Los carros del Papa

Son varias las marcas que le han regalado lujosos autos al Sumo Pontífice. Hace poco estrenó un papamóvil de la estrella.

Papamóvil Seat en el que el Papa visitó  Barcelona en 1982.
Papamóvil Seat en el que el Papa visitó Barcelona en 1982.

De repente apareció el Papa. Eran miles los ojos que lo vigilaban y seguían cada uno de sus movimientos. Estaban ansiosos, expectantes. La espera, entonces, se había convertido en una especie de ilusión. Ir a Melo, a esa pequeña ciudad en los confines uruguayos que nunca logró eludir la pobreza, era, sin duda, una fantasía. Que Juan Pablo II pisara esas olvidadas tierras en la frontera con Brasil, era casi una alucinación. ((Ver Galería))

Por eso, para recibir ese histórico 8 de mayo, muchos habitantes habían trabajado durante días. Algunos, incluso, como lo muestra El baño del Papa —esa extraordinaria película que los directores César Charlone y Enrique Fernández dieron a conocer al mundo en 2007—, habían pedido préstamos a bancos para comprar la mercancía que venderían a una horda de visitantes nunca antes vista. Puestos con miles de panes y miles de chorizos comenzaron a levantarse en el inmenso descampado del barrio de la Concordia.

Allí llegó el Papa. En medio de una aridez infinita, descendió de un avión y subió de inmediato a su papamóvil. Y desde la lujosa cabina cubierta de vidrios antibalas saludó a una exigua multitud que, contrario a lo que decían los siempre equivocados y esperanzadores vaticinios periodísticos, apenas sumaba 8.000 personas. Su discurso, en un español casi perfecto, fue corto. Luego se embarcó de nuevo en el automóvil y dejó a cientos de uruguayos con sus deudas, sus mesas y sus toneladas de comida. Ellos, con una ineluctable cara de desolación, lo vieron alejarse agitando la mano dentro de ese carro que estaba por cumplir un año más de existencia.

Tal vez en ese instante la memoria de Juan Pablo II aún guardaba el recuerdo de la tarde de 1981 en la que un joven turco le disparó en su vientre y en su mano izquierda mientras recorría la plaza de San Pedro. Tal vez por eso, para evitar que las balas intentaran penetrarlo de nuevo, aún no transitaba por las calles sin la protección de esas cuatro paredes transparentes.

La idea de transportarlo bajo estrictas medidas de seguridad había surgido a raíz de ese incidente. Fue Gran Bretaña, en 1982, la que vio por primera vez la cúpula blindada. Un Ford serie D y un Mercedes-Benz con una gran ventana trasera fueron los primeros modelos del carro oficial del Vaticano.

La relación entre la industria automotriz y el papado comenzó desde los años 30. Pío XI, por ejemplo, se movía en un Mercedes-Benz modelo Nürburg 460 serie W08; Juan XXIII, en 1960, se desplazaba también en un Mercedes-Benz 300D (solo había media docena de ellos); y Juan Pablo II, para los inicios de los 80, usó el Geländewagen 230G, un Mercedes de estilo militar adaptado. Eso sin contar las limusinas que a lo largo del siglo XX estuvieron disponibles en cada país que visitaba.

Hoy, tres décadas después de haber probado una significativa cantidad de diseños y marcas, entre las que se encuentran lujosos Ford, Toyota, Renault, Land Rover y, especialmente, Mercedes-Benz, los autos del Papa se renovaron por completo. A finales de 2012, Benedicto XVI recibió el más moderno papamóvil hasta el momento: un Mercedes-Benz clase M, donado por Dieter Zetsche, presidente del Grupo Daimler.

Cuando Benedicto XVI lo ensayó por la Plaza de España en Roma, los primeros días de diciembre, probablemente se percató de que, gracias a un nuevo blindaje especial, los vidrios de su cabina —mucho más grande que la anterior y preparada contra ataques químicos— le permitían ver de forma más clara a sus devotos. También debió sentirse mucho más cómodo con el aire acondicionado de última tecnología y  las luces halógenas que tratan de asemejar la luz natural.

Los nueve meses que tardaron en fabricarlo para cumplir a cabalidad con las exigencias del Papa, dieron como resultado un automóvil con tracción en las cuatro ruedas y un sistema de propulsión híbrida, que combina electricidad y combustible (muy similar al del Mercedes S 500 Plug-In Hybrid). Por supuesto, sus sillas son en cuero y hay varios escudos bordados. Además, el techo es desmontable, tiene varios pasamanos, una escalera para facilitar el acceso y lo diseñaron algunos centímetros más bajo que los anteriores para que puedan subirlo a un avión y llevarlo a todos los países.

Esta vez, a diferencia de otras ocasiones, al Papa le llegó doble regalo. Poco antes de que le entregaran el carro alemán, Renault se había adelantado con una Kangoo Maxi Z.E. de motor eléctrico y sin cabina para transportarse entre las multitudes. Es una camioneta de 4,6 metros de largo y 60 caballos de fuerza, con escaleras eléctricas, asientos traseros individuales y un techo que puede abrirse por completo.

Seguramente con estos nuevos automóviles Benedicto XVI haya logrado borrar de sus recuerdos el incidente de Juan Pablo II. Quizás así se haya sentido mucho más seguro en sus riesgosas marchas. Quizás así haya podido saludar tranquilo y desde la distancia a esos pueblos que, ahora, tras su renuncia, se quedarán esperando su visita con esperanzadores banquetes.

A diferencia de otras ocasiones, al Papa le llegó doble regalo. Poco antes del carro alemán, Renault se había adelantado con una Kangoo Maxi Z.E