ubican en los palcos privados del segundo piso. El resto del público se sienta en la parte posterior de la sala y en dos auditorios contiguos. La pieza más importante de la noche es Flag (1966), obra del artista norteamericano Jasper Johns, perteneciente a la colección Crichton. Los expertos de Christie’s tasaron el valor de este cuadro entre 10 y 15 millones de dólares, pero se sabe que el valor real de esta obra puede llegar a los 20 millones.
Obras de Roy Lichtenstein, Yves Klein, Richard Prince y Jean-Michel Basquiat anteceden la aparición de la bandera norteamericana de Johns. Cuando llega su turno, la pared giratoria se desplaza con tal suavidad que deja ver a un ejército de personas uniformado con batas blancas y guantes de cirugía que alistan la pieza. La pared vuelve a girar segundos después y aparece la obra.
Detrás de un atril de madera ubicado en el centro del escenario se encuentra el director de la subasta (martillo) quien da inicio a la competencia con un precio base de 7 millones de dólares. De nuevo los compradores de la sala se apresuran a levantar sus paletas blancas marcadas con tres números rojos. El precio trepa hasta los 16 millones en menos de dos minutos.
La primera oferta a través del teléfono llega cuando el precio roza los 20 millones. Entonces se da inicio a una frenética puja entre el comprador del teléfono y un cliente ubicado en uno de los palcos. Parece un juego de póker. Los jugadores de la sala abandonan la mano para dejar a los grandes hacer sus movimientos. Nadie se apresura. El comisionista del teléfono mantiene una expresión neutra, como si la clave de este juego estuviera en no dejar ver al adversario hasta dónde se está dispuesto a llegar por una obra.
La última oferta del teléfono llega cuando el martillo está por caer. La apuesta sube a 28 millones de dólares. El público voltea hacia el palco para escuchar la contraoferta. Transcurren unos segundos antes de que un hombre de pelo blanco y vestido negro indique con su mano la retirada. El martillo cae y se cierra la venta. Aplausos.
A la mañana siguiente los principales periódicos de la ciudad destacan los buenos precios registrados durante la jornada. La venta de la colección Crichton alcanzó los 93 millones de dólares (se estimaban 62 millones), mientras que la colección de Post-War and Contemporary Art llegó los 138 millones de dólares (se estimaban 95 millones).
Al otro lado de la isla
Las puertas de Sotheby’s, ubicadas en un vanguardista edificio de vidrio próximo al East River, en el Upper East Side de Manhattan, se abren este soleado domingo de mayo para recibir a los principales coleccionistas y galeristas de la ciudad, quienes verán un adelanto de las obras de arte contemporáneo que serán subastadas la próxima semana.
Durante el desayuno las personas hacen sus predicciones sobre la temporada de subastas y comentan los bajos precios de las acciones de Wall Street. La bienvenida a la exhibición la ofrece un autorretrato de Andy Warhol de gran formato perteneciente al reconocido diseñador de modas Tom Ford. Los invitados recorren el lugar mientras toman apuntes en sus catálogos. Las obras más admiradas son las esculturas de Alexander Calder, piezas de Jeff Koons y pinturas de Mark Rothko, Andy Warhol y Jackson Pollock.
Las predicciones de la crítica se cumplen casi al pie de la letra durante la semana siguiente. El autorretrato de Andy Warhol es vendido en 32 millones de dólares, veinte por ciento por encima del valor estimado en el catálogo, y la subasta alcanza un valor total de 189 millones, treinta y dos por ciento por encima del valor calculado.
El cierre de esta jornada marca el epílogo de la temporada de Nueva York. El turno ahora es para Londres y París, donde se llevarán a cabo las ventas de arte contemporáneo y de grandes maestros durante el verano. Desde ya se anticipa que el récord de Picasso caerá en Londres. El favorito para llevarse este honor es un autorretrato de Édouard Manet que se exhibe en el segundo piso del edificio de Sotheby’s de Nueva York.
La expresión seria y rígida de Manet en el cuadro contrasta con el optimismo de los grandes coleccionistas que caminan frente a él. Pareciera que al artista le tiene sin cuidado que alguno de estos sonrientes personajes esté dispuesto a pagar por él una cifra cercana a los 120 millones de dólares.
Mercado regional
El arte latinoamericano ha despertado el interés de los principales coleccionistas del mundo durante las últimas dos décadas. Sin embargo, éste sigue siendo un segmento pequeño del negocio si se compara con las grandes subastas de arte contemporáneo, impresionismo y de antiguos maestros.
Las subastas de arte latinoamericano de Christie’s y Sotheby’s tienen lugar durante la última semana de mayo. Entre las piezas mejor vendidas se encuentran Survivor, de Frida Kahlo (1’178.500 dólares) y The City, de José Clemente Orozco (1’142.500 dólares), ambas vendidas en Christie’s.