Tesoros de cuatro ruedas

Alojados en gigantescas y modernas edificaciones, los modelos emblemáticos de estas reconocidas marcas asombran con sus colores, líneas, aerodinámica e historia.

Porsche 917 PA Spyder, 1969. / Fotos: Andrés Felipe Vásquez
Porsche 917 PA Spyder, 1969. / Fotos: Andrés Felipe Vásquez

Hasta el menos fanático de los carros termina por entusiasmarse después de recorrer pisos enteros dedicados a exhibir las extraordinarias creaciones de marcas como Mercedes-Benz, BMW y Porsche. No son sólo máquinas. Se trata de valiosos testigos que dan cuenta de la historia, de la evolución de la sociedad.

El recorrido comienza por el Museo de Mercedes, una edificación vanguardista de siete pisos ubicada en una transitada calle de la ciudad de Stuttgart. El Mercedes 500 SL es uno de los modelos que llaman la atención por su estética e historia. Fue el auto que fascinó a la princesa Diana de Gales. En 1991 se lo enviaron a Londres como regalo, pero la industria automotriz de Gran Bretaña presionó para que la realeza apoyara la industria nacional, y esto obligó a Lady Di a devolverlo.

También está el 770, bautizado el Gran Mercedes por ser el vehículo de los industriales, los jefes de estado y los dirigentes nazis, un auténtico símbolo de poder. El Roadster 1936, la versión más cara y elegante, que únicamente se fabricaba por encargo, y el 300 S, considerado el auto de turismo alemán más rápido de su tiempo. Igualmente causan admiración las furgonetas y vehículos pesados en tonos pasteles, que pasaron a la historia por ser los primeros camiones del planeta.

Lo mismo sucede con los prototipos fabricados para transportar enfermos. Antes de 1914 sólo existían 100 que funcionaban con gasolina, pues había temor de que el combustible fuera inseguro. Pero los estragos de la Primera Guerra Mundial catapultaron a las ambulancias.

Los carros de competencia son, sin duda, otro de los tesoros de este museo. Se pueden apreciar los últimos modelos, como en el que Lewis Hamilton fue campeón de la Fórmula 1, diseños para otras categorías, como la mítica competencia de las 24 horas de Le Mans, y los que le dieron su nombre a los autos de carrera de Mercedes, las flechas de plata.

El purasangre alemán

En un edificio de arquitectura excepcional, en cuyos parqueaderos se encuentran dos extraordinarios tractores Porsche, está la colección más importante de esta marca. En esta exposición permanente se ven autos ganadores en todas las pistas y aquellos que han conquistado el corazón de quienes son amantes del diseño, la potencia y calidad de Porsche.

Su creador, Ferdinand Porsche, quien murió en abril de este año, tiene un importante capítulo en el museo. Justo en el centro del lugar están exhibidos sus objetos más preciados. Relojes, binóculos, brújulas y demás accesorios para una de sus grandes pasiones: el senderismo.

En Múnich, otra ciudad alemana no muy lejos de Stuttgart, en una monumental estructura se encuentra el Museo de BMW, que hace un recorrido por la historia de la marca y presenta los míticos motores aeronáuticos cuyas hélices fueron la inspiración del logo en colores negro y azul que le dan forma a su reconocido emblema.

También están expuestas sus motos y los carros hechos para las carreras, así como clásicos y antiguos que recuerdan los diseños de épocas marcadas por las crisis del petróleo y las guerras. Finalmente, se aprecian los importantes progresos en materia de eficiencia energética a través de modelos cuyos desarrollos permiten advertir que el futuro de la industria automotriz estará supeditado al uso de energías limpias.

Temas relacionados